El sol, el agua, el escaparate de una tienda, unas gafas de sol... todos estos elementos pueden crear molestos reflejos en nuestras fotografías. Cuando estamos metidos en faena muchas veces no nos damos ni cuenta, sino más tarde, cuando nos ponemos a repasar las fotos y vemos que "habrían salido genial si no fuera por ese reflejo de ahí".