Ramón Pi.- Desde la libertad.- Mentalidad de culebrón

Actualizado 03/06/2008 2:00:40 CET

MADRID, 3 Jun. (OTR/PRESS) -

Se ha revelado el mensaje por teléfono móvil que el presidente del PP de Canarias, José Manuel Soria, envió a María San Gil para acusar recibo del proyecto de ponencia política elaborado por la dirigente popular vasca: "María, he recibido tu ponencia. ¡Arriba España!". Un mensaje lleno de contenido: la expresión evoca inapelablemente a la visión de España que tenían el régimen de Franco, en general, y los falangistas en particular. O sea, una provocación en toda regla. Si nos ponemos en la piel de San Gil, no nos costará nada entender que, a la vista de esta comprensión (?) del proyecto de ponencia, lo mejor sea quitarse de en medio de esta merienda de negros.

La respuesta de Soria, sin embargo, pone de manifiesto que el político canario es un hijo de su tiempo, esclavo de la imagen, carente de ideas generales, pegado al cortoplacismo sin remedio, y devoto de la política entendida como operación comercial.

Podría pensarse que un juicio así no debe extenderse al discurso dominante en el Partido Popular, sino que debe ceñirse a esa persona en concreto. Pero, no; ayer mismo, Juan Costa, el posible presunto suicida que no descarta ser candidato para presidir el PP, dijo en una intervención pública que el principal argumento para no descartar presentarse es que en el partido hay una "crisis de ilusión". Estamos exactamente en lo mismo: si la ilusión de la gente ha de ser la guía principal para la acción política, en lugar de una porción pequeña, pero decisiva, de principios fundamentales, estamos construyendo sobre arena; pues pocas cosas hay tan afímeras como la ilusión o el resto de sentimientos que alberga el ser humano.

Esta visión sentimental de la vida puede ser comercial, puede venir muy bien para un spot publicitario, pero parece de muy poco fuste para algo como pretender gobernar un país. Pero es el signo de estos tiempos: Estamos absolutamente infectados por la mentalidad de culebrón, y así es completamente seguro que no llegaremos muy lejos.

Ramón Pi.

OTR Press

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