Publicado 21/11/2013 12:00

Fermín Bocos.- Las concertinas

MADRID 21 Nov. (OTR/PRESS) -

Las palabras, en ocasiones, son el antifaz que embosca el dolor. Y también el horror. Hablo de las "concertinas", cantarín nombre que recibe una ristra de alambre de espino coronado por cuchillas afiladas como navajas. Este tipo de vallas que remiten a la memoria de estampas ominosas de otra época -los campos de concentración de la I y la II Guerra Mundial- son, sin embargo muy actuales.

Sin ir más lejos, han sido instaladas en la fronteras españolas con Marruecos en Ceuta y en Melilla. Para ser exactos habría que hablar de reinstalación puesto que fueron retiradas hace unos años a raíz de las denuncias de la prensa ante la evidencia de su dolorosa eficacia para causar desgarros y heridas profundas a quienes tras encaramarse en lo alto de la valla intentaban acceder a territorio español. Emigrantes sin papeles procedentes de los países del África negra.

En 2009, en la valla de Ceuta, un emigrante subsahariano llamado Sambo Sadiako murió desangrado tras quedar colgado en una concertina cuyas cuchillas le seccionaron una arteria. España tiene derecho a proteger sus fronteras ante cualquier intrusión, pero por humanidad y sentido del decoro, el Gobierno debe hacerlo desplegando los medios proporcionales que cabe esperar de un país democrático, moderno y tecnificado.

Que el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce haya dicho ante la Comisión de Justicia del Congreso que ha ordenado la apertura de una investigación por entender que la instalación de concertinas "no es un proceder ajustado a Derecho o por cuestiones de estricta humanidad", le honra y como ciudadanos de un país civilizado nos conforta que exista una institución como lo es la Fiscalía, vigilante ante posibles excesos o falta de sensibilidad de otros organismos del Estado.

En este caso el Ministerio del Interior. Sin embargo, habría sido mucho más eficaz exigir la retirada de las concertinas. Quien ha decidido instalar en lo alto de las vallas de las fronteras de Ceuta y de Melilla el entramado de alambre con cuchillas ha pasado por alto la opinión de los profesionales, de los guardias civiles encargados de la vigilancia de la frontera.

Un portavoz de una de sus asociaciones (AUGC) ha pedido la retirada de las concertinas, aduciendo razones humanidad y argumentando que el recurso más eficaz para garantizar la seguridad fronteriza es el incremento del número de agentes de la Guardia Civil y la mejora de los medios con los que cuentan las patrullas. La propuesta parece más que razonable ¡Qué tiempos estos en los que hay que volver a recordar hasta lo más evidente!

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