Fernando Jáuregui.- Siete días trepidantes.- No ha sido una buena semana, no.

Actualizado 18/04/2010 14:00:52 CET
Actualizado 18/04/2010 14:00:52 CET

Fernando Jáuregui.- Siete días trepidantes.- No ha sido una buena semana, no.

MADRID, 18 Abr. (OTR/PRESS) -

Ha sido la que ahora acaba la semana de los excesos verbales, del retorno a la crispación. Terminó con un nuevo 'gatillazo' del Tribunal Constitucional con el Estatut catalán, y comenzó con un acto en la Universidad Complutense en la que un ex fiscal anticorrupción, rodeado por un rector, dos líderes sindicales y un secretario de Estado, acusó a jueces del Tribunal Supremo de estar, nada menos, propiciando el regreso al "fascismo". Se supone que los magistrados regresaban a prácticas 'franquistas' -hacía tiempo que no se citaba tanto al dictador, tan desconocido para una mayoría de los españoles- por estar juzgando al magistrado Baltasar Garzón. Ese Garzón de la eterna polémica, cuyos hagiógrafos, por un lado, y sus más acérrimos detractores, por otro, han protagonizado la escenificación del regreso a las dos peores españas.

"¿Puede haber aún gente tan mema que no entienda que el aquelarre de la Complutense fue el acto fundacional de la 'próxima revolución' que tratará de impedir por todos los medios (y todos significa todos) una victoria electoral de la derecha?". Tan, a mi juicio, insigne insensatez aparecía este sábado publicada en un importante diario nacional, firmado por un conocido escritor, columnista habitual del periódico, a quien hago el favor de no citar su bastante conocido nombre. Y si traigo a colación el párrafo es porque me parece, en su demasía, ilustrador de un cierto clima de histeria que se instala, en este caso en la derecha; pero tampoco han faltado ejemplos de lo mismo en la izquierda.

Me parece a mí que Garzón, tan polémico de suyo, está siendo el pretexto para avivar el goyesco duelo a garrotazos que tanto gusta al hispánico ánimo. Menos mal que (casi) nunca llega la sangre al río y todo suele quedarse en eso, en exabruptos y bravatas que se inician en las contiendas del bla-bla de los políticos, se continúan en los esfuerzos de algunos fabricantes de opinión por tirar la piedra más lejos de la realidad que nadie y se concluyen en los cenáculos y mentideros del absurdo, donde todo rumor se compra y vende como en un zoco devaluado.

Pero, claro, ahora que hablamos de ríos, cuando suenan es que algo de agua llevan. Y el increíble comportamiento del Tribunal Constitucional a cuenta del Estatut de Catalunya es un torrente que no solamente se lleva por delante el prestigio, ya inexistente, de esta institución, sino también el de los partidos que la manipularon y hasta el de la Constitución que la ampara en sus términos actuales. De la misma manera que el comportamiento de ciertos jueces, de algún vocero del Ejecutivo, de no pocos miembros sesteantes del Parlamento y de tal o cual medio de comunicación cimentan la ya escasa fe del ciudadano en sus representantes públicos, en la estabilidad de los poderes de Montesquieu y en los encargados de contarles y analizar lo que de verdad sucede.

Yo diría que ha sido una semana mala para la fe democrática de los españoles, en suma. Y lo peor de todo es que estoy seguro de que alguno de esos representantes de la ciudadanía que tanta culpa tienen de este estado de cosas acusará, a quienes no hacen sino denunciar una realidad, de estar manipulándola. País.

OTR Press

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