Imagen de archivo. - CSIC
SEVILLA 19 Jun. (EUROPA PRESS) -
Un estudio internacional, liderado por la Universidad de Friburgo y con participación de la Estación Biológica de Doñana (EBD), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha constatado cambios en el comportamiento de la fauna que habita la zona de exclusión de Chernóbil provocados por la invasión rusa de 2022.
Tal y como ha señalado CSIC en una nota de prensa, el trabajo, basado en una red de cámaras trampa instaladas previamente a la invasión, es el primero a nivel mundial que analiza los efectos de la guerra sobre la biodiversidad antes, durante y después del conflicto, y no solo tras la finalización del mismo. Aunque el impacto varió según la especie, los resultados publicados en Science destacan alteraciones en la fauna como la reducción de la actividad nocturna en el ciervo y el zorro. Así, Chernóbil es "uno de los mayores refugios actuales de la vida silvestre en Europa".
La conocida zona de exclusión, un área restringida de unos 30 kilómetros de radio alrededor de la central nuclear, fue invadida por Rusia durante 35 días, entre de febrero y marzo de 2022. Según los investigadores, la brevedad de la ocupación impide detectar patrones claros. Sin embargo, sí pudieron observar alteraciones inmediatas en el comportamiento de muchas especies, que respondieron de forma distinta.
Además de la menor actividad nocturna en el ciervo y el zorro, los resultados destacan variaciones en la presencia de corzos, liebres y lince euroasiático, entre otros mamíferos, en función de los niveles de actividad militar.
UN EXPERIMENTO CIENTÍFICO EN PLENA INVASIÓN RUSA
El comunicado ha destacado que el estudio "fue fruto de una casualidad". La zona de exclusión de Chernóbil, abandonada tras el accidente nuclear de 1986, se ha convertido durante las últimas décadas en un importante laboratorio natural para estudiar procesos de restauración ecológica.
"La escasa población humana en la zona ha favorecido el aumento de las poblaciones de fauna silvestre. También ha propiciado la recolonización del área por especies que se habían extinguido localmente antes de la catástrofe, como el oso pardo o el lince euroasiático, o que no eran tan numerosas, como el alce, el ciervo, el jabalí o el lobo", ha explicado la investigadora de la Universidad de Friburgo y primera autora del estudio, Svitlana Kudrenko.
En los años 90, se emprendió, además, un proyecto para reintroducir el caballo de Przewalski, en peligro de extinción. En este contexto, en enero de 2021, un año antes de la ocupación rusa, se había iniciado un proyecto de seguimiento a través de una red de cámaras trampa de la población de lince euroasiático que habita la zona de exclusión de Chernóbil.
Un año después, las fuerzas militares rusas ocuparon la zona desde el 24 de febrero hasta el 1 de abril de 2022 y la utilizaron como corredor estratégico para avanzar hacia Kiev. Durante ese periodo se registraron bombardeos, movimientos de vehículos militares, incendios y otras actividades asociadas al conflicto.
Después de que los militares rusos desocuparan la zona, el equipo científico se dio cuenta de que la tragedia de la guerra ofrecía una oportunidad única para observar cómo los animales habían respondido a las perturbaciones provocadas por el conflicto. El equipo pudo recuperar meses más tarde los datos de 31 cámaras, gracias a la ayuda de las Fuerzas Armadas de Ucrania, que despejaron y aseguraron la zona. El terreno escondía minas antipersona que terminaron provocando, al menos, la muerte de tres caballos Przewalski.
"Además de nuestro proyecto de investigación original, también pudimos investigar lo que hasta entonces solo se había estudiado en zonas de entrenamiento militar", ha afirmado el coautor del estudio y también investigador de la Universidad de Friburgo, Marco Heurich.
RESPUESTAS DIFERENTES EN UN ENTORNO DE CONFLICTO
El equipo científico estudió el comportamiento de once especies de animales. "En un principio, supusimos que, como respuesta a las perturbaciones provocadas por el conflicto armado, los animales se volverían más nocturnos y vigilantes, y evitarían los lugares con presencia humana constante. Este comportamiento ya se ha documentado y habíamos supuesto que se intensificaría durante el conflicto armado", explica Kudrenko.
Sin embargo, aunque esto era cierto para algunas de las especies estudiadas, no encajaba con los comportamientos de algunas otras. Por ejemplo, zorros y ciervos redujeron su actividad nocturna en comparación con el mismo periodo del año anterior como respuesta al aumento de la intensidad del conflicto.
Además, se redujeron los avistamientos de corzos durante los periodos de mayor intensidad militar y aumentaron los de liebres durante los periodos de anomalías térmicas, relacionados con incendios forestales, lo que refleja la alta sensibilidad de estas especies a los factores de estrés.
Durante la ocupación, estas especies podrían haber pasado de considerar a los humanos una fuente más de perturbación a una amenaza letal, similar a la de sus depredadores animales, con posibles consecuencias ecológicas y evolutivas.
Sin embargo, no todas las especies evitaban los asentamientos humanos. Mientras que jabalíes y los perros mapache parecían evitarlos, zorros y linces eran detectados de manera más frecuente cerca de estos sitios, lo que sugiere que los usaban como fuente de recursos.
UNA DIMENSIÓN POCO ESTUDIADA
De esta manera, el equipo científico ha advertido de que los efectos observados podrían representar solo una parte de las consecuencias ecológicas de la guerra. Una prolongación de la actividad militar podría generar cambios más profundos en el uso del hábitat, en el comportamiento de las especies, en la dinámica de las poblaciones a largo plazo y variaciones en la estructura de las comunidades.
"Desde la invasión rusa, Chernóbil ha pasado de ser un caso singular de 'rewilding' o restauración pasiva en ausencia de humanos a una zona de intensa actividad militar, donde la investigación está muy limitada", ha explicado la investigadora de la Estación Biológica de Doñana-CSIC y coautora del estudio, Nuria Selva.
"En el contexto geopolítico actual, es urgente reforzar la financiación y el apoyo a los científicos que trabajan en estas zonas, ya que los territorios en conflicto son cada vez más numerosos. Iniciativas como SAFE, que ofrece becas para que investigadores que se encuentran en riesgo por motivos de discriminación, persecución o violencia puedan desarrollar su trabajo en otras instituciones europeas, deberían tener una continuidad. La guerra en Ucrania no ha terminado".
Tal y como ha destacado CSIC, la investigación "pone de relieve el impacto sobre la biodiversidad de los conflictos armados, una dimensión aún poco estudiada".
Además de sus devastadoras consecuencias para la vida y el bienestar de las personas, puede provocar declives severos de poblaciones, alteraciones ecológicas y, en algunos casos, extinciones locales de especies.
Al mismo tiempo, los avances recientes en tecnologías relacionadas con la monitorización remota y automatizada abren nuevas posibilidades para estudiar este aspecto sin riesgo para el personal científico.
En un contexto de creciente militarización y crisis ambientales globales, el equipo investigador reclama estrategias específicas para monitorizar, investigar y proteger los ecosistemas afectados por los conflictos bélicos.