Javier Yebra, maromero de la Vaquilla de Cuenca - JAVIER YEBRA
CUENCA, 16 Sep. (EUROPA PRESS) -
A dos días del pistoletazo de salida para una nueva edición de las fiestas en honor a San Mateo en la capital conquense, los maromeros encargados de guiar a las reses ya descuentan las horas para el primer chupinazo y para que el olor a vaca inunde las calles del casco antiguo.
Javier Yebra, uno de los maromeros para la próxima edición de la Vaquilla, ha desgranado los sentimientos que atraviesan a un mateo de corazón poco antes de la semana grande. "Lo he mamado desde pequeño; siempre he tenido afición".
Así lo ha asegurado en una entrevista con El Digital de Cuenca. A sus 42 años es uno de los maromeros más jóvenes de la cuadrilla. Entró hace cuatro años, en la última incorporación, junto a otros dos nuevos miembros. Su relación con la Vaquilla de San Mateo viene, sin embargo, de mucho antes.
"Vivo en Madrid, pero mis padres son de Cuenca. Mi padre, desde pequeño, ya ha estado subiendo a la Vaquilla porque teníamos una familia que tenía un balcón en pleno recorrido de la vaquilla. Entonces, es algo que he mamado desde pequeño y que me ha gustado. Siempre he tenido afición hacia el mundo taurino", explica.
Con 16 años comenzó a correr delante de las reses y, con 24, recibió el premio al mejor corredor por parte de la Peña de Los Canónigos. Con el paso de los años, sin embargo, comenzó a notar que su condición física ya no era la misma.
"A partir de los 30 y pico mi condición física baja. Yo noto que no soy el mismo de antes corriendo y justo nace mi hijo y me llaman los maromeros. Me llama Álvaro, el jefe de maromeros actual, y me dice que necesitan ampliar la plantilla".
Para Yebra, aquella llamada llegó en el momento oportuno. "Pensé que era el momento oportuno para dejar de estar delante de los cuernos para ir atrás, poder ir siguiendo y seguir viviendo esta afición que tengo, taurina, de San Mateo. Poder seguir ahí. Entonces, me pareció el momento ideal y ahí llevo cuatro años aprendiendo y disfrutando".
"La primera vez que cogí la maroma fue una sensación de nervios y una sensación de privilegio, el poder estar ahí. Yo me acuerdo qué eché una carrera desde la Ante plaza hasta abajo, hasta Alfonso Octavo, y subir. Simplemente eso. Y creo que no he sudado más estando delante de la vaca que ese día de los nervios que tenía", asegura.
El resto de la entrevista puede consultarse en El Digital de Cuenca.