TOLEDO 13 Jul. (Artículo de opinión de Luis Meroño para EUROPA PRESS) -
Presentar una alegación a favor del ramal del AVE por Bargas, y además pedir que se estudie un apeadero en nuestro municipio, puede parecer a estas alturas una auténtica quijotada. Y, aun así, lo he hecho. Más aún cuando la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento de Toledo han presentado una alegación conjunta en sentido contrario.
Y lo digo desde el respeto más absoluto a Toledo, a sus vecinos y a una ciudad que tiene todo el derecho a defender sus intereses, su patrimonio, su movilidad y su futuro. Pero una cosa es respetar la posición de Toledo y otra muy distinta es aceptar que Bargas deba quedarse callada ante una oportunidad histórica.
Hace unos meses hablaba casi en tono de broma de que aquello no era Hogwarts, aunque a veces pareciera que para algunos Bargas solo podía aparecer en el mapa ferroviario por arte de magia, como si necesitáramos encontrar un andén nueve y tres cuartos escondido entre Pantoja y la A-42 para que alguien se tomara en serio esta opción. Pues no. No era magia. Era planificación. Era Bargas.
Y precisamente por eso he presentado alegaciones. No para enfrentar a Bargas con Toledo. No para celebrar que Toledo tenga dificultades con su trazado. No para convertir una infraestructura de país en una pelea entre municipios. Lo he hecho porque creo sinceramente que el ramal por Bargas puede ser beneficioso no solo para nuestro pueblo, sino para toda la comarca. Bargas no debe aspirar únicamente a que el tren pase.
Bargas debe aspirar a que el tren sirva. Porque una infraestructura de más de 350 millones de euros no puede limitarse a atravesar un territorio sin que ese territorio se pregunte qué retorno puede tener para sus vecinos. Si el ramal conecta en Bargas, si afecta a Bargas y si coloca a Bargas en una posición estratégica, lo razonable es estudiar si puede existir un apeadero. Un apeadero sencillo, funcional, proporcionado.
Un punto de acceso que pueda servir a Bargas, a Olías del Rey, a Magán, a Cabañas, a Villaseca y a tantos municipios de La Sagra que hoy dependen casi por completo del vehículo privado para cualquier desplazamiento relevante. No hablamos de levantar una gran estación ni de inventar una ciudad ferroviaria de la nada.
Hablamos de algo mucho más sensato: estudiar si una parada en Bargas puede convertir una solución provisional en una oportunidad real. Y también, aunque algunos no quieran verlo, en una oportunidad complementaria para Toledo.
Porque durante los años que tarde en resolverse el trazado definitivo por la capital, un apeadero en Bargas podría actuar como acceso norte al corredor ferroviario. No sustituiría a Toledo. No competiría con Toledo. No borraría a Toledo del mapa. Simplemente permitiría que una parte del entorno metropolitano no tuviera que esperar eternamente a que todos los debates técnicos, patrimoniales, políticos y administrativos lleguen a su fin.
A veces nos perdemos en grandes discursos territoriales y olvidamos lo básico: la gente necesita moverse mejor. Los vecinos necesitan alternativas. Las comarcas necesitan oportunidades. Y los municipios que crecen alrededor de Toledo también forman parte de la realidad de esta provincia. Por eso creo que esta alegación, aunque pueda parecer pequeña frente a la posición de administraciones mucho más poderosas, tenía que presentarse.
Porque si nadie lo pide, nadie lo estudia. Y si nadie lo estudia, dentro de unos años podremos encontrarnos con una infraestructura pasando por nuestro término municipal mientras lamentamos no haber preguntado siquiera si podía dejar algo más que obras, ruido y servidumbres. Bargas tiene que aprender a mirar sus oportunidades sin complejos. Con respeto, sí. Con prudencia, también.
Pero sin pedir perdón por existir en el mapa. Defender un apeadero en Bargas no es ir contra Toledo. Es defender que la comarca también cuenta. Es defender que la planificación ferroviaria debe mirar más allá de las capitales. Es defender que, si una solución provisional va a pasar por aquí, al menos se valore si puede servir también a quienes vivimos aquí. Quizá sea una quijotada. Puede ser.
Pero hay quijotadas que merecen la pena cuando nacen de una convicción sencilla: Bargas no debe conformarse con ver pasar las oportunidades desde la barrera. No hace falta magia. Hace falta que Bargas también tenga voz