Publicado 25/02/2021 08:02CET

Francisco Muro de Íscar.- El poder del resentimiento

MADRID, 25 Feb. (OTR/PRESS) -

He leído que hay que "indagar las razones del resentimiento" porque si no, no entenderemos jamás lo que está sucediendo. Hace cuarenta años, también había razones para el resentimiento -crisis política, situación económica, brutal violencia de ETA, entre otras- pero a ningún demócrata se le ocurrió razonar el intento de golpe de estado por esos motivos. Y lo que hubo entonces fue una respuesta de unidad de todos los ciudadanos para salvar lo fundamental: la democracia todavía débil, casi incipiente, que nos ha dado luego los mejores años de nuestra historia en lo económico, en lo social y en lo político. Y al frente de esa marcha estuvo el Rey Juan Carlos I.

Sus graves errores posteriores no deben borrar nunca su radical compromiso entonces con la paz, los derechos y las libertades. ¿Hay ahora razones para el resentimiento? Seguramente. Si miramos a Cataluña, hay un gobierno, formado por los independentistas que ha fracasado en la gestión política y económica, que se ha rebelado contra la legalidad, que ha sido incapaz de enfrentar la violencia desatada de "los resentidos", que ha montado un cordón sanitario contra el PSOE -pese a ser su socio de gobierno en Madrid- y que ahora pretende repetir la fórmula del fracaso, sumando un tercer integrante independentista, la CUP, que es una garantía de multiplicación del resentimiento.

El Gobierno de la nación ha logrado sobrevivir a todas las dificultades y mandar a la oposición a las tinieblas. No es poco. Pero no solo está profundamente dividido, sino que no ha sabido gestionar la pandemia ni ayudar al comercio, a la hostelería y a las empresas, como han hecho los principales países europeos, ni a los autónomos, 300.000 de los cuales están a punto de cerrar sus negocios, ni implantar el Ingreso Mínimo Vital, ni dar respiro a sectores vitales como el turismo, la automoción, ni hacer reformas básicas consensuadas como son las de la educación ni tener un plan común para la recuperación con los fondos europeos.

Pero el problema no es que haya razones para el resentimiento social, que las hay. Lo grave es cuando ese resentimiento se instala y se aviva desde el poder, como está haciendo Podemos en Madrid o el Govern de la Generalitat en Barcelona. Podemos quiere recuperar la ira subyacente en los inicios del 15-M, atacando todo lo que se le pone delante: la Constitución, la Corona, la democracia, la libertad de expresión, la justicia o incentivando el enfrentamiento en temas como la vivienda, la política de género, las pensiones, la okupación, la violencia urbana... El futuro gobierno de la Generalitat quiere reincidir en los mismos déficit democráticos que ya llevaron a sus dirigentes a la cárcel, que hicieron huir a las empresas y que convirtieron a Cataluña en un territorio sin crédito político ni económico.

¿Se imaginan cómo puede acabar esto si Podemos -con el silencio, la aquiescencia o el permiso de Pedro Sánchez- y los independentistas catalanes siguen sembrando el resentimiento, la división, el enfrentamiento y el odio? Necesitamos, como hace cuarenta años, un proyecto común para salir de la peor crisis de la democracia. Y en ese programa de recuperación económica y de acción contra el crecimiento de las desigualdades, que evite futuras revueltas sociales como ha pronosticado el FMI, tienen que caber todos: el Gobierno, la oposición, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, los operadores profesionales... y las empresas, las grandes, las pequeñas y los autónomos, lo público y lo privado. Frente al poder destructivo del resentimiento hay que construir la fuerza positiva de una solidaridad y una democracia sin exclusiones.

OTR Press

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