La Cartuja de Sevilla: la fórmula magistral con casi 200 años que convierte el 'bizcocho' en fina porcelana

1102652.1.260.149.20260708123050
Vídeo de la noticia
Piezas de La Cartuja decoradas tras pasar por varias fases en su proceso de fabricación - ROCÍO RUZ-EUROPA PRESS
Europa Press Andalucía
Actualizado: miércoles, 8 julio 2026 12:50

SEVILLA 8 Jul. (EUROPA PRESS) -

La Cartuja de Sevilla sigue fiel a una fórmula magistral que, con casi dos siglos de vida, proporciona una fina y apreciada porcelana, que tiene entre sus componentes cuarzo, caolín, sílice, arcilla y arena, entre otros. De una masa oscura, resultante de un mezcla denominada barbotina, que se presenta en dos estados --líquida para la elaboración de piezas huecas y sólida para las planas--, hasta una bonita pieza artesanal esmaltada, después de un complejo proceso productivo con exigentes estándares de calidad.

Bien a través de máquinas específicas que prensan el barro sólido, en el caso de las piezas planas, bien vertiendo la pasta líquida en el interior del molde de escayola --uno para cada pieza--, el proceso comienza con la fase de moldeado. En esta última, una vez que la pasta líquida para colaje cuaja en sus paredes y adopta el grosor adecuado, se desecha la materia sobrante y se retira el molde para que se inicie la fase de secado, tal como explica sobre el terreno Sebastián Fernández, jefe de fábrica de La Cartuja de Sevilla.

Todas las piezas realizadas mediante la técnica del collage, "suelen presentar unas rebabas propias de la unión de las distintas partes que componen el molde". En este sentido, una vez seca la pieza, a temperatura ambiente o en secaderos, donde se quita la humedad, "se repasa con una cuchilla para eliminar las juntas del molde en la pieza, lo que llamamos despatillado, algo que se puede apreciar en el caso de las asas. Posteriormente la pieza es refinada con una esponja humedecida en agua", detalla el responsable de la fabricación.

En lo que al proceso de cocción se refiere, el producto pasa por hasta tres cocciones. Tras un primer paso por el horno, donde permanece en torno a 16 horas a una temperatura máxima de 1.150 grados, se obtiene la 'loza bizcochada', "blanca, dura y tan característica de La Cartuja", abunda al respecto.

En cuanto a las técnicas de decoración, junto a la estampación y la pintura a mano, la que más se utiliza en la actualidad es la calcomanía, técnica que consiste en decorar las piezas mediante papeles con una decoración que previamente ha sido impresa con un "proceso fotolitográfico".

Este papel se aplica a mano por las decoradoras --la inmesa mayoría de artesanos que hacen esta labor son mujeres-- "sobre la pieza en bizcocho", resultado de la primera cocción, "y tras aplicarle el tapaporos, que es un líquido plástico aplicado a las piezas que van a ser decoradas", apostilla Sebastián Fernández, muchas de ellas, con motivos inspirados en Sevilla, como el antiguo puente de barcas o la Plaza de España, con los clásicos modelos en rosa y en negro, "aunque también tenemos en marcha diseños vegetales y en octubre empezaremos a fabricar una línea vanguardista".

Las piezas pasan por una segunda cocción con el objetivo de que quede fijado el color; en el horno permanecerán ocho horas a 800 grados de temperatura.

En la última fase del proceso --que suele durar en total semana o semana y media--, las piezas se someten al esmaltado o vidriado, "sumergiendo la pieza en barniz, a mano y una a una", como subraya el director de producción. Tras esto, pasa a una tercera cocción, esta vez a 1.050 grados, gracias a la cual se consigue una gran brillantez, protegiendo de esa manera los colores presentes en la decoración", remata el responsable de fábrica.

Una marca, con el reconocible sello del ancla, con casi dos siglos de vida, desde que su fundador, el marqués Charles de Pickman, de familia marinera, llegó a Sevilla para impulsar una nueva fábrica de loza fina con la que competir con el dominio de las marcas inglesas, adquiriendo para ello el Monasterio de Santa María de las Cuevas, en la isla de la Cartuja.

Además de la Casa Real Española, La Cartuja ha estado presente en otras casas reales europeas, entre ellas, las de Isabel de Baviera, emperatriz de Austria y Reina de Hungría. Un largo periplo que comenzó en 1841 y que continúa en la actualidad después de que el pasado mes de abril se retomara la producción en su fábrica de Salteras (Sevilla), tras la compra del grupo formado por Gabriela y Paola Luksic y Javier Targhetta.

Contador

Contenido patrocinado