TOLEDO, 27 Mar. (EUROPA PRESS) -
J.R.G, de 34 años, acusado de matar a su hermano J.A.R.G., en octubre de 2005 en Madridejos (Toledo), de varias puñaladas, declaró hoy que tanto él como su familia están pasando un "verdadero infierno". Asimismo aseguró que si pagando una condena le pudiera devolver la vida a su hermano, lo haría; pero "pagando una pena no voy a devolverle la vida", aseguró.
En el trascurso de la tercera y última jornada del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Toledo, tanto el Ministerio Fiscal como la defensa presentaron sus conclusiones ante el jurado popular. Mientras que desde la Fiscalía se pide un veredicto de culpabilidad ya que "sería lo único justo para con el fallecido y con la sociedad", desde la defensa se alude a los trastornos psicológicos que la drogadicción ha podido causar en el acusado.
De este modo, la Fiscalía afirma que el inculpado tenía control sobre sus actos y distinguía entre el bien y el mal en el momento en el que sucedieron los hechos. Así, para que el acusado fuera absuelto, sería necesario demostrar un deterioro de su voluntad, explicó la abogada, y si tal deterioro no existe, los actos "no pueden ser consecuencia de su adicción", según aseveró.
Asimismo, desde el Ministerio Fiscal se alude a un abuso de superioridad, por parte de J.R.G, que agrava su responsabilidad penal, ya que según aseguró la Acusación, el inculpado tenía una posición de ventaja que le facilitó las cosas. En este sentido, la abogada también incidió en que la acción colérica no puede atenuar la responsabilidad del acusado ya que sería "ridículo".
La Fiscalía concluyó su intervención estableciendo que la droga no puede ser atenuante de la pena ya que "no existen pruebas". Por ello, estableció que J.R.G debería pagar por lo que hizo para continuar con los tratamientos de metadona en la cárcel de Ocaña y para poder rehacer su vida.
SIN VALOR PROBATORIO.
Por su parte el abogado defensor, estableció que la prueba del cabello demuestra que el inculpado era un drogadicto crónico y que los análisis de la sangre de J.R.G., en los que no se encontraron drogas, versaban sobre los restos y no sobre los efectos que la droga pudo tener en el presunto homicida. Por ello, "la sangre no tiene valor probatorio", aseguró.
De este modo los efectos fueron confirmados por la única médico experta en toxicomanía que declaró ante el tribunal, según afirmó el abogado, que continuó incidiendo en la enfermedad por drogadicción del inculpado probada tanto por sus antecedentes penales como por su conducta.
En consecuencia, según la defensa, las drogas habían mermado la capacidad psíquica del acusado ya que "la decisión de matar a un hermano no se puede tomar en segundos, sino hay algo mal en la cabeza".
Finalmente, el abogado defensor pidió una eximente completa de culpabilidad para el acusado, debido a que se trata de una afectación psiquiátrica grave y concluyó apelando al sentido común del jurado popular. Tras las conclusiones de la Fiscalía y la defensa, el jurado popular se reunió para deliberar y emitir su dictamen.