Grupo de Neurobiología Molecular en el Instituto de Biología Funcional y Genómica. - IBSAL
SALAMANCA 26 Jun. (EUROPA PRESS) -
Un equipo de investigadores entre los que está el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal) ha descubierto que el retraso en el crecimiento corporal puede estar relacionado con una mala conexión nerviosa entre el cerebro y el hígado durante las primeras etapas de la vida.
Este hallazgo, basado en modelos animales y en el estudio de un paciente con una mutación genética concreta, revela que el hígado necesita recibir señales nerviosas adecuadas para producir una molécula clave para el crecimiento (IGF-1), incluso cuando la hormona del crecimiento y sus receptores funcionan correctamente.
Este trabajo, liderado por la investigadora del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG, centro mixto del CSIC y la USAL), del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal) y profesora del área de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Salamanca, Ángeles Almeida, abre nuevas vías para entender y tratar el retraso de crecimiento en niños con trastornos del neurodesarrollo, aportando una visión innovadora sobre la relación entre el sistema nervioso y el crecimiento corporal, tal y como ha señalado el IBSAL en un comunicado recogido por Europa Press.
El estudio, publicado en la revista científica Communications Biology propone cómo algunas alteraciones en el desarrollo físico infantil podrían originarse no en una alteración de la hormona de crecimiento (GH), sino en un defecto temprano en el sistema nervioso que impide que el hígado reciba correctamente las señales necesarias para producir IGF-1, una hormona esencial para el crecimiento postnatal.
"Hasta ahora se pensaba que el principal problema en muchos de los pacientes con retraso en el crecimiento postnatal se debía un déficit de la GH. Pero hemos visto que no basta con que esta hormona funcione correctamente: el hígado también necesita estar bien conectado al sistema nervioso", ha explicado Ángeles Almeida.
El trabajo se enmarca en una línea de investigación sobre alteraciones del neurodesarrollo que el grupo desarrolla desde hace más de quince años.
En estudios previos, los investigadores habían demostrado en modelos animales que la pérdida de una proteína, llamada Cdh1, alteraba el desarrollo de la corteza cerebral y provocaba problemas como microcefalia y déficit en la formación de neuronas.
Años después, un equipo del Hospital Universitario Quirónsalud de Madrid les ha contactado tras identificar a un niño con una mutación patológica en Cdh1 que presentaba discapacidad psicomotora, epilepsia refractaria y microcefalia, un cuadro muy similar al observado en los ratones desarrollados por el grupo salmantino.
El equipo ha confirmado entonces que esa mutación era la responsable de las alteraciones neurológicas del paciente.
Posteriormente, otros hospitales europeos identificaron nuevos casos compatibles con mutaciones en Cdh1, todos ellos asociados a alteraciones del neurodesarrollo y retraso del crecimiento.
"Nos llamó mucho la atención que estas personas presentaban un retraso muy importante del crecimiento corporal pese a tener niveles normales de hormona de crecimiento. Ahí fue cuando decidimos investigar qué estaba ocurriendo realmente", ha añadido Almeida.
CONEXIÓN DEFICIENTE
Para ello, el equipo utilizó ratones modificados genéticamente para presentar alteraciones neurológicas durante el desarrollo embrionario. Comprobaron que estos animales tenían una conexión deficiente entre el sistema nervioso simpático, encargado de transmitir señales automáticas del cerebro a órganos como el hígado, es decir, una alteración en la inervación hepática durante el periodo postnatal.
Esa "mala conexión" reducía la activación de una vía molecular imprescindible para fabricar IGF-1. Observaron que el eje hormonal clásico del crecimiento, hipotálamo, hipófisis y GH, funcionaba correctamente, pero el hígado no era capaz de responder adecuadamente debido a la alteración nerviosa. Como consecuencia, disminuían los niveles de IGF-1 y aparecía un retraso del crecimiento, detalla la información.
"El hígado acumula lípidos y eso impide que determinadas proteínas interaccionen correctamente. La hormona de crecimiento llega y activa sus receptores, pero la señal ya no puede continuar y el hígado deja de sintetizar IGF-1. Ahí es donde realmente está el problema", ha resumido Almeida.
Uno de los resultados más relevantes del estudio fue comprobar que la administración de IGF-1 durante los primeros días de vida logra revertir gran parte del retraso en el crecimiento observado en los ratones, aunque el tratamiento no corrigiera el defecto de inervación hepática.