Publicado 10/03/2021 08:02CET

Fernando Jáuregui.- Lo de Podemos no puede seguir así. Simplemente.

MADRID, 10 Mar. (OTR/PRESS) -

Defiendo, y espero seguir haciéndolo siempre, el derecho de un partido como Podemos a desarrollar una línea de estrategia y praxis política propia, faltaría más. Defiendo, y espero seguir haciéndolo siempre, la necesidad de contar con un partido como Podemos en el espectro político nacional: siempre será un acicate para debates sobre reformas sociales que puedan quedar olvidadas en la monótona, átona, tarea de gobernar. Lo que no puedo defender es que ese partido, Unidas Podemos, se enfrente pública e internacionalmente a otra fracción del Gobierno de mi país. Gobierno al que pago y, si acaso, quizás en algún momento vote, que no es ahora el momento de desvelarlo.

El daño que Podemos está haciendo a la imagen exterior de España, al votar en el Europarlamento en contra del fin de la inmunidad de un Carles Puigdemont perseguido por la Justicia española, es inconmensurable. Me consta que la Cámara europea asiste, con los ojos como platos, al espectáculo de que, en un tema sustancial -la persecución legal a unos golpistas que intentaron violentar la Constitución y la unidad territorial, entre otras muchas leyes--, un mismo Ejecutivo, el de Pedro Sánchez, esté partido en dos. No lo entienden, no nos entienden. Yo casi tampoco.

UP ha asestado una patada de toda regla a la Justicia española, aliándose con independentistas y partidos 'piratas' y gamberros en la Eurocámara. Me importa poco, en estos momentos, si Puigdemont y compañía podrán o no regresar a España para recibir un castigo: quizá haya que arreglar esa cuestión por otras vías, entre ellas la negociadora. Creo que, en su momento, se judicializó de manera excesiva el problema catalán y así nos va: se ha demostrado hasta la saciedad que España carece de una legislación que defienda suficientemente al Estado, y de ahí se derivan no pocos encontronazos con los jueces europeos.

Me parece que han acabado los días en los que Podemos podía actuar como Gobierno y como oposición, como estadistas y como partidarios de una revolución global a la manera bolchevique. Es una contradicción demasiado grande como para que Pedro Sánchez la mantenga, pensando que él puede fungir de 'poli bueno' dejando a Pablo Iglesias y compañía la función de 'polis malos', o sea, de pararrayos del 'bueno'. Ese juego ha terminado, y espero que así lo entiendan tanto Sánchez como los partidos de esa oposición dividida que nos han tocado en suerte.

Las diferencias políticas entre ambos componentes de la coalición que nos gobierna son puntuales, generales, estatales y sustanciales: un Gobierno que se precie no puede ir al Parlamento Europeo votando dos cosas diferentes, ni puede tener dos versiones sobre lo que es la democracia, ni sobre la integridad territorial ni, desde luego, sobre la forma del Estado. Esto tiene que acabar y difícilmente podremos soportar mucho más tiempo a alguien que, desde La Moncloa, nos dice lo bien que va una coalición ética y estéticamente imposible, en la que se han integrado gentes que para nada casan con una acción gubernamental socialdemócrata y, menos aún, por supuesto, liberal.

Esto, lo reitero, se tiene que acabar porque ningún Ejecutivo, por más de coalición que sea, puede albergar en su seno dos tesis contrapuestas, dos sensibilidades ante la ciudadanía que son absolutamente incompatibles. Debe gobernar quien tenga votos, no quien se alíe con quien en cada elección pierde votos porque no cuenta con el suficiente apoyo del electorado. Algo va a pasar, algo tiene que pasar incluso antes de esa fecha, dentro de un año, en la que mucha gente cree ya que tendrán lugar unas elecciones que nos libren de la absoluta pesadilla política que estamos padeciendo.

fjauregui@educa2020.es

OTR Press

Antonio Casado

Noventa años después

por Antonio Casado

Luis Del Val

Pícaros en campaña

por Luis Del Val

Antonio Pérez Henares

Telebasura

por Antonio Pérez Henares