Gran Mezquita de Omán - TURISMO DE OMÁN
MADRID 23 Abr. (EUROPA PRESS) -
El Sultanato de Omán se encuentra oculto entre uno de los desiertos de Oriente Medio más vírgenes del mundo, bañado por las profundas aguas del mar Arábigo, y envuelto en una historia y un patrimonio cultural conservado a la perfección. Un país marcado, no solo por su exuberante belleza natural, sino por ser un territorio con una gran hospitalidad.
El país ofrece a los visitantes un amplio abanico de posibilidades desde recorridos por el zoco de la capital, búsqueda de tesoros tradicionales, excursiones a través de sus wadis, o rutas en bicicleta por las montañas que contrastan con sus profundas aguas turquesas.
Todo ello sitúa al país como una de las grandes joyas por descubrir de la Península Arábiga y, por ende, lo convierte en un destino clave que no puede faltar en la lista de los viajeros que busquen vivir una experiencia inolvidable.
El sultanato se ha convertido en los últimos años en un destino tendencia para viajar y son varios los motivos que lo explican.
En primer lugar su paisaje natural. Omán aúna una gran diversidad de elementos destacando especialmente el contraste de sus desiertos, valles, montañas y playas. Y es que Omán es el único país del mundo formado principalmente por corteza oceánica y rocas del manto terrestre.
Entre estos elementos naturales se encuentran los famosos wadis, que son los cauces secos o estacionales de ríos que se forman en la zonas áridas y desérticas. Se trata de una especia de oasis de aguas turquesas, pero en vez de formarse en el desierto lo hacen entre montañas. Uno de los más conocidos por su gran belleza es el wadi Shab.
Por otro lado, entre las cordilleras de Omán se encuentra la de Al Hajar, que cuenta con el pico más alto de la península arábiga, Jabal Shams, de 3009 metros. La zona montañosa del país es perfecta para salir a practicar deportes de aventura y disfrutar de las espectaculares vistas, además son zonas agradables por tener un clima más fresco. Esta ubicación cuenta con alojamientos hoteleros mimetizados con la naturaleza que permiten al viajero sentir la belleza del país a través de unas vistas únicas.
Un lugar perfecto para desconectar sintiendo el silencio de la noche y contemplar la inmensidad de las estrellas en el cielo son las dunas de Wahiba, en pleno corazón del desierto de Omán. Esta inmersión en el desierto permite conocer la cultura beduina gracias a las familias nómadas que habitan en él y que ofrecen hospedaje a aquellos que se aventuren a adentrarse en este mundo de arena.
Por último, las playas del Sultanato se encuentran entre los paisajes más destacados. Marcados por sus aguas esmeraldas, los 3.165 kilómetros de costa que dan al océano Índico están formados por playas y calas salvajes, como las que se encuentran entre Shinas y Barka, perfectas para disfrutar de baños refrescantes y de actividades náuticas, fiordos como el de Khor al Sham y arrecifes de coral para los amantes del snorkel y del buceo.
RICA HISTORIA Y PATRIMONIO CULTURAL,
Omán también destaca por su historia y su patrimonio cultural. Gracias a su ubicación en la esquina sureste de la Península Arábiga, el país cuenta con una rica historia de navegación, pesca de perlas y comercio. Tanto es así que, obtuvo un papel muy importante en la Ruta de la Seda y en las Rutas de las Especias.
Además, la artesanía omaní, así como la arquitectura característica por mantener la esencia auténtica del país a través del tiempo, son otros elementos claves que han marcado el legado de su patrimonio cultural.
La mejor forma para conocer este legado es adentrarse en sus ciudades y pueblos, pues es en las calles y en los edificios históricos donde se respira la auténtica esencia del país.
Desde la aldea abandonada de Birkat Al-Mawz, donde se puede escuchar la llamada a la oración; pasando por el pueblo de Al Hamra, uno de los más antiguos del país que data de hace más de 400 años; la aldea de Misfat, donde en cada laberíntica calle se respira la tradición de un tiempo pasado en el presente; hasta el fuerte de Bahla, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Todos estos lugares hacen que los visitantes viajen al pasado y conozcan la historia del país en primera persona.
Cualquier escapada a Omán tiene como punto inicial la ciudad de Mascaté, su capital. Un asombro lugar repleto de encantos, refugiada entre montañas que fueron su mayor protección en la antigüedad y con infinidad de rincones por descubrir.
Al contrario que los países árabes vecinos en los que en el skyline de su capital destacan los grandes rascacielos y la arquitectura moderna, Mascaté conserva la esencia de la historia y la cultura omaní en sus edificios. Un ejemplo de ello es la Mezquita del Sultán Qaboos, que con su inmensa lámpara de 8 toneladas gobernando la sala de oración y sus esplendorosos jardines es un fiel reflejo de las bases de la sociedad omaní.
Es un destino muy poco masificado, por lo que es perfecto para visitarlo durante todo el año y cuenta con todo tipo de facilidades para desplazarse de un lugar a otro.
INFLUENCIA DE COCINAS DE ORIENTE.
La gastronomía juega un papel fundamental en cada viaje y en Omán también es así. Hay opciones para todos los gustos gracias a la influencia de la cocina persa, libanesa, jordana e india que permite escoger entre una variedad de deliciosos platos con ingredientes típicos de cada región, sobre todo las especias, como el cardamomo, la pimienta, el comino o el cilantro.
Esta exquisita fusión se puede encontrar en el plato más tradicional del país, el shuwa. En esta receta de cordero, que suele prepararse en las ocasiones más especiales, la carne es cocinada bajo tierra durante uno o dos días y aderezada con especias como el loomi o limón negro, la especialidad omaní por excelencia.
Para los paladares más dulces está el halwa. Este postre típico elaborado a partir de azúcar de caña, agua, miel y frutos secos encuentra su secreto en el uso de una gran mezcla de especias que aportan la esencia gastronómica del país.
AMIGABLE Y SEGURO.
Hay países de cultura musulmana que se rigen por una serie de normas a la hora de vestir. En el caso de Omán, sus habitantes tienen la libertad de elegir entre la vestimenta típica del país o de seguir otras tendencias. Incluso siendo de esta manera, es muy habitual encontrarse rodeado de locales vestidos con sus dishdashas y abayas.
La selección del color indica la ocasión, siendo el blanco para los eventos más formales, y las opciones coloridas para los momentos informales. En el caso de los hombres, es habitual verlos cubriendo sus cabezas con el massar, el turbante; o el kummah, el gorro omaní. La selección de uno u otro dependerá de la ocasión, siendo el primero más formal. Este es el claro ejemplo de la autenticidad y la fidelidad a los valores de los omaníes.
De esta misma manera, Omán es conocido por ser uno de los lugares más amigables y seguros del mundo. De hecho, es uno de los destinos más acogedores para los turistas, pues tienen un firme compromiso en garantizar la seguridad de sus visitantes. Además, al no estar masificado, es habitual estar rodeado de locales dispuestos a compartir la esencia de cada rincón con el visitante.