Fernando Jáuregui.- "Y, cuando digo jamás, quiero decir hasta esta tarde"

Publicado 15/12/2018 8:00:59CET

MADRID, 15 Dic. (OTR/PRESS) -

"Y, cuando digo jamás, quiero decir hasta esta misma tarde". Atribuyen la frase, como tantas otras de cinismo genial, al conde de Romanones. Y, en mi a larga vida de mirón de la política patria, he podido constar en multitud de ocasiones la veracidad de esta aseveración. La política -la española, aunque no solo ella- es un continuo juego de desmentidos, aclaraciones y rectificaciones que rara vez se admiten como tales: los chicos de la prensa, o sea el mensajero, que no entiende bien las cosas, suele ser el culpable.

Pedro Sánchez, por ejemplo, seguro que no recuerda cuando, al llegar, porque ganó las elecciones internas, a la secretaría general del PSOE, propuso suprimir el Ministerio de Defensa; el Consejo de Ministros de este vienes ha aprobado un gasto militar que no se había conocido en décadas. Y Pablo Iglesias, en un raro ejercicio de autocrítica, ha admitido que estaba equivocado en sus benévolas apreciaciones sobre la situación en Venezuela. De sabios es rectificar, y noble es, rara avis, reconocerlo. Pero no sé si la rectificación continua es el mejor camino hacia la sabiduría o, simplemente, es una muestra de ignorancia y empecinamiento.

Conste que no critico el gasto en armamento, tan espectacular; reconozco no estar cualificado para saber si las necesidades de nuestros Ejércitos, que dicho sea de paso tienen una actuación modélica en estos tiempos del cólera, justifican un gasto de tantos miles de millones. Yo me limito a señalar que algo de incoherencia hay entre el paso dado este viernes por nuestro Consejo de Ministro y aquellas declaraciones --solo han pasado cuatro años-- del Sánchez antimilitarista. Tiene razón Pablo Iglesias cuando dice que su nueva posición justifica el mejor conocimiento de lo que representa el régimen de Maduro; quizá debería ahora disculparse ante los improperios despectivos contra quienes desde hace tiempo, y con cierto conocimiento de causa, veníamos repitiendo que Maduro, como antes Chávez, no es sino un dictadorzuelo de opereta. Bienvenido al club, en todo caso, y enhorabuena por la autocrítica, señor Iglesias.

Y que cunda. Un día le dije a Pedro Sánchez que, afortunadamente, había rectificado ciento ochenta grados sobre su 'no, no y no' a todo cuanto viniese de Rajoy; estaba entonces el líder socialista apoyando la aplicación del artículo 155 en Cataluña. El entonces jefe de la oposición se largó una extensa perorata para negar que hubiese alguna vez dicho lo contrario de lo que entonces practicaba. Y esta misma tónica de ducha escocesa se mantiene ahora: un día, desde el atril de la portavoz, se dice una cosa que al siguiente se contraría con lo que dicen la vicepresidenta o el 'portavoz adjunto' Abalos.

Sería deseable una mayor unidad, claridad y verdad en los mensajes del Gobierno y de la oposición, aunque solamente fuese para tratar de restablecer la seguridad jurídica, tan maltratada en nuestro país. Un país que ha hecho famoso aquello de 'donde dije digo, digo Diego'. O dogo. O daga. Pues eso: estemos atentos, que, cuando dicen jamás, puede caernos el rayo de una ocurrencia esta misma tarde.

OTR Press

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