La obra de José Cruz 'Está todo pagado' sobre el Duque de Lerma se estrena este miércoles en el Festival de Almagro


Publicado 16/07/2019 13:34:39CET
Cartel de 'Está todo pagado', una obra de José Cruz sobre el Duque de Lerma.
Cartel de 'Está todo pagado', una obra de José Cruz sobre el Duque de Lerma. - JOSÉ CRUZ - Archivo

El texto trata con ironía y sentido del humor la vida del "gran precursor de la especulación inmobiliaria"

CIUDAD REAL, 16 Jul. (EUROPA PRESS) -

La obra del dramaturgo madrileño José Cruz 'Está todo pagado' sobre la figura del Duque de Lerma se estrena este miércoles en el Festival de Teatro Clásico de Almagro, dentro del IX Certamen 'Almagro OFF', como una celebración de la vida y milagros de este personaje histórico, "precursor de la especulación inmobiliaria" en España.

Esther Gimeno se pone en la piel del Duque de Lerma en 'Está todo pagado', un monólogo de José Cruz dirigido por Alda Lozano, que glosa las peripecias del primer gran valido de la historia de España, "Paco Lerma", referente de la campechanía ibérica, que cabalga a lomos de una rata dorada y, desde un karaoke, advierte a todos los españoles de que siguen siendo lo que ya fueron.

Con gran ironía y sentido del humor, la obra muestra la fiesta de oro, caspa y corrupción, la ambición política desmedida y el falso oropel de aquella época. El pasado asoma al presente a través de un "juego de espejos muy barroco" para mirar a Lerma, en palabras del autor, que destaca que "Paco Lerma" habla al espectador desde el presente para dar cuenta de una vida marcada por el "arribismo cortesano, la especulación inmobiliaria y la corrupción política".

Cruz afirma que el reto lanzado por la actriz, Esther Gimeno, que al encarnar al Duque de Lerma lanza un guiño a ese subgénero particular de la comedia de capa y espada, que es el de la mujer bizarra y travestida, sumado a su faceta de monologuista, establecen un "vínculo peculiar" con el espíritu de los géneros chicos de la fiesta barroca.

Un espectáculo, añade el autor, donde la imagen, la música y la irreverencia se concilian con el fantasma de la vieja tarasca y lo pop se transforma en punk, y una liturgia a la que el público está invitado a participar (vía karaoke) y que pone en valor dramático, quizá por vez primera, la estética del meme y el chiste viral.