Consuelo Sánchez-Vicente.- Nobleza obliga.

Actualizado 10/04/2008 2:00:21 CET
Actualizado 10/04/2008 2:00:21 CET

Consuelo Sánchez-Vicente.- Nobleza obliga.

MADRID, 10 Abr. (OTR/PRESS) -

Durante la investidura de Zapatero todos hemos estado más pendientes de Rajoy. Es natural. Las luchas internas por el poder tienen mucho más morbo que las unanimidades partidarias, y la extraña pugna que están haciendo protagonizar a Esperanza Aguirre sus supuestos incondicionales por el liderazgo popular despierta pasiones en todo el arco parlamentario. Y cuchicheos para todos los gustos también.

Ninguno de los políticos a los que yo he preguntado estos días por la cuestión consideran extraño que al Congreso popular de finales de junio concurran cuantos aspirantes a líder o a lideresa lo deseen, con sus propios proyectos y sus propios equipos alternativos al del actual líder del PP. El propio Rajoy es quien ha abierto esa posibilidad en el PP tras perder las elecciones del 9-M. Pero nadie entiende que justo cuando tiene que examinarse es el candidato a presidente, los supuestos partidarios de "la lideresa" se hayan puesto a examinar ante el ojo público la capacidad de liderazgo de su propio líder.

Hablo de supuestos partidarios y supuestos incondicionales porque la maniobra, en mi opinión, perjudica a Esperanza Aguirre mucho más de lo que la beneficia. Es, digámoslo claro, una maniobra en la oscuridad, llena de sobreentendidos y falta de la transparencia que el caso requiere. Y, sobre todo: extraordinariamente inoportuna. Tan temprana y a destiempo que, en vez de resaltar las cualidades de "la lideresa" para optar al máximo puesto de su partido, que yo creo que las tiene, podría convertirla en la "liebre" de la cacería. Que es lo que, modestamente, yo creo que ocurrirá si Esperanza Aguirre deja que otros vayan diciendo lo que ella aun no ha dicho, digo yo que porque su instinto le advierte que aun no el momento o simplemente porque aun no sabe que hará cuando llegue ese momento: que encabezará una lista alternativa a la de Rajoy en el XVI Congreso del PP.

Debería pararlos: nobleza obliga. Y la verdad es que me extraña que no lo haya hecho ya, porque tengo a Aguirre por una política de primer nivel. Disputar a pecho descubierto un liderazgo en el momento adecuado fortalece al aspirante y yo creo que también a su partido. Pero hacerlo a destiempo y de tapadillo puede contaminar con la tinta china de la deslealtad hacia las propias siglas al aspirante, reduciendo a cero sus posibilidades de ser algo más que esa "liebre" que en las carreras ciclistas - deporte favorito de Rajoy - precede al campeón, pedaleando... hasta desfondarse.

Consuelo Sánchez-Vicente.