Santisteve defiende que la memoria histórica no tiene "afán de venganza", pero "tampoco olvida"

Descubrimiento del monolito.
EUROPA PRESS
Publicado 27/10/2018 15:24:53CET

Más de 300 personas participan en un homenaje a 200 fusilados navarros en 1936 en Zaragoza

ZARAGOZA, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -

El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, ha defendido que la memoria histórica no tiene "afán ni de rencor ni de venganza" pero "tampoco olvida" porque "consiste en ejercer el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación".

Santisteve ha participado este sábado, 27 de octubre, en un acto organizado por el Ayuntamiento de Zaragoza y el Gobierno de Navarra en memoria de los más de 200 navarros alistados en el Tercio de Sanjurjo que fueron fusilados en los primeros meses del golpe militar de 1936, en Zaragoza, y enterrados en una fosa común en el Cementerio de Torrero.

El homenaje, que ha tenido lugar en el citado cementerio, ha contado con la asistencia de la presidenta del Parlamento de Navarra, Ainhoa Aznárez; la presidenta de las Cortes de Aragón, Violeta Barba, y de la consejera de Relaciones Ciudadanas e Instituciones del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, entre otras autoridades.

El alcalde de la capital aragonesa ha explicado que en el acto se acoge "a todas las familias de Navarra", reivindicando "la memoria de estos casi 300 asesinados" porque "no puede ser el olvido". "Este monolito viene a reparar y a convertir este cementerio de Torrero en un cementerio vivo, en memoria y en recuerdo de hechos que no deberían volver a ocurrir nunca".

Por su parte, la consejera de Relaciones Ciudadanas e Instituciones del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, ha asegurado que el Ejecutivo navarro comparte con el Consistorio zaragozano la concepción de que "una sociedad amnésica nunca será una sociedad democrática", así como "la necesidad de visibilizar y recuperar esa memoria transmitida durante más de 80 años por las familias y las asociaciones".

"Entendemos que desde las instituciones tenemos que participar y organizar estos actos de reconocimiento y reparación a estas víctimas de una violencia injustificada e injusta", ha concluido Ollo.

MONOLITO

Santisteve y Ollo han descubierto un monolito en recuerdo y reconocimiento a los familiares que exhumaron los restos de los fusilados navarros del cementerio de Torrero en febrero de 1979, resaltando el valor de su compromiso y trabajo por la memoria. La figura, obra de Javier Unzué, representa un hombre cabizbajo, con los brazos en alto y con un agujero en el pecho.

En el acto también han estado presentes el presidente de la Federación Navarra de Municipios y Concejos, Pablo Azcona, y representantes de las entidades locales de donde procedían las víctimas, como el alcalde de Sartaguda, Paolo Albanese, y familiares de las personas fusiladas.

Más de 300 familiares han asistido al barrio de Torrero a este homenaje, que ha comenzado con el himno de Navarra, la intervención de Pedro Santisteve y de Paolo Albanese, y de una interpretación musical a cargo de Maite Mené, quien ha dedicado una canción a su abuelo, asesinado y enterrado en la capital aragonesa.

Tras la intervención de tres familiares de asesinados, se ha procedido a ka lectura de los nombres de las víctimas vinculados a sus localidades de origen. El acto memorialista ha finalizado con una ofrenda en la que se ha depositado un clavel por cada asesinado.

EXHUMACIÓN

En 1979 se exhumaron los restos de los navarros pertenecientes al Tercio de Sanjurjo que fueron fusilados en Zaragoza. En el verano de 1936, muchos hombres fueron presionados para alistarse en el Tercio de Sanjurjo y combatir en las filas de los sublevados como vía para escapar de la represión y de la amenaza de una muerte probable.

En agosto del 36, los mandos militares sublevados organizaron una bandera de la Legión, denominada General Sanjurjo, para actuar en el frente de Aragón, a la que incorporaron forzosamente a varios cientos de vecinos de distintas localidades navarras. En octubre del mismo año, sin haber llegado a combatir, ante las sospechas que despertaba su pasado político, un numeroso grupo de ellos fue trasladado a Zaragoza, donde fueron fusilados.

Más de 600 varones, procedentes de decenas de pueblos de Aragón, Navarra, La Rioja y Soria, fueron conducidos a Zaragoza para ser trasladados a Almudévar, en la línea del frente. Allí llegaron el 29 de septiembre, destinados a entrar en combate. Sin embargo, las autoridades militares del bando sublevado desconfiaron de ellos, por el riesgo de una posible deserción masiva, y decidieron dar un castigo ejemplarizante.

Fueron devueltos al campo de San Gregorio y, en los primeros días de octubre, un número todavía sin determinar de ellos fueron asesinados. Se estima que pudieron ser 224 los navarros allí fusilados. Sus cuerpos fueron trasladados en camiones al cementerio de Torrero y enterrados en una gran fosa común.

LOCALIDADES

Las investigaciones sobre esa matanza cifran en más de 300 los soldados asesinados, de los cuales en torno a 223 eran navarros, procedentes de 24 localidades: Sartaguda (44 asesinados), Lodosa (21), Cárcar (18), Andosilla (16), Mélida (16), Marcilla (14), Olite (14), Sangüesa (13) Pitillas (13), Murillo el Fruto (12), Carcastillo (7), Cadreita (6), Ujué (5), Funes (4), Santacara (4), Monteagudo (3), Ablitas (2), Arróniz (2), Mendavia (2), Tafalla (2), Sesma (2), Estella (1), Lerín (1) y Peralta (1).

Sus familiares tuvieron que esperar más de 40 años para que se diera la oportunidad de la exhumación. En Navarra, se había iniciado en 1978 un potente movimiento de familiares con apoyo de algunos curas y alcaldes, que iniciaron las conocidas como exhumaciones tempranas. De todas las comunes exhumadas, la mayor fue la del cementerio de Torrero.

Tras conseguir la autorización del Ayuntamiento de Zaragoza, el 10 de febrero de 1979 un grupo de familiares procedente de 16 localidades de Navarra y La Rioja llevó a cabo la exhumación de los restos. Más tarde, un cortejo formado por más de 600 personas acompañó la entrega de los restos a sus familiares. Así, fueron trasladados a sus localidades de origen y enterrados en los panteones que se estaban construyendo en los cementerios de muchas localidades navarras.