Ruta del café en Costa Rica: explorando el origen de uno de los mejores cafés del mundo - TURISMO DE COSTA RICA
MADRID 26 Dic. (EUROPA PRESS) -
El café de Costa Rica, con una tradición que data del siglo XVIII, es reconocido mundialmente por su alta calidad, resultado de suelos volcánicos, condiciones naturales únicas y prácticas de cultivo cuidadosas. Regiones como Valle Central, Tarrazú, Heredia y Guanacaste ofrecen cafés con sabores únicos, donde la tradición y prácticas sostenibles garantizan una producción artesanal y respetuosa con el medio ambiente.
El café ha sido un motor del desarrollo económico y social de Costa Rica desde finales del siglo XVIII, cuando su cultivo comenzó a expandirse gracias a condiciones geográficas favorables y prácticas agrícolas cuidadosas.
Para 1832, ya se había consolidado como uno de los principales productos de exportación del país, impulsando la infraestructura y posicionando a Costa Rica como un referente cafetalero a nivel mundial. Hoy, esta herencia sigue viva en regiones donde el café no solo es cultivo, sino parte del paisaje, la cultura y la identidad nacional.
La calidad del café costarricense es reconocida internacionalmente, gracias a factores como los suelos volcánicos ricos en nutrientes, altitudes ideales para una maduración pausada del grano y un clima con estaciones húmedas y secas claramente diferenciadas que favorecen su desarrollo.
El país cultiva principalmente variedades arábicas como Caturra y Catuaí, protegidas por normativas que prohíben el uso de café Robusta y limitan otras especies de alto rendimiento. La recolección manual garantiza granos maduros y homogéneos, mientras procesos como el método "miel" realzan sabores dulces y frutales, haciendo del café costarricense un producto de distinción.
Esta excelencia es respaldada por el Instituto del Café de Costa Rica (ICAFE), entidad pública creada en 1933 que regula, investiga y promueve la caficultura nacional. Financiado con un impuesto a las exportaciones, el ICAFE impulsa la sostenibilidad, mejora tecnológica y bienestar de los caficultores, siendo clave en la construcción de una caficultura moderna, resiliente y de calidad mundial.
EL CAFÉ COMO PUERTA DE ENTRADA A LA CULTURA COSTARRICENSE
Para quienes visitan Costa Rica, el café representa mucho más que un producto: es una puerta de entrada para entender la cultura, la historia y el entorno natural del país. Recorrer las rutas del café brinda la oportunidad de vivir una experiencia inmersiva que involucra todos los sentidos. En las fincas, los visitantes pueden conocer de cerca el proceso artesanal que hay detrás de cada taza, desde la selección de los granos hasta su tostado y preparación, en un entorno donde el respecto por el medio ambiente es fundamental.
Además, también es posible participar en catas guiadas que permiten descubrir la diversidad de perfiles de sabor que ofrece el café costarricense, dependiendo de su región de origen y el método de procesamiento.
Recorrer a pie sus extensas plantaciones no solo permite apreciar los paisajes y la biodiversidad, sino también entrar en contacto con las comunidades que han hecho del café parte de su vida diaria. Al visitar estos terrenos, los viajeros también descubren su gastronomía, costumbres y formas de vida, lo que convierte cada parada en una oportunidad para conocer la esencia de las zonas cafetaleras desde una perspectiva más humana y cercana.
DE VALLE CENTRAL A GUANACASTE: UN RECORRIDO POR LAS REGIONES DEL CAFÉ
Además, la ruta del café invita a descubrir regiones con características muy diversas entre sí, lo que permite al visitante vivir experiencias variadas a lo largo del país a través de tours de café y actividades inmersivas en fincas de especialidad. En ellos, los visitantes pueden descubrir todas las etapas de su proceso elaboración, desde la plantación, recogida del grano y tueste hasta degustaciones y catas.
En el Valle Central, que abarca zonas de San José, Heredia y Alajuela, la cercanía con la capital, el clima templado y la tradición cafetalera de siglos convierten a esta región en un punto de partida ideal. Aquí, muchas fincas abren sus puertas ofreciendo recorridos guiados, talleres y catas de café en entornos accesibles y bien conectados.
Más al sur, en la zona montañosa de Tarrazú, el café se cultiva en altitudes que superan los 1.600 metros, lo que le confiere un perfil de alta calidad, con notas aromáticas intensas y una acidez fina muy valorada en el mercado internacional. Esta región no solo destaca por su café de especialidad, sino también por sus paisajes rurales, la vida comunitaria y el arraigo de la tradición cafetalera en cada aspecto de la vida cotidiana.
En contraste, el clima cálido y seco de Guanacaste ofrece un entorno diferente, donde la producción se enfoca en prácticas responsables con el medio ambiente. En localidades como Cañas, Hojancha o Tilarán, es posible visitar fincas que trabajan bajo principios de sostenibilidad, utilizando sombra natural, secado solar y sistemas de manejo del agua, integrando la caficultura con la conservación del entorno.