Archivo - A baited hook with a wire trace from a longliner catching tuna and sharks in the mid-Atlantic ocean.\r\rThe Greenpeace ship Arctic Sunrise and crew are investigating distant water fishing fleet practices in the Mid-Atlantic. September and Octobe - TOMMY TRENCHARD - Archivo
MADRID, 19 Oct. (EUROPA PRESS) -
La organización ecologista Greenpeace ha advertido de que, al ritmo actual de avance en materia de conservación marina, la comunidad internacional tardaría unos 265 años --hasta el año 2291-- en lograr una protección total o alta del 30% de los océanos del planeta.
Así lo recoge su último informe, 'Una red interconectada: Proteger la alta mar del Atlántico mediante una red de santuarios por todo el océano', en el que analiza las lagunas de gobernanza y los riesgos que amenazan la biodiversidad marina en aguas internacionales.
"Solo el 3,5% de los océanos está total o altamente protegido. Al ritmo actual, la comunidad internacional tardaría unos 265 años en proteger el 26,5% restante necesario para lograr una protección total del 30% de los océanos", asegura Greenpeace.
Para la organización, el progreso es "claramente insuficiente" y "el mundo no puede esperar hasta 2291 para proteger totalmente apenas un tercio de los océanos".
Además, tilda de "esencial" que esta protección cumpla los estándares de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza para la protección total o alta de las áreas marinas protegidas (AMP). Para ello, insta a prohibir toda actividad extractiva, incluida la pesca industrial.
"Solo en 2025, los buques pesqueros dedicaron 1,6 millones de horas a la pesca en alta mar en el Atlántico, una cifra equivalente a más de 180 años o a más de un millón de partidos de fútbol", indica.
El informe pone como caso de estudio el océano Atlántico para visibilizar la vulnerabilidad de las especies altamente migratorias. Los datos revelan que el 80,7% del hábitat de la tortuga laúd con riesgo de captura accidental por palangre pelágico queda fuera de las zonas protegidas existentes o actualmente en evaluación. En el caso de la ballena jorobada, los principales corredores migratorios siguen "desprotegidos" ante el riesgo de colisión con buques comerciales, especialmente en el Atlántico sudoccidental.
Para revertir esta tendencia y cumplir los objetivos internacionales dentro de plazo, la ONG plantea la creación de una red estratégica de 11 nuevos santuarios en alta mar en el Atlántico. Ocho de estos emplazamientos expone que han sido reconocidos como áreas marinas de importancia ecológica o biológica (EBSA).
A su juicio, esta propuesta elevaría la protección de la cuenca atlántica por encima del 31% y permitiría duplicar la cobertura global de protección marina total o alta del 3,5% actual a aproximadamente un 7,5%.
EMPLAZAMIENTOS PARA LOS SANTUARIOS
El primer emplazamiento se trata del Sistema frontal del Atlántico centronorte, una "importante" zona de alimentación para ballenas, tortugas marinas y otros animales marinos. Le sigue los bancos y la cuenca de Hatton y Rockall; las laderas de Flemish Cap y de los Grandes Bancos; la zona de Convergencia Subtropical; el lugar de producción de atún del Atlántico ecuatorial; la zona de influencia del Amazonas y el Orinoco; el Mar del sur de Brasil; y el banco de Abrolhos y la cadena de Vitória-Trindade.
"La verdadera esperanza reside en la posibilidad de crear una red de santuarios atlánticos creíble mediante la interconexión de las áreas protegidas existentes, la mejora de la protección dentro de sus límites y la creación de nuevos espacios", subraya.
En este sentido, explica que, para crear una red de santuarios eficaz por todo el océano, los países deben abordar tres cuestiones clave: una gestión "sólida y eficaz" mediante la colaboración entre diferentes organismos, la extensión de las áreas protegidas, y la cooperación transfronteriza.
Igualmente, destaca que los Gobiernos de los países ribereños deben actuar "con urgencia" y reforzar la cooperación internacional para establecer una red de áreas marinas total o altamente protegidas basada en criterios científicos y en principios de conectividad ecológica.
RECOMENDACIONES
Entre las medidas prioritarias, la organización propone seguir desarrollando las propuestas actuales bajo el marco del Tratado Global de los Océanos para crear áreas marinas total o altamente protegidas en el Atlántico, incluidas las del mar de los Sargazos, de la Zona de Convergencia Canarias-Guinea, de la dorsal de Walvis y del Banana Hole.
De la misma manera, llama a estudiar nuevos emplazamientos que puedan contribuir a alcanzar el objetivo 30x30 en el Atlántico garantizando su interconexión con otras áreas propuestas que se estén estudiando o creando actualmente.
También aboga por priorizar las zonas ya reconocidas como áreas marinas de importancia ecológica o biológica (EBSA) en los procesos de identificación y selección de nuevos emplazamientos susceptibles de ser designados áreas marinas total o altamente protegidas. Esto, para Greenpeace, debe ir acompañado de una sólida cooperación entre las conferencias de las partes (COP) del Acuerdo relativo a la Diversidad Biológica Marina de las Zonas situadas fuera de la Jurisdicción Nacional (Acuerdo BBNJ) y del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
Del mismo modo, recomienda reforzar la protección de los emplazamientos existentes en alta mar del Atlántico, como los de OSPAR, mediante su conversión en santuarios. Además, pide asegurar que las zonas propuestas sean científicamente sólidas y contribuyan a formar una red ecológicamente representativa que cubra al menos el 30% del océano Atlántico para 2030.
Por otro lado, apuesta por realizar procesos de consulta inclusivos que integren las aportaciones de la comunidad científica, las comunidades indígenas y locales, así como de los organismos regionales y las ONG, con el fin de incorporar sus conocimientos especializados en la toma de decisiones.
Finalmente, apuesta por elaborar propuestas de AMP total o altamente protegidas dentro de las ZEE nacionales y reforzar el nivel de protección de las áreas marinas protegidas nacionales actuales elevándolas a la categoría de AMP total o altamente protegida.
"Si se aplican estas recomendaciones, los países pueden proteger de forma significativa nuestros impresionantes ecosistemas oceánicos, en un plazo que realmente tenga sentido", concluye.