Fermín Bocos.- La marca PSOE en Cataluña.

Actualizado 04/07/2015 9:23:30 CET

MADRID, 24 Sep. (OTR/PRESS) -

Son tales las contradicciones y complejos del PSC con los independentistas que a este paso al PSOE no le va a quedar otra salida que tener marca propia en Cataluña. Volver al PSOE que ya existió y que en su día -Felipe González, así lo dispuso- se diluyó sin levantar la voz pasando a ser un escolio del PSC que en aquél momento lideraban un grupito de dirigentes de lo que se conocía como la "izquierda caviar": Raventós, Obiols, Maragall, Serra, etc. La cúpula del PSC siempre fue más nacionalista que socialdemócrata y escasamente socialista. Con la terminología del siglo pasado y en el argot de los semiólogos marxistas habrían sido etiquetados de "titístas" por dar prioridad al país de origen respecto del compromiso internacionalista del socialismo. La contradicción se explica en el hecho de que los componentes de la cúpula del PSC eran hijos de la alta burguesía barcelonesa mientras que la masa de sus votantes o eran emigrantes (tildados despectivamente de charnegos) o hijos de emigrantes venidos desde Andalucía, Murcia, Galicia, Extremadura, Aragón o Castilla. Durante las campañas electorales de finales de los setenta y principio de los ochenta, recuerdo perfectamente el escaso entusiasmo que despertaban los Raventos, Obiols y demás oradores locales entre los asistentes a los mítines en La Monumental de Barcelona y el fervor desbordado que se apoderaba de las gradas así que Felipe González subía al escenario. La base votaba PSOE y la cúpula, ya entonces, jugaba al "fet diferencial", marcando distancias con la masa obrera de la que se servía pero con la que apenas se mezclaba. O se mezclaba lo justo permitiendo que algunos de sus representantes (Martín Toval, Montilla, Corbacho, etc.) formaran parte de un sanedrín en esencia fascinado con los mitos nacionalistas. Era y sigue siendo tanta la imantación nacionalista que tras la retirada confusa de Maragall y el ascenso del cordobés José Montilla a la presidencia de la "Generalitat" tuvimos que asistir en el Senado al valleinclanesco espectáculo en el que un andaluz (Montilla) se comunicaba por medio de un traductor con otro andaluz (Chaves). Que estos días tanto en el Parlamento de Cataluña como en el Ayuntamiento de Barcelona los diputados y concejales del PSC (salvo honrosas excepciones) hayan votado a favor de la Ley de Consultas (a sabiendas de que en el "Estatut de Catalunya" entre las competencia propias no figuran las que la Constitución (Art. 149) reserva en exclusiva para el Estado), deja bien a las claras de qué lado está la cúpula dirigente del PSC con Miquel Iceta a la cabeza, un personaje melifluo que lleva toda su vida viviendo de la ambigüedad y la política. La progresiva pérdida de apoyo electoral sufrida por el PSC que en menos de seis años ha pasado de ser el primer partido a ocupar el cuarto lugar y bajando, según las encuestas, ahorra palabras para explicar por qué el actual PSC va camino de ser un partido marginal. Visto que, sin embargo, hay mucha gente en Cataluña que se reclama socialista o socialdemócrata es por lo que decía que la nueva dirección del PSOE quizá debería ir pensando en presentarse en Cataluña con su propia marca. Es una pena que el otro día, durante la "Festa de la Rosa" Pedro Sánchez perdiera la oportunidad de decirle a Iceta que el ideal socialista, la socialdemocracia, es incompatible con el nacionalismo, entendido, según el decir de Lenin, como un ofuscamiento pequeño burgués.

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