San Juan de la Peña, monasterio en la roca

Claustro
Foto: EUROPA PRESS
Europa Press Turismo
Actualizado: martes, 10 enero 2012 11:00

En las denominadas Sierras Exteriores Pirenaicas, al suroeste de la ciudad de Jaca, en Huesca, se alza la Sierra de San Juan de la Peña. Sitio Nacional desde 1920, San Juan de la Peña es un reducido pero valioso espacio natural, cuyos límites coinciden con los del Monte Pano, y donde confluyen de manera excepcional destacados valores naturales, históricos y culturales. Bajo los escarpes, en una enorme visera de roca, se encuentra el viejo cenobio, centro monástico emblemático de Aragón en la Alta Edad Media que fue declarado monumento nacional en 1889.

El hecho de que este monasterio esté enclavado en la roca no es casual, el emplazamiento, por dificultoso, resultaba muy seguro frente a la amenaza musulmana. Sin embargo, y pese a su rebuscada ubicación, lo más sorprendente del monasterio es la gran cantidad de enterramientos que alberga en su interior. Monjes, caballeros, incluso reyes, lo escogieron como lugar de reposo definitivo.

El monasterio se divide en dos plantas. La inferior conserva buena parte de la construcción antigua y la iglesia vieja, con doble ábside rectangular incrustado en la misma roca. La parte superior consta de claustro y las capillas de San Vitorián y de los Santos Voto y Félix, sus fundadores.

La fundación de este monasterio se encuentra a caballo entre el mito y la realidad. Se cuenta que, a raíz de la invasión musulmana, una serie de ermitaños se retiraron a este rincón del Pirineo y crearon un foco de vida eremética. La elección al parecer no fue caprichosa, sino que se produjo después de encontrar el cuerpo incorrupto del también eremita Juan de Atares.

La vida eremita del monasterio que pervivió hasta el siglo X, cuando, en el año 920, Galindo Aznarez II, conde de Aragón, conquistó las tierras al Sur del río Aragón, llegando hasta la sierra de San Juan de la Peña, en la que fundó un monasterio, dedicado a los santos Julián y Basilisa y que fue levantado en el mismo lugar en que vivieron los antiguos ermitaños.

En 1701 Sancho Ramírez (segundo rey de Aragón) creó sobre este monasterio el de San Juan de la Peña como panteón de los reyes de Aragón, lo dotó con inmensos dominios territoriales y comenzó la construcción de la Iglesia alta. Pero la segunda mitad del siglo XII fue desastrosa para el monasterio: perdió la predilección papal y la de los reyes aragoneses que trasladaron su capital a Huesca. Posteriormente en 1157, amenazado por una total ruina económica fue salvado por la intervención del Papa Adriano VI y el conde Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón.

En 1245 con el abad Íñigo llegó a un acuerdo que permitió al monasterio inaugurar otro período de paz y volver a ser uno de los principales centros benedictinos de Aragón.

En 1675 se originó un gran incendio: ardieron el refectorio, la hospedería y el rico archivo del monasterio. Quedó en un estado muy lamentable por lo que los monjes comenzaron a edificar el nuevo monasterio en la planicie de San Indalecio

PRIMERA PLANTA (siglos X y XI)

La Iglesia Baja, fundada en el año 920, constituye el núcleo primitivo del monasterio. Consta de dos ábsides, en los que se pueden observar pinturas románicas del siglo XII como el martirio de San Damián y San Cosme representado en el ábside izquierdo, y sus dos naves.

La Sala de Concilios se corresponde con lo que debía ser el dormitorio de los monjes. Su nombre proviene de la suposición de que en tiempos de Ramiro I se celebró en ella un concilio. La construcción data del siglo XI, y se haya dividida en cuatro tramos mediante arcos de medio punto apoyados en pilares cruciformes.

SEGUNDA PLANTA

En el Panteón de Nobles se encuentran tumbas tanto de nobles aragoneses como navarros que hacían grandes donaciones a condición de ser enterrados en este lugar, debido a que el monasterio se convirtió en Panteón Real a principios del siglo XI al ser enterrado en este monasterio el primer rey de Aragón Ramiro I. Al fondo se observa la tumba de Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda que quiso ser enterrado en este lugar debido a que antepasados suyos fueron enterrados en este Monasterio.

Pasando a través del Panteón de Nobles llegaremos a la Iglesia Alta de San Juan, consagrada en 1094 y edificada por el rey Sancho Ramírez. Iluminada por dos amplios ventanales, está constituida por una nave que se estrecha, coronada por tres ábsides semicirculares pegados a la roca.

Esta iglesia se construye en el siglo XI y se encuentra encima de la Iglesia Mozárabe, por esta razón se le conoce como Iglesia Alta. Cabe destacar como la misma roca hace de bóveda, que se supone pudo estar pintada. En el ábside central se encuentra una reproducción del Santo Grial, del cual cuentan que estuvo guardado en este Monasterio para protegerlo de las invasiones musulmanas.

El Panteón Real es de estilo neoclásico y fue mandado construir por Carlos III en el s. XVIII. En la pared de la izquierda se encuentran cuatro relieves en estucos que representan escenas de la historia de Aragón a través de las cuales se compone el escudo de esta comunidad autónoma.

El calvario es una obra de Carlos Salas, con figuras de mármol. Frente a los estucos hallaremos placas de bronce con el nombre de personajes supuestamente enterrados en este Monasterio, aunque la mayoría de estos personajes son ficticios salvo los de los tres reyes de Aragón: Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.

El Claustro románico del siglo XII de San Juan de la Peña puede considerarse su pieza más importante. Anteriormente en este claustro el muro que daba a la carretera era más alto para que la misma roca hiciera de techo y formara un patio interior. La joya de este claustro y del Monasterio son sus capiteles románicos que datan de los siglos XII y XIII. Estos capiteles narran el Génesis, la infancia de Jesús y la vida pública de Cristo, aunque en algunos podemos encontrar representaciones de animales fantásticos.

La Masadería es la sala donde hacían los monjes el pan. Destacan en esta sala el horno de pan y las tres laudas correspondientes a las tumbas de Pedro I, Ramiro I y la infanta Isabel (hija de Pedro I). También se encuentra aquí la necrópolis de los Reyes de Aragón y familiares. En 1985 se abrieron estas tumbas y se encontró en su interior 3 anillos de oro de 24 quilates y un dado de marfil.

El MONASTERIO NUEVO

EL 24 de febrero de 1675 un incendio asola el monasterio. Duró tres días enteros y arrasó numerosas dependencias; ante este suceso, más el ambiente sombrío, los problemas de humedad y abundantes desprendimientos, se toma la decisión de construir el Monasterio Nuevo.

El Monasterio Nuevo es de estilo barroco y su emplazamiento se encuentra a 1.500 metros del monasterio antiguo, en el llamado Llano de San Indalecio. Se empezó a construir en 1693, con el permiso de Carlos II; en aquellos momentos la abadía estaba sin cubrir, por lo cual se decidió dejarla vacante de sus rentas para que se aplicasen a la construcción del Nuevo Monasterio. Contaba con claustros, cámara abacial con sus oficinas, 19 cuartos para monjes, la habitación de dorados y ministros, el archivo, el refectorio con la cocina y sus oficinas agregadas, la enfermería, la oficina de botica con habitaciones para médico, boticario y cirujano, los cuartos de hospedería, los graneros y bodegas y la librería. Había también unos jardincillos para el uso de los monjes, una hostelería, un hospital para pobres y peregrinos, así como caballerizas, pajares y leñeros.

La Guerra de la Independencia, la Desamortización, el abandono y el tiempo han hecho que todas estas edificaciones estén hoy día destruidas. La iglesia tiene tres naves y seis capillas laterales. En ella merece la pena destacar su notable portada, enmarcada por dos torres laterales y coronada con frontón triangular. Está compuesta por tres estatuas cobijadas en hornacinas. La de San Juan Bautista en la central, a la izquierda la de San Indalecio y a su derecha San Benito.

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