Reducir la ratio en el aula como plantea el Gobierno tiene efectos "pequeños o nulos" y es "muy costosa", según Esade

Tutorías intensivas, políticas docentes o programas tempranos ofrecen un rendimiento relativo mayor por euro invertido

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Archivo - Alumnos en el colegio - Álex Zea - Europa Press - Archivo
Europa Press Sociedad
Publicado: miércoles, 4 marzo 2026 11:23

MADRID, 4 Mar. (EUROPA PRESS) -

La reducción del tamaño de clase, una medida en la que está trabajando el Gobierno a través de un proyecto de ley, tiene unos efectos, por lo general, "pequeños o nulos" en el aprendizaje y es una política "muy costosa" ya que exige contratar más profesorado (el 70-80% del gasto educativo se destina a salarios), y disponer de más aulas.

Así lo refleja el estudio 'Clases más pequeñas, impactos limitados para inversiones elevadas' publicado por EsadeEcPol, que destaca que en España "resulta crucial determinar si esta política constituye el mejor uso del presupuesto, ante un escenario de presión fiscal creciente y caída de la natalidad".

Para responder, EsadeEcPol ha elaborado este estudio a partir de la información proporcionada por la Comunidad Autónoma de Madrid en el periodo 2016-2019, en el que se emplean microdatos administrativos enlazados con encuestas censales a estudiantes, docentes, familias y directores de centro.

La estrategia de identificación aprovecha una metodología consolidada: los umbrales máximos de alumnos por aula (30 en España durante 2012-2019) generan una variación cuasi aleatoria en el tamaño de clase. Al superar el límite, el grupo se desdobla: un centro con 31 matriculaciones forma dos aulas de 15 y 16 alumnos, frente a otro que con 30 mantiene una sola.

Esta discontinuidad permite estimar efectos causales sin sesgo de selección socioeconómica, y la riqueza de los datos disponibles junto con la potencia estadística utilizada, facilita un análisis integral de mecanismos. El impacto del tamaño de clase se mide por lo que sucede dentro del aula (disrupción, instrucción individualizada y organización), así como por los resultados académicos y no académicos (rendimiento, repetición, bienestar).

A partir de este análisis, el estudio concluye que las clases más pequeñas "mejoran las dinámicas en el aula, pero de forma limitada". Reducir en 5 alumnos el tamaño resta 4 puntos porcentuales (pp) la probabilidad de que la disrupción sea un problema moderado o grave (efecto concentrado en centros con mayor conflictividad).

Asimismo, se incrementa en 1 pp la probabilidad de revisar deberes y en 4 pp la enseñanza en pequeños grupos. Pero estas prácticas ya son muy frecuentes (93% y 70%, respectivamente), por lo que el cambio pedagógico "también es mínimo", según la investigación.

"Estas mejoras no se traducen en ganancias de aprendizaje. No se identifican efectos significativos sobre el rendimiento en pruebas estandarizadas, el bienestar subjetivo del alumnado, ni en la repetición. Los tamaños del efecto observados son próximos a cero, en línea con la evidencia internacional", afirman los autores.

El estudio no identifica 'islas de impacto': No se generan subgrupos con beneficios sustanciales y estadísticamente significativos ni por nivel socioeconómico, ni por curso o materia, ni por características de centros o docentes, ni por la frecuencia de prácticas individualizadas.

Los expertos han analizado si las familias modifican su comportamiento ante clases más reducidas, lo que podría enmascarar su potencial efecto positivo.

"Alumnos y familias relajan ligeramente su esfuerzo cuando las clases son más pequeñas, pero estos ajustes son demasiado modestos para explicar la ausencia de mejoras educativas: 8 minutos menos a la semana de tiempo promedio dedicado a los deberes; los padres se implican menos; y disminuye el uso de profesores particulares y academias (1 pp menos sobre una base del 14,5%)", concluye.

El documento refleja que reducir cinco alumnos por aula incrementa el bienestar docente en torno al 5% de una desviación estándar, lo que implicaría un aumento salarial aproximado de unos 1.800 euros anuales, y mejora la satisfacción de las familias con la escuela en un 2,5% de una desviación estándar. "Estos beneficios son reales y constituyen objetivos legítimos de la política educativa, lo que contribuye a explicar la alta demanda social de ratios más bajas", subraya.

Los autores aseguran que la reducción del tamaño de clase "no mejora el aprendizaje de forma eficaz" y que los beneficios principales "no recaen sobre el alumnado, sino en los adultos (docentes y familias)", lo que explica "la alta demanda social de esta política y la receptividad institucional ante ella, pese a su impacto limitado sobre el aprendizaje".

Esta política, añaden, requiere una inversión elevada y genera un impacto reducido sobre el aprendizaje. La evidencia disponible sugiere que otras intervenciones -como tutorías intensivas, políticas docentes o programas tempranos- ofrecen un rendimiento relativo mayor por euro invertido, puntualiza el estudio.

Otra de las conclusiones de la investigación es que las bajadas de ratios "solo serían justificables, en el mejor de los casos, si se aplican de forma focalizada en centros con alta disrupción o con necesidades específicas, pero siempre combinadas con prácticas que amplifiquen sus efectos".

"En definitiva, si el objetivo prioritario es mejorar los resultados académicos y el bienestar del alumnado, así como reducir la repetición, la evidencia analizada indica que la reducción generalizada de ratios no se encuentra entre las políticas más eficaces para alcanzar ese fin", aseveran los autores.

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