Francisco Muro de Iscar.- Políticos troles

Publicado 22/01/2016 12:00:14CET

MADRID, 22 Ene. (OTR/PRESS) -

Los partidos se enzarzan en la lucha por el poder y piensan poco en los problemas de los ciudadanos. Algunos, no todos, son como troles y se dedican a trolear. Un troll es alguien a quien le encanta discutir con ánimo provocativo para molestar a los demás, atraer la atención de la gente y sembrar la discordia. Su objetivo es confundir y ocasionar sentimientos encontrados en todos los que muerdan el anzuelo (trol es un tipo de pesca en inglés). Actúan en las redes sociales, pero esos comportamientos, narcisistas y algo psicópatas, se trasladan a muchos comportamientos humanos.

De otra forma no se entiende la carencia de debate político de fondo para la formación del nuevo Gobierno, sustituido por rechazos absolutos a personas o partidos y por el afán de ofrecer lo que sea a cambio de un apoyo que, de producirse, es casi seguro que apenas dure.

Algunos, incluso, se hacen trampas al solitario o van de farol porque son conscientes de que es imposible lo que proponen. Asegurar que el objetivo es evitar que gobierne "éste" o anunciar que se van a derogar todas las leyes que aprobaron "los otros" es una manera de sembrar discordia que no conduce a ninguna parte, sobre todo cuando los ciudadanos han mandado un mensaje claro: hay que negociar, hay que gobernar de otra manera, hay que recuperar la política de pactos. Y eso se lo han dicho, sobre todo, a PP y PSOE, que pese a todo, tienen juntos cien diputados más que los nuevos partidos. Algo debe significar también eso.

Mientras tanto, se deja de hablar de lo que de verdad reclaman los ciudadanos. Especialmente del empleo, de la desigualdad, de la creciente exclusión social, de la economía, de la educación, el único real motor del cambio de verdad. El tiempo que están perdiendo en hablar de lo suyo en lugar de hablar de lo nuestro es irrecuperable. La desconfianza que transmite España a los inversores extranjeros hace que cualquier proyecto se pare o se vaya a otros lugares, donde hay seguridad jurídica o estabilidad política.

Mientras Hollande, en Francia, ha declarado la guerra al paro, con medidas (y con 2.000 millones de euros), aquí seguimos teniendo un Servicio Público de Empleo Estatal (el antiguo INEM) que es pura burocracia y que no coloca a nadie. Y una alta temporalidad. Y una precariedad que asusta. Y cuatro millones de parados. Y el crecimiento económico puede ralentizarse -si sigue la inacción para formar Gobierno, aún más- y la digitalización imparable destruirá previsiblemente dos de cada tres empleos administrativos que hoy existen y sólo se crearán la mitad de nuevos puestos de trabajo en otros sectores. ¿Le importa eso a algún partido? ¿Se acaba el problema económico y de empleo, cargándose la reforma laboral del PP por mala que sea? Que no nos engañen.

La única forma de progresar es que los políticos de cualquier signo dejen de trolear y lleguen a un pacto que ponga el acento en los problemas fundamentales de los ciudadanos. El primero, el empleo y la lucha contra la desigualdad.

OTR Press

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