Más que palabras.- ¡Pío, pío que yo no he sido!

Actualizado 07/05/2014 12:00:28 CET
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Más que palabras.- ¡Pío, pío que yo no he sido!

MADRID, 7 May. (OTR/PRESS) -

Últimamente los políticos de todos los partidos -desgraciadamente afectados por el cáncer de la corrupción-, parece que se han instalado "en el Pío, pío que yo no he sido". Se está extendiendo como la pólvora una fea costumbre de acusar ya no sólo al adversario ideológico, cosa habitual hasta ahora con la conocida táctica del "y tu mas", sino al propio compañero de filas, si de lo que se trata es de salvarse de la quema.

Eso ha ocurrido, exactamente, cuando se han conocido que hubo sobornos en la construcción del Ave a Barcelona durante el gobierno socialista, y el exministro José Blanco se ha apresurado a señalar que eso ocurrió en la etapa de su antecesora Magdalena Álvarez. Según los cálculos de la fiscalía anticorrupción funcionarios de Adif habrían malversado 6 millones de euros en la contratación de algunas obras del AVE Madrid-Barcelona. Las investigaciones apuntan a que estamos ante un desfalco llevado a cabo a través de sobornos, del incremento de facturas y del pago por trabajo que no se realizaron nunca. La fiscalía está investigando una presunta red para inflar los contratos de la obra, cuyo presupuesto ascendió 8996 millones. Es verdad que se firmaron en 2008, con Magdalena Álvarez como ministra de Fomento, pero luego su sucesor José Blanco los amplió en 2010 por un valor total de 13,5 millones.

En este caso no se trata de una corrupción directa de los políticos, porque al parecer esta trama estaba formada íntegramente por técnicos -y de hecho ya se han producido nueve arrestos- pero ha llamado la atención la rapidez del exministro de Fomento José Blanco en "cargarle el muerto" a su antecesora curándose así en salud, por si acaso...

José Blanco se encuentren en plena campaña para las elecciones europeas, en la que es candidato y tal vez por eso raudo y veloz se apresuró a decir "que el contrato que se investiga no es de su etapa al frente de Fomento ya que las certificaciones son del 2008", trasladando así la responsabilidad a Magdalena Álvarez y también, ¡como no¡, a su sucesora en el ministerio Ana Pastor a quien le pidió que diera explicaciones.

Vamos que el "pío, pío" sí pudo funcionar inmediatamente. Lo que ocurre es que el señor Blanco olvidó que fue él quien puso la firma del modificado de la obra, que elevó un 19,84% el presupuesto contratado por Álvarez. El 22 de noviembre de 2010 su firma autorizó, como ministro de fomento la continuación provisional de la obra que ahora investiga la Fiscalía, permitiendo una modificación por 13.478.468 euros. De esta manera los 67,9 millones del contrato inicial para la plataforma del ave en su tramo de la Sagrera pasaban a ser 81,37 millones de euros.

Está claro que en este feo asunto no está implicado ni el señor Blanco, ni Magdalena Álvarez ni ningún político. De hecho la guardia civil de momento ha detenido a un alto cargo ejecutivo de Adif y a otras ocho personas entre empresarios y funcionarios acusadas de incrementar irregularmente los costes de la obra del AVE para generar un sobreprecio ilícito de unos seis millones de euros, pero ni la fiscalía anticorrupción ni nadie ha extendido más allá la sombra de la sospecha.

El problema es que el grado de desafección de los ciudadanos hacia los políticos -especialmente por la repugnancia y el hartazgo que produce la corrupción- en vez de servir para hacer examen de conciencia y que casos bochornosos como estos no se repitan, están creando una especie de deslealtad y desconfianza en los propios. Está claro que cada vez se confirma más la famosa máxima del italiano Giulio Andreotti, quien sostenía -como el gallego Pío Cabanillas- que en la vida hay "amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y finalmente... compañeros de partido". Ya se sabe "cuerpo a tierra que vienen los nuestros".

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