Rafael Torres.- Losantos, el sembrador

Actualizado 03/06/2008 2:00:31 CET

MADRID, 3 Jun. (OTR/PRESS) -

El pleito interpuesto por el alcalde de Madrid, Ruíz Gallardón, contra el locutor de la emisora de la Conferencia Episcopal, Jiménez Losantos, se quiere presentar el algún círculo, concretamente en el círculo que le rodea, le jalea y le arropa, como un caso de persecución política y de ataque a la libertad de expresión, pero, que se sepa, de lo que Gallardón acusa a Losantos ante los tribunales es de mentir sobre su persona, esto es, de injuriarle y calumniarle lesionándole gravemente el nombre y el honor. O dicho de otro modo: el denunciante, al contrario que tantas otras víctimas de las agresiones verbales del comunicador (de insultos, particularmente), parece haber superado el miedo que da plantar cara a quien durante varias horas al día dispone de un altavoz potentísimo que usa, sin sujeción alguna a los fundamentos del periodismo, del respeto al prójimo y de la buena educación, para agitar a la parroquia (nunca mejor dicho) contra aquellos que en lo personal o en lo político, o en ambas vertientes, no son santo de su devoción (nunca mejor dicho tembién).

El caso Gallardón-Losantos, esto es, el de un tío que se harta de que otro le ultraje y lo denuncia en uso de su derechos ciudadanos, está, más o menos, visto para sentencia en el ámbito en el que se inscribe, el judicial, pero, sin duda, da mucho más de sí: ¿Es justo, equitativo y/o saludable que un señor que siembra el odio cada mañana sea la "estrella", el máximo portavoz por tanto, de la emisora de una confesión religiosa que dice estar ungida por el amor? ¿La libertad de expresión tiene algo que ver con la impunidad para la mentira, el insulto y la insidia? ¿Qué efecto puede tener o tiene en un país tan frágil en lo político como el nuestro (tan frágil en lo racional como sobrado de víscera) las prédicas erradicadoras e incendiarias antes de la hora del Ángelus? También el "si te he visto no me acuerdo" de los Aguirre, Acebes y Zapalana respecto al imputado tiene, como aviso de navegantes para los periodistas sicariados por los partidos, su aquél, y, cómo no, la metáfora del monstruo que acaba devorando, o intentando devorar, a sus creadores.

Rafael Torres.

OTR Press

Victoria Lafora

Seguirán viniendo

por Victoria Lafora

Luis Del Val

¡Qué raro!

por Luis Del Val

Charo Zarzalejos

Disputa por la oposición

por Charo Zarzalejos