Irak marca 15 años de conflicto ininterrumpido tras la invasión de EEUU y después de la derrota de Estado Islámico

Actualizado 20/03/2018 12:12:20 CET

El país celebra elecciones en mayo para terminar con la división y lograr estabilidad

MADRID, 19 Mar. (EUROPA PRESS) -

El 20 de marzo de 2003 Estados Unidos encabezó una intervención al margen de la comunidad internacional --y con el respaldo de España-- para derrocar al entonces presidente de Irak, Sadam Husein, esgrimiendo pruebas falsas sobre un presunto programa de armas de destrucción masiva y desencadenando una etapa de desestabilización a nivel interno y regional que aún resuena en la actualidad.

La 'Operación Libertad Iraquí' se extendió durante 21 días, tras lo que George W. Bush formuló su 'Misión cumplida' el 1 de mayo. Sin embargo, una miríada de grupos armados mantuvieron sus operaciones, aprovechando su experiencia militar y el armamento de los arsenales de las Fuerzas Armadas.

El régimen de Husein fue finiquitado semanas después, cuando Paul Bremer --administrador de la Autoridad Provisional de la Coalición-- ordenó la disolución del Ejército y el resto de administraciones 'baazistas', provocando un caos administrativo y de seguridad en medio de la inacción de las fuerzas ocupantes a la hora de proteger instalaciones civiles al margen de las militares y petroleras.

La decisión de Bremer derivó en un aumento de combatientes en las filas de los grupos armados, la mayoría de ellos suníes y algunos vinculados a Al Qaeda y otras formaciones salafistas, lo que se vio reflejado en un aumento de los ataques contra las fuerzas internacionales.

De esta forma, en los siguientes meses se sucedieron los atentados contra la Embajada jordana, el Hotel Canal --ataque en el que murió el enviado de la ONU para Irak, Sergio Vieira de Mello, junto a otras 21 personas-- y la base de las tropas italianas en Nasiriya, entre otros.

La lentitud y desorganización en el traspaso de poderes y la falta de confianza de la población en las nuevas autoridades impuestas por Estados Unidos tras la ocupación llevaron a una expansión de las hostilidades, a las que se sumaron milicias chiíes como la encabezada por el clérigo Muqtada al Sadr.

EL CONFLICTO SECTARIO

Poco a poco, el conflicto fue cayendo en un proceso de sectarización ante la marginación de la comunidad suní y el ascenso al poder de políticos chiíes vinculados con Irán, que logró de esta manera incrementar su influencia en la región.

A ello se sumó que en septiembre de 2005 el líder de Al Qaeda en Irak (AQI), Abú Musab al Zarqaui, declaró la "guerra total" contra los chiíes. Los enfrentamientos se expandieron después del atentado en febrero de 2006 contra la mezquita chií de Al Askari, en Samarra.

En este contexto, las autoridades decidieron seguir adelante con las elecciones de ese año, a pesar del boicot suní, lo que derivó en un Gobierno de mayoría chií encabezado por Nuri al Maliki --muy cercano a Teherán-- que sustituyó al de transición.

Meses más tarde, Husein fue ejecutado en la horca después de un proceso marcado por las irregularidades y que fue visto por parte de la comunidad suní como un nuevo ejemplo de venganza por parte de los chiíes.

En los siguientes meses, AQI logró aumentar su influencia pese a la muerte de su líder en un bombardeo estadounidense en junio de 2006, lo que llevó a Estados Unidos a enviar más tropas sobre el terreno en 2007 mientras entrenaba a las nuevas fuerzas iraquíes, que se fueron haciendo con el control de las operaciones.

Al Maliki, que consiguió la reelección en 2010, mantuvo sus políticas y su mandato estuvo marcado por el creciente descontento de la población suní, que denunciaba su marginación.

LA RETIRADA DE TROPAS Y LA CRISIS POLÍTICA

Finalmente, Washington ordenó la retirada de tropas del país en 2011, lo que llevó a las milicias suníes a aumentar sus ataques contra las fuerzas de seguridad y la comunidad chií, recrudeciendo el conflicto.

Esta polarización quedó plasmada en las protestas que se sucedieron a finales de 2013 en la provincia de Anbar, donde se produjeron sentadas para pedir una mayor democratización e igualdad de oportunidades, al hilo de la llamada 'Primavera Árabe' y en un momento delicado debido al conflicto desatado en la vecina Siria.

La complejidad del contexto iraquí estaba marcada por la guerra en el país vecino y el trasiego de milicianos y armas, que existía desde hacía una década debido al apoyo del presidente sirio, Bashar al Assad, a la insurgencia contra las tropas estadounidenses.

ESTADO ISLÁMICO Y EL CALIFATO

En 2013, Abú Bakr al Baghdadi, líder de Estado Islámico en Irak (ISI) --surgido a raíz de AQI-- anunció la creación de Estado Islámico en Irak y la Gran Siria (ISIS) a través de la unión con el grupo sirio Frente al Nusra --vinculado a Al Qaeda--, lo que fue rechazado por los líderes del grupo y de la organización terrorista, Abú Mohamed al Golani y Aiman al Zawahiri, respectivamente.

Una de las diferencias entre ambos grupos era que mientras que el Frente al Nusra combatía para derrocar a Al Assad, ISIS buscaba un califato en la región, para lo cual lanzó una ofensiva en verano de 2014, tomando gran parte del noroeste de Irak y provocando la dimisión de Al Maliki.

El grupo impuso en las zonas bajo su control en Irak y Siria una estricta aplicación de la 'sharia' y ejecutó matanzas contra diversas minorías y cualquiera que percibiera como un opositor, incluidos varios periodistas cuyas ejecuciones difundió en vídeo.

Finalmente, el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, ordenó una ofensiva que contó con el respaldo de Irán y de una coalición encabezada por Estados Unidos y la participación de los peshmerga --las fuerzas de seguridad del Kurdistán iraquí--.

La ofensiva permitió a Irak recuperar el terreno perdido y en noviembre de 2017 Al Abadi anunció la derrota militar de los yihadistas, a pesar de lo cual han continuado perpetrando atentados en el país.

LA DISPUTA CON EL KURDISTÁN

Pese a la unidad en la ofensiva contra Estado Islámico, las tensiones entre el Gobierno central y el Kurdistán se dispararon en septiembre a raíz del referéndum de independencia en la región, que se saldó con una victoria del 'sí'.

Por ello, Al Abadi ordenó una ofensiva para recuperar las zonas en disputa --incluida la provincia de Kirkuk-- e impuso un bloqueo a los aeropuertos de la región, levantado la semana pasada.

El Kurdistán iraquí es autónomo e independiente 'de facto' desde la guerra de Irak de 1991 y cuenta con su propio Ejército. Es una de las cuatro regiones históricas del Kurdistán junto con la región kurdo-siria (Rojava), el sureste de Turquía y el noroeste de Irán.

LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

Irak celebrará elecciones locales y parlamentarias el 12 de mayo, un proceso en el que finalmente podrán participar los desplazados por el conflicto en el país, después de las críticas de políticos suníes contra su exclusión de los comicios.

Al Abadi anunció en enero que se presentará a la reelección al frente del bloque Alianza de la Victoria, integrada por el Movimiento Hikma y las Fuerzas de Movilización Popular --una coalición de milicias principalmente chiíes--.

El anuncio de Al Abadi, miembro del partido Dawa, llegó apenas un día después de que el Al Maliki, líder de la formación, afirmara que se presentará a las elecciones bajo la coalición Estado de Derecho.

Si bien ambos son los principales favoritos debido al respaldo de la comunidad chií, entre los candidatos figuran también Al Sadr --quien encabeza la Alianza de Revolucionarios por la Reforma--; Osama al Nuyaifi, vicepresidente del país y el líder político suní más destacado de Irak; Ayad Allaui --quien fue primer ministro interino entre 2004 y 2005--; y Barzani, quien encabeza el Partido Democrático Kurdo (PDK).

Las autoridades iraquíes han apostado por convertir las elecciones en un nuevo punto de partida para el país, que necesita un firme impulso a nivel de reconstrucción y de unidad nacional para poner fin a 15 años de conflicto ininterrumpido.