VALLADOLID, 21 Ago. (EUROPA PRESS) -
Los datos provisionales sobre la afectación como consecuencia del incendio iniciado en la localidad abulense de Burgohondo, que deberá corroborarse con las cifras que arrojen los trabajos de campo una vez se dé por extinguido, determina que la superficie dañada por el fuego en esta zona de la provincia de Ávila asciende a 37.818 hectáreas.
Estos datos, basados en las imágenes obtenidas a través del satélite Sentinel de la Unión Europea, capaz de distinguir las zonas verdes de las quemadas parcial y totalmente, establecen que 33.545 hectáreas son de naturaleza forestal, teniendo en cuenta solamente los daños registrados en la provincia abulense.
Las cifras provisionales, comunicadas por la Junta de Castilla y León en una nota de prensa, se dan a conocer casi un mes después del inicio del incendio --22 de julio de 20226--, que quedó controlado oficialmente el pasado 15 de agosto, a falta de su extinción definitiva.
La información técnica, estructurada según los criterios establecidos por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico para sus estadísticas, identifica un número de hectáreas inferior a la valoración indicada en los primeros momentos tras dar por controlado el incendio y cifra en 27.600 hectáreas la superficie arbolada afectada en esta provincia.
Además, según los datos consultados en la web de Inforcyl de la Junta, se cifra en 5.550 hectáreas la superficie de matorral afectada y 392 de pastos. Las otras 4.273 hectáreas consideradas no forestales corresponden a 3.446 hectáreas de terreno agrícola y 827 identificadas como 'otras'.
Con esta información, que da una idea aproximada de la situación de la superficie tras el incendio, la Junta ya trabaja en las acciones que, integradas en el plan de recuperación aprobado por el Consejo de Gobierno del pasado 30 de julio, va a llevar a cabo de forma inmediata para favorecer la regeneración de la zona, han informado a Europa Press fuentes del gobierno autonómico.
Dentro de estas acciones se encuentran todas aquellas dirigidas a la reducción de arrastres y fenómenos erosivos en las laderas fuera de cauces (en ellos la competencia es de la Confederación Hidrográfica del Tajo -CHT-); estabilización de terrenos; recuperación de la funcionalidad de infraestructuras; control de plagas y eliminación de riesgos de accidentes (caída de árboles o piedras).
Para ello, la Junta ha apuntado que se prevén herramientas concretas como el 'mulching' con paja que sirve de amortiguación de los efectos erosivos de las lluvias; la instalación de fajinas y albarradas para evitar la pérdida de suelo; la reparación de pistas, cortafuegos, cerramientos, puntos de agua y señalética; la preparación de semillados, plantaciones de especies autóctonas y otras ayudas a la regeneración natural; o cortas y extracciones de madera quemada, algunas de las cuáles ya se están ejecutando.