Fernando Sanjuán Martín (OTR/PRESS)
No es fácil imaginar la idea de estar cansado, con dolor corporal generalizado, estado de ánimo depresivo, dificultad para dormir, hormigueos y calambres musculares, durante días o semanas, y mucho menos durante meses o años.
La incidencia de la fibromialgia (FM) no resulta fácil de concretar, sin embargo recogiendo resultados de las publicaciones internacionales más relevantes, la estimación global se sitúa entre el 1.5 y el 5% de la población mundial.
En nuestro país, el número de afectados por la enfermedad rebasa el millón de personas, especialmente mujeres, 90-95% de los casos, aunque también pueden verse afectados los hombres y los niños. La prevalencia anual ronda el 3%.
Los datos del coste de la FM en España, según un estudio del 2013 extrapolado a la actualidad, oscila entre 9.000 y 12.000 euros por paciente y año, incluyendo los gastos sanitarios directos y los asociados a la discapacidad laboral. Además, no olvidemos la pérdida individual de unos 1.000 euros mensuales de poder adquisitivo. En conjunto, nos encontramos, por tanto, ante la escalofriante cifra de 13.000 millones de euros anuales.
La incidencia de dolores musculares característicos de la FM, son reconocidos desde hace siglos, aunque fue en la década de 1970 cuando la enfermedad comenzó a recibir una atención seria, ya que los médicos aprendieron a identificar los puntos gatillo y algunos de los síntomas acompañantes. La Asociación Médica de los Estados Unidos, reconoció la FM como enfermedad en 1987.
Al solapamiento que acompaña al dolor, especialmente la fatiga debilitante, se suman otras muchas manifestaciones que complican y retrasan su identificación. De ahí el peregrinaje de muchos pacientes por distintos especialistas hasta diagnosticarla.
Los médicos familiarizados con la enfermedad, hacen el diagnóstico basándose en los criterios establecidos por el Colegio Americano de Reumatología, siendo uno de ellos el dolor generalizado que dura más de tres meses, además de otros síntomas anteriormente señalados, y sin evidencia de otra enfermedad dolorosa.
Por otra parte, no existen pruebas analíticas o de Rayos X que certifiquen la enfermedad, ni estudios específicos. Por ello, algunos expertos cuestionan si el dolor del paciente es real, incluso por las personas del entorno próximo.
Compañeros de trabajo, amigos y familiares, pueden tener dificultades para entender los síntomas. No está bien comprendida la causa de la FM. Sabemos que las personas que la padecen tienen defectos de comunicación entre el cuerpo y el cerebro. Estos cambios pueden haber inducido modificaciones en la interpretación de las sensaciones dolorosas que, no pasan de ser ligeras molestias para las personas sin la enfermedad.
Los investigadores han encontrado varios genes que pueden propiciar el riesgo de padecer la enfermedad. Los acontecimientos y circunstancias estresantes de la vida también pueden condicionar su aparición.
No se trata de una enfermedad progresiva que empeore con el tiempo, no
obstante, se modifica e incluso puede mejorar. Nunca resulta fatal y no va a dañar las articulaciones, músculos u órganos internos.
No existe tratamiento etiológico de la fibromialgia, tan sólo sintomático. Los medicamentos pueden ayudar a aliviar alguno de los síntomas, pero no todos.
Los tratamientos con fármacos, por sí solos, no dan lugar a la remisión o la cura de la FM. En fechas muy recientes, investigadores de la universidad de Queen, en Canadá, han propuesto la asociación de dos fármacos bien conocidos, duloxetina-pregabalina, como segura y eficaz para mejorar los resultados de ésta entidad.
La experiencia y la observación nos han enseñado que el ejercicio puede ser tan eficaz o mejor que los medicamentos. Por otra parte, las terapias del comportamiento cognitivo, y el yoga o el taichí, también pueden ayudar a reducir los síntomas.
En el momento actual, se están experimentando algunas fórmulas como la estimulación eléctrica transcutánea (TENS), que pueden ser de utilidad a las personas con FM que, asociadas al ejercicio, mitigan el dolor y mejoran la calidad de vida.
Por otra parte, se están investigando marcadores de la fibromialgia en la sangre que, en última instancia, podrían conducir a tratamientos más específicos y eficaces.
No existe una fórmula magistral para el tratamiento de ésta enfermedad “fantasma”, que no se atreve a dar la cara por miedo a que desvelemos sus secretos y la podamos combatir eficazmente.
Prestemos atención, pues, a técnicas o métodos no comprobados ni aprobados por los Sistemas Sanitarios de los distintos países, aunque excelentemente publicitados en redes sociales y/o distintos medios de comunicación, que prometen resultados excepcionales.
La Estimulación Magnética Transcraneal profunda, técnica no invasiva ni limitante de la rutina diaria, como uno de los últimos recursos aparecidos y sin los efectos secundarios de los medicamentos, está dando muestras de efectividad.
La utilización de dos bobinas aplicadas alternativamente sobre la cabeza, estimulando simultáneamente la superficie y el interior del cerebro en sesiones de 20 minutos diarios a lo largo cuatro semanas, mejora las condiciones del dolor de la fibromialgia. Estudios más prolongados son necesarios, sin embargo, para demostrar con mayor contundencia estos esperanzadores hallazgos.
Dtor. Fernando Sanjuán Martín, neurocavis.