Ni un minuto más.

Actualizado 20/06/2009 14:00:35 CET

MADRID, 20 Jun. (OTR/PRESS) -

El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Alberto Saiz, no puede permanecer ni un minuto más al frente de los servicios de inteligencia españoles. No entraré en el juicio que me merecen sus presuntas excursiones de caza y pesca. Ni en otros detalles menores aireados por un diario que me parece que, esta vez -otras, acaso no tanto--, está prestando un innegable servicio a la democracia. Mi alarma se suscita cuando comprobamos que el interior de 'la Casa' es un hervidero, que los agentes y funcionarios esparcen filtraciones y rumores sobre la conducta de su jefe, que algunos de los más valiosos dimiten. El CNI se ha convertido en unos servicios de los que no se fían otros centros del mundo, que parece que han comenzado a retraer su información. Si se ha contado ya que dimitieron los responsables del Centro en la lucha contra el terrorismo, ¿qué queda?.

Acaso lo peor sea que muchos ciudadanos, que ocupan puestos de responsabilidad en la política -socialista, 'popular' y no solamente--, algunos periodistas, ciertos empresarios y banqueros, incrementan sus sospechas de que sus conversaciones telefónicas son espiadas, quizá sin connivencia judicial, probablemente sin necesidad y respondiendo a quién sabe qué intereses. Lejos de mi ánimo culpar al CNI de estos 'pinchazos', por supuesto, pero lo malo es que la sensación de inseguridad se extiende, y lo que se cuenta sobre el CNI no contribuye precisamente a disipar tan molestas suspicacias.

¿Quién apoya la permanencia de Saiz, combatido por sectores tan influyentes -y dispares_ del Gobierno como los ministros de Defensa y de Interior? ¿Por qué se apoya esta permanencia, cuestionada al máximo cuando el mandato del director del CNI vencía legalmente? ¿Qué ocurrió para que Saiz, que ya estaba casi destituido, fuese mantenido en el cargo? El tema ha dejado, lamentablemente, de ser un argumento para Le Carré para pasar a ser una cuestión de Estado, que no puede dirimirse, sin más, en una comparecencia de rutina en la comisión parlamentaria de secretos oficiales. Que los servicios secretos españoles son un marasmo ya no es, desgraciadamente, ningún secreto.

OTR Press

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