5 de junio de 2020
 
Publicado 17/02/2014 12:00:10 +01:00CET

La semana política que empieza.- El estado de esta nación.

MADRID, 17 Feb. (OTR/PRESS) -

El debate sobre el estado de la nación acapara ya los preparativos de eso que ha dado en mal llamarse clase política. Habría que saber si la tal clase tiene ahora una noción correcta de cuál es de veras el estado de esta nación nuestra: la experiencia nos enseña que los discursos de Gobierno y oposición suelen mostrar dos países diferentes, casi dos galaxias distintas, en las que ni siquiera las cifras son unívocas. Y, ante el debate del próximo día 25 -algunos de los principales oradores ya están redactando sus borradores--, cabe preguntarse si vamos tan bien como presume Rajoy, tan mal como asegura Rubalcaba o tan pintorescamente como dicen algunos de los portavoces de las formaciones 'menores'.

Definir una realidad es algo imposible, porque hay casi tantas realidades como personas que perciben una situación. La realidad, como tantas otras cosas, es un estado de espíritu, y seguro que no la definen igual un parado que el presidente de una compañía del Ibex. Pero desazona constatar que el jefe del Ejecutivo sigue amparando su actuación, sin duda buena en el terreno de lo macroeconómico, muy deficiente en el de lo puramente político, es unos 'brotes verdes' que no han llegado aún al bolsillo del ciudadano. Y que el líder de la oposición continúa negándose a ver signos esperanzadores en lo económico y no da los pasos decisivos que entiendo que serían precisos hacia un acuerdo político, aunque forzoso sea reconocer que, en este aspecto, es más lo que hace un PSOE abocado a sus primarias que un PP que mantiene el dedo sagrado como forma de designar, componer y descomponer famas y fortunas.

Para mí, lo peor es que Rajoy llega a este debate más preocupado por las cuestiones internas que afectan a personajes de su partido y de su Gobierno -y hablo nada menos que de un desencuentro con su propia secretaria general-- que por la salud moral de la política nacional -y no puede olvidarse aquello que decía Galbraith de que la economía es pura política, y nada más--. Y que Rubalcaba se enfrenta a este su sin duda último debate sobre el estado de la nación más angustiado por saber quién puede ganar las elecciones primarias que por proponer soluciones de futuro para esos problemas que las encuestas muestran como angustias ciudadanas. La política de partido sigue, así, acaparando el trayecto de la política española, e incluyo, desde luego, a los nacionalistas en general, a los bildus, a Unión del Pueblo Navarro, a UPyD y a Izquierda Unida. A todos los englobo en un reproche general. El gran proyecto de nación brilla por su ausencia -cuánto me gustaría equivocarme: hay indicios de que acaso brillen algunos puntos de luz en el macroencuentro parlamentario, pero tiempo al tiempo- ante el debate, el principal del año, para analizar cuál es el estado de esta nación llamada España, tan hambrienta de reformas que su jefe del Estado habla de 'regeneración'. Y nadie quiere oírlo.

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