Victoria Lafora.- Fuese y no hubo nada

Actualizado 04/05/2008 2:00:23 CET
Actualizado 04/05/2008 2:00:23 CET

Victoria Lafora.- Fuese y no hubo nada

MADRID, 4 May. (OTR/PRESS) -

Se firmó el armisticio, o una tregua, o vaya usted a saber qué. El caso es que en el PP, según Aguirre y Rajoy, no ha habido nunca polémica y todo nos lo hemos inventado los periodistas que somos unos liantes.

"No hay nada que zanjar", aseguraba con contundencia Esperanza Aguirre, sin que un leve asomo de sonrojo le cambiara el color de las mejillas o le encendiera las orejas. Con la misma rotundidad negaba, "no ha existido nunca" su amenaza de presentar una candidatura alternativa a su ahora nuevamente jefe y amigo Mariano.

La brusca pérdida de memoria de la presidenta de la Comunidad de Madrid alcanzó también, como si se tratara de una enfermedad contagiosa, tal vez un virus que se ensaña con los políticos, al líder del PP.

Rajoy, que días antes había encontrado un oportuno viaje en su agenda que le impedía acudir a las celebraciones del Dos de Mayo para no coincidir con ella, aprovechó el ágape para que todo el mundo les viera juntos, intercambiar besos y abrazos y declarar que, a pesar del ruido, se van a presentar como un partido unido.

De la iniciativa que un grupo de dirigentes madrileños, entre los que están varios consejeros de Aguirre (los más díscolos en está guerra que no ha sido) pidiendo que en el próximo congreso se debata un sistema de primarias que quitaría a Rajoy de candidato, el afectado no dijo ni media.

El resto de lo que sucedió en ese acto ha pasado inadvertido porque los ojos de todos los asistentes, incluso los de los políticos de otros partidos, estaban fijos en estos dos protagonistas y en sus gestos.

Falta saber si después de todo lo oído estos días, de lo visto (porque lo hemos visto todos), alguien se va a creer que, de verdad, en el Partido Popular no ha pasado nada y tras la derrota electoral el liderazgo de Mariano Rajoy no se ha puesto en cuestión.

Al final, va a ser también una ensoñación periodística que Eduardo Zaplana, que veía poco futuro tras la remodelación del grupo parlamentario, emprendido por Sáenz de Santamaría, se ha ido a Telefónica a ganar muchísimo dinero.

Con que facilidad se explican los políticos y qué falta de entendederas tenemos el resto. Siempre malinterpretamos sus gestos nobles, siempre vemos doblez donde no la hay, siempre vemos ambición donde solo hay vocación de servicio. Así es que ya saben: en el PP tan amigos.

Victoria Lafora