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El Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, Luis Navarro y Elola, relata el día a día de la institución y lo que significa pertenecer a ella - EUROPA PRESS
ZARAGOZA 16 May. (EUROPA PRESS) -
La Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, una de las corporaciones nobiliarias más antiguas de España, mantiene en pleno siglo XXI una actividad cultural, social y patrimonial que busca preservar el legado histórico, mientras se adapta a la sociedad actual. Así lo explica su teniente de hermano mayor, Luis Navarro y Elola, quien subraya que se trata de una institución "con pasado, presente y futuro", vinculada a la Corona y comprometida con la difusión cultural.
El origen de la Maestranza se remonta a la organización del estamento nobiliario tras la Reconquista, aunque su primer gran hito documentado llega en 1505, cuando el rey Fernando II de Aragón otorgó las primeras ordenanzas a la Cofradía de San Jorge, germen de la actual institución. Aquella cofradía de nobles fue evolucionando durante siglos, con nuevas regulaciones como las impulsadas en 1675 por Carlos II.
DE COFRADÍA A REAL MAESTRANZA
Sin embargo, el momento decisivo llegó en el siglo XIX, tras la Guerra de la Independencia. La participación de nobles aragoneses en la defensa de Zaragoza frente a las tropas napoleónicas, integrados en el regimiento de almogávares liderado por Palafox, marcó un punto de inflexión.
"El comportamiento de los nobles de Aragón fue heroico", destaca Navarro. Como reconocimiento, en 1819 el rey Fernando VII elevó la cofradía al rango de Real Maestranza, situándose al nivel de otras instituciones similares como las de Sevilla, Ronda, Granada o Valencia.
De este modo, la entidad pasó de ser una cofradía histórica a convertirse en una corporación nobiliaria de mayor rango, cuyos miembros adoptaron la condición de caballeros maestrantes. "En nuestro origen somos los más antiguos, pero como Real Maestranza somos la más moderna", resume Navarro.
En la actualidad, la Real Maestranza se define como una institución ligada a la Corona que mantiene sus tradiciones sin renunciar a su papel en la sociedad contemporánea. "La nobleza ya no otorga privilegios, pero sí implica la responsabilidad de conservar el prestigio y el honor acumulados durante siglos", explica. Ese compromiso se traduce en una actividad que abarca ámbitos culturales, sociales y artísticos.
ACCESO Y ESTRUCTURA INTERNA
El acceso a la institución continúa siendo restringido y responde a criterios históricos. Para formar parte de ella es necesario acreditar la nobleza o hidalguía a través de pruebas genealógicas. "Hay que demostrar el linaje en los cuatro primeros apellidos", da a conocer el teniente, en referencia a un proceso regulado por las ordenanzas vigentes. A pesar de ello, se mantiene un flujo constante de incorporaciones, con nuevas juras previstas cada año.
En este sentido, Navarro insiste en que, pese a los requisitos de acceso, la institución no es ajena a la evolución social. "Cubrir la continuidad generacional es fundamental", expone, al tiempo que reseña que la incorporación de nuevos miembros permite mantener viva la actividad de la corporación y garantizar la transmisión de sus valores. En este proceso, agrega, se combinan el respeto a las normas históricas con una visión de futuro que permita la adaptación a los nuevos tiempos.
Otro de los elementos que definen a la Real Maestranza es su simbología, estrechamente ligada a la historia de Aragón. Entre sus emblemas destaca la cruz de Íñigo Arista, incorporada en 1908 por Alfonso XIII, que se suma a la tradicional cruz de San Jorge. "Es un símbolo que representa el vínculo con la Corona y con la historia del antiguo Reino de Aragón", apostilla Navarro, destacando el valor identitario que conserva dentro de la institución.
Asimismo, la tradición ecuestre, que da nombre a las maestranzas, continúa formando parte del imaginario de la corporación, aunque su función haya evolucionado con el paso del tiempo. "En su origen, las maestranzas eran centros de formación en el uso de las armas y del caballo", rememora Navarro, en referencia a una época en la que no existían ejércitos permanentes y los nobles desempeñaban un papel clave en la defensa del territorio.
Hoy, ese espíritu se mantiene desde una perspectiva simbólica y cultural, en una institución que ha sabido reinterpretar su legado para proyectarlo hacia el futuro. "Se trata de conservar lo que somos, pero también de entender el contexto en el que vivimos", apostilla.
La Real Maestranza cuenta con alrededor de 300 miembros repartidos en toda España, con una peculiaridad que la distingue del resto: la fuerte presencia femenina. "Somos la que tiene más damas, algo de lo que estamos especialmente orgullosos", refiere Navarro, recordando que el papel de la mujer está presente desde los orígenes de la Cofradía de San Jorge y fue regulado formalmente en las ordenanzas de 1922.
Más allá de su carácter histórico, la actividad diaria de la institución se centra en la programación cultural y la acción social. La sede acoge recitales de música, conciertos de jotas o ciclos dedicados a distintas épocas, como los vinculados al tiempo de Goya. "Queremos que este patrimonio esté vivo y al servicio de la sociedad", manifiesta Navarro, quien también ensalza la colaboración con el Gobierno de Aragón en iniciativas culturales.
A esta labor se suma la vertiente solidaria, con la organización de galas benéficas y la colaboración con distintas ONG. Para Navaro, la clave de la pervivencia de la institución reside en "la ilusión y la motivación de sus miembros", que permiten mantener activas tradiciones centenarias sin perder su utilidad en el presente.
PATRIMONIO Y APERTURA AL PÚBLICO
Uno de los elementos fundamentales de la Real Maestranza de Caballería es su sede, un palacio renacentista del siglo XVI que constituye un importante bien patrimonial. El edificio, adquirido a principios del siglo XX a la familia Jordán de Urriés, permite el desarrollo de las actividades de la corporación y alberga gran parte de su legado histórico. Fue la antigua casa palacio de Miguel Donlope y se declaró Monumento Histórico-Artístico en 1931.
En su interior se pueden ver espacios como los salones de juntas, las salas de recepción o las estancias donde se conserva una colección textil con piezas originales del siglo XVIII, como casacas y chalecos de antiguos cofrades. Entre sus tesoros más singulares figura el tapiz de San Jorge, una obra de finales del siglo XV o principios del XVI que representa al santo patrón de Aragón venciendo al dragón y que ha sido cedida en numerosas ocasiones para actos institucionales.
El mantenimiento del edificio supone un esfuerzo constante porque cualquier intervención debe respetar su condición de Bien de Interés Cultural. "Lo restauramos poco a poco, con nuestros propios recursos y con el máximo respeto al patrimonio", dice el teniente de hermano mayor.
A pesar de su carácter privado, la Real Maestranza ha apostado en las últimas décadas por abrir sus puertas al público. Desde el año 2000, un convenio con el Ayuntamiento de Zaragoza permite organizar visitas guiadas los fines de semana, con grupos reducidos. "Han pasado miles de personas por aquí y cada vez hay más interés", asegura Navarro, destacando que en ocasiones se generan listas de espera.
La organización interna de la institución mantiene denominaciones históricas. El Hermano Mayor es el rey de España, actualmente Felipe VI, mientras que el teniente de hermano mayor --cargo que ostenta Navarro desde 2015-- se encarga de la gestión cotidiana. Junto a él, otros cargos como el fiscal o el secretario completan la estructura de gobierno.
Con más de cinco siglos de historia a sus espaldas y una actividad que combina tradición y modernidad, la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza continúa reivindicando su papel como custodio del patrimonio y agente cultural. "Nuestro deber es mantener lo que hemos recibido y darlo a conocer", concluye Navarro.