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El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes en Aragón, Ignacio Pérez-Soba, durante la entrevista concedida a Europa Press sobre la prevención de incendios forestales y la gestión sostenible de los montes. - EUROPA PRESS
El decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Aragón asegura que el fuego es la consecuencia de un modelo de abandono del territorio
La gestión forestal, el gran reto pendiente para frenar unos incendios cada vez más extremos y más difíciles de controlar
ZARAGOZA, 1 Ago. (EUROPA PRESS) -
Las imágenes de grandes incendios forestales vuelven a ocupar portadas y abrir informativos cada verano. Miles de hectáreas calcinadas, pueblos evacuados, viviendas amenazadas y dispositivos de extinción luchando durante días contra fuegos cada vez más intensos se han convertido en una realidad habitual en España. Sin embargo, detrás de esa emergencia existe un problema mucho más profundo que, según ha explicado el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes en Aragón, Ignacio Pérez-Soba, lleva décadas gestándose: el abandono sistemático de los montes y la falta de profesionales del sector.
"Los incendios no pueden analizarse por lo que ocurre en un verano concreto", ha advertido Pérez-Soba durante una entrevista concedida a Europa Press. Para él, el fuego es únicamente la consecuencia visible de un modelo de abandono del territorio que se arrastra desde hace más de cuarenta años.
"El resultado es el de cuatro décadas de ignorancia hacia los montes por parte de toda la sociedad", ha resumido. A su juicio, España ha pasado de explotar excesivamente los bosques durante buena parte del siglo XX a una situación completamente opuesta, en la que muchos ciudadanos consideran que el monte debe permanecer intacto y cualquier aprovechamiento forestal despierta recelos.
Según ha sostenido el decano, ese cambio de mentalidad ha provocado que los bosques acumulen cada año más biomasa sin ningún tipo de gestión. "Nuestra ausencia también se acumula en el monte", ha afirmado. Cuando esa enorme cantidad de combustible coincide con condiciones meteorológicas extremas, el resultado son incendios de dimensiones cada vez mayores.
Pérez-Soba ha recordado que la profesión de ingeniero de montes nació hace casi 180 años para intervenir sobre esos procesos naturales de forma compatible con la conservación de los ecosistemas y con la seguridad de las personas. Sin embargo, no comparte que el sector forestal haya ido perdiendo peso hasta convertirse, en muchos casos, en un gran desconocido para la sociedad.
EL ABANDONO DEL MONTE PESA MÁS QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO
El cambio climático aparece como la explicación principal de los grandes incendios. El decano no niega su influencia, pero rechaza que sea el origen del problema. "El calor no provoca incendios", ha insistido. "Lo que provoca un incendio es una chispa". El cambio climático, ha destacado, actúa como un agravante porque prolonga las olas de calor, intensifica las sequías y dificulta las labores de extinción, pero no sustituye la necesidad de gestionar el territorio.
Entre los cambios que ya están observando los profesionales destaca la desaparición progresiva de la denominada "ventana de oportunidad" nocturna. Tradicionalmente, durante la noche descendían las temperaturas, aumentaba la humedad y el comportamiento del fuego se suavizaba, permitiendo a los equipos de extinción avanzar con mayor eficacia.
"Cada vez encontramos más noches en la que apenas baja la temperatura, no aumenta la humedad y los vientos ya no responden al comportamiento tradicional", ha manifestado.
Aun así, el decano considera que el principal factor sigue siendo la pérdida de actividad humana en el medio rural y en el ámbito forestal. No se trata solo de la despoblación, ha aclarado, sino de que incluso quienes continúan viviendo en los pueblos han dejado, en muchos casos, de mantener una relación económica y cotidiana con el monte.
"La sociedad tiene que volver a ser forestal", ha subrayado. Para ello apuesta por recuperar el aprovechamiento sostenible de recursos como la madera, las leñas, los pastos, la caza, la pesca, las setas o las trufas, actividades que, además de generar empleo, ayudan a reducir la carga de combustible vegetal.
INCENDIOS MÁS GRANDES Y CAUSAS QUE SIGUEN SIENDO HUMANAS
Los incendios vividos este verano en Aragón, como los registrados en las Cinco Villas o en Leciñena, refleja, según Pérez-Soba, la complejidad de los grandes fuegos actuales.
En el caso del incendio de las Cinco Villas (Zaragoza), ha recordado que estuvo gobernado por el viento, con cambios constantes de dirección que dificultaban enormemente cualquier estrategia de extinción.
Pero, más allá del comportamiento del fuego, ha insistido en una cuestión que considera esencial: la mayoría de los incendios siguen teniendo origen humano. Según ha revelado, en Aragón alrededor del 51% de los incendios forestales se deben a accidentes o negligencias. Entre ellas figuran labores agrícolas, líneas eléctricas, infraestructuras ferroviarias, carreteras o el uso de maquinaria. "Si sabemos que más de la mitad de los incendios están en nuestras propias manos, deberíamos actuar de una forma más decidida", ha resaltado.
En su opinión, resulta imprescindible reforzar la prevención mediante una normativa consensuada con todos los sectores implicados para reducir al máximo esos riesgos, porque cuanto mayores son los incendios, más dejan de ser un problema exclusivamente forestal.
"LOS INCENDIOS NO SE APAGAN EN VERANO, SE PREVIENEN TODO EL AÑO"
Una de las expresiones más repetidas por los profesionales forestales sostiene que "los incendios se apagan en invierno". Pérez-Soba comparte parcialmente esa idea, aunque prefiere reformularla. "No se trata solo del invierno; debemos trabajar todos los días, durante todo el año y todos los años", ha defendido.
Ese trabajo incluye actuaciones de selvicultura para retirar el exceso de vegetación acumulada, la mejora y ampliación de la red de caminos forestales, la recuperación de terrenos abandonados y el impulso de una gestión coordinada sobre millones de hectáreas cuyos propietarios, en muchos casos ni siquiera están identificados. "Si no llegamos al monte, no podremos hacer nada", ha confirmado.
El decano ha lamentado la perdida progresiva de profesionales especializados. Ingenieros o maquinistas se jubilan sin que exista relevo suficiente, mientras la sociedad desconoce las múltiples oportunidades laborales que ofrece el sector.
Actualmente, ha reiterado, en Aragón solo se aprovecha alrededor del 13% del crecimiento anual de las masas forestales. "El otro 87% se queda en el monte. Si multiplicamos eso por cuarenta años, entendemos perfectamente el panorama que tenemos hoy", ha aseverado.
"NO PODEMOS ACORDARNOS DE LOS MONTES SOLO CUANDO ARDEN"
Desde el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes de Aragón, buena parte del trabajo consiste precisamente en intentar cambiar esa percepción social. Pérez-Soba ha incidido en una visión mucho más amplia del monte, en la que la gestión forestal sostenible no solo reduzca el riesgo de incendios, sino que contribuya a conservar los ecosistemas, impulsar la economía rural y aumentar la resiliencia frente al cambio climático.
"Un monte bien gestionado tendrá mucha más resistencia frente a los incendios y frente a otras perturbaciones como las sequías o las mortandades derivadas del calentamiento global", ha asegurado.
Por ello reclama que los incendios dejen de ser un asunto exclusivamente estival y pasen a formar parte de una estrategia permanente de gestión del territorio.
Porque, ha insistido, el verdadero reto comienza cuando desaparecen las llamas. Tras cada gran incendio llegan años de restauración ambiental, recuperación del paisaje y planificación forestal, una etapa que, denuncia, suele quedar rápidamente olvidada.
"Ver un monte destruido causa una verdadera desolación", ha concluido. Por eso concuerda en que la mejor forma de protegerlos no consiste únicamente en apagar los incendios cuando aparecen, sino en recuperar una relación activa, sostenible y continuada con ellos durante todo el año.