Isaías Lafuente.- Espantosa ficción

Actualizado 04/04/2008 2:00:12 CET

MADRID, 4 Abr. (OTR/PRESS) -

Hace un tiempo Pedro Mari Baglietto nos contó la historia de su hermano, Ramón, asesinado por un comando de ETA en 1980. Gracias a su relato supimos que uno de sus asesinos, Kandido Azpiazu, el que le dio el tiro de gracia, le debía la vida: años atrás, Ramón le salvó de morir atropellado por un camión cuando apenas era un bebé. Por si la historia del niño convertido con la edad en asesino de su salvador no fuera suficientemente cruda, una vez cumplida su condena el etarra montó un negocio en el edificio en donde vive la viuda de su víctima, Pilar Elías, como si quisiera rematar el dolor del crimen perpetuando el recuerdo con su presencia.

La negra nómina que guarda los más de 800 asesinatos de ETA recoge relatos sobrecogedores, pero ninguna historia como la de Ramón Baglietto nos empuja tanto al abismo de la inhumanidad. Si a alguien se le hubiera ocurrido componer una historia de ficción con este argumento, habría recibido reproches por su exceso. Pero los terroristas han demostrado ser capaces de superar con sus acciones los límites de la ficción.

Ahora, desde ese ámbito, dos directores de cine, Manuel Gutiérrez Aragón y Jaime Rosales, preparan los estrenos de sendas películas que relatan el ambiente opresivo de los amenazados o la crueldad de uno de los últimos crímenes de la banda: el frío asesinato de dos jóvenes guardias civiles en Capbretón, Francia. Cuando aún no se ha escrito el epitafio de ETA, estas películas que narran la crueldad de una banda activa de asesinos demuestran el grado de compromiso ciudadano y la valentía de estos cineastas. También el acierto de poner su arte al servicio del relato histórico en una sociedad que parece que necesita ser azuzada desde la ficción para comprender mejor la realidad.

Algunos no se atreverán a pisar el cine, no vaya a ser que se les deshilachen conceptos labrados desde la ceguera. Los demás dejaremos que la ficción mantenga viva la llama de nuestra indignación por el crimen, de nuestra repulsa a la violencia, de nuestra condena a quienes la practican o la amparan con su silencio o con su inacción. Manuel Gutiérrez Aragón, optimista, ha titulado su película Todos estamos invitados.

Isaías Lafuente.

OTR Press

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