Fernando Jáuregui.- Que cuarenta años no es nada, o casi...

Actualizado 02/07/2015 9:38:19 CET

MADRID, 18 Oct. (OTR/PRESS) -

Vivimos una época trepidante hacia el futuro incierto. Y, sin embargo, es también una época llena de 'revivals', en la que nos dedicamos a mirar hacia atrás no sé si siempre con intención de enmendar los errores del pasado. La cosa comenzó en marzo de este año, cuando murió Adolfo Suárez y muchos, que lo negaban hasta entonces, comenzaron a pensar en que acaso se abría ahora una segunda transición y se hacían necesarias algunas de las fórmulas drásticas puestas en marcha por el Duque inolvidable para ajustar tuercas que ya no funcionan: él dio la vuelta al Estado en once meses.

El pasado jueves estuve en el acto de conmemoración de los cuarenta años desde que se celebró el congreso del PSOE en Suresnes, aquel XXVII congreso que hizo que el poder pasara a manos 'del interior', relegando a Rodolfo Llopis y los viejos dirigentes del exilio.

El olvido es una de las mayores crueldades. Allí, el jueves, en la Casa de América, conmemorando este aniversario, estuvieron Felipe González y Alfonso Guerra, arropando, desde los recuerdos del pasado, al presente, el actual secretario general Pedro Sánchez. Hablo de la crueldad del olvido porque por allí no estaba el antecesor inmediato de Sánchez, Alfredo Pérez Rubalcaba, a mi juicio uno de los políticos más completos que hemos conocido en los últimos tiempos: nadie pareció echarle de menos; nadie, ni Felipe, ni Guerra, ni Sánchez, ni Zapatero en las declaraciones que hizo a algún medio, le citó en esa tarde de recuerdos, con un aforo repleto de caras de viejos conocidos que ya no tienen ningún papel.

Traigo aquí este acto quizá de nostalgia porque me parece que las efemérides no son tan gratuitas. Allí descubrimos que Guerra, que tuvo un discurso mucho más actual que el de González, con quien pienso que jamás se reanudaron las buenas relaciones, discrepa del actual líder de su partido en algo fundamental: no cree que sea necesario reformar la Constitución. Sánchez aceptó elegantemente el 'viaje' que le dio quien fuera durante muchos años el vicetodopoderoso -y bien que ejerció el cargo- y decidió largar al auditorio algo semejante a un primer proyecto de borrador de programa electoral, sin anclarse para nada en el pasado. El análisis de ese borrador sería, claro, objeto de otro comentario.

Esta fue, en todo caso, la primera de las muchas conmemoraciones que nos esperan: porque dentro de un año y un mes tendremos otra oportunidad de mirar hacia atrás no sé si con ira, con alivio o con complacencia, para recordar que hace cuarenta años que murió un dictador y llegó un Rey para la renovación. Es posible que, como le ocurrió este jueves a Pérez-Rubalcaba, Juan Carlos de Borbón sea el gran difuminado -quizá voluntariamente por su parte-- a la hora de las retrospectivas. Pero qué duda cabe de que a su hijo, Felipe VI, le conviene repasar a fondo los errores y aciertos de su padre para evitar los primeros -que seguro que los evitará- y no sé si para repetir los segundos, pero, al menos, para sentirse orgulloso de ellos.

Y, ya que estamos en modo mirada hacia atrás, permítame recordarle, amable lector, que también el año próximo, casi coincidiendo con el comienzo de la campaña electoral para las municipales y autonómicas, deberíamos acordarnos de que hace veinticinco años, un cuarto de siglo ya, José María Aznar heredó la Alianza Popular de Manuel Fraga y la transformó en el Partido Popular. En 'este' Partido Popular que ahora nos gobierna. ¿Debería Mariano Rajoy, que ya andaba por allí, reflexionar, en estos momentos en los que la palabra es 'regeneración', sobre lo que ha sido la trayectoria de su partido, de él mismo, durante estas dos décadas y media?

Ya digo: es lo que tienen los 'revivals', de los que ha habido mucho en 2014 y habrá aún más -la de libros que van a aparecer con Franco y Juan Carlos en las portadas, Dios mío- en 2015. Tienen que, de golpe, te echan muchos años encima y te gritan en qué te has equivocado. Siempre y cuando lo quieras escuchar, claro.

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