Kelly Reichardt monta un robo de arte para retratar una vida a la deriva en 'The mastermind'

Josh O'Connor se convierte en un antihéroe en esta mezcla de drama y comedia ambientada en los 70 en EEUU, con el trasfondo de la Guerra de Vietnam

Escena de la película 'The Mastermind'.
Escena de la película 'The Mastermind'.- 'THE MASTERMIND', CEDIDA POR SEMINCI
Europa Press Castilla y León
Actualizado: viernes, 24 octubre 2025 20:14

   VALLADOLID, 24 Oct. (EUROPA PRESS) -

   La cineasta estadounidense Kelly Reichardt compite en la 70 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), con 'The mastermind', un drama cómico que parte de un robo de arte para introducir la vida a la deriva de un hombre ajeno al contexto de Estados Unidos de los años 70.

   El filme, proyectado este viernes, 24 de octubre, en la Sección Oficial del festival, presenta a J.B Mooney (Josh O'Connor), un hombre procedente de buena familia, que estudió artes y se dedica a la carpintería, aunque se encuentra en paro.

   Creyéndose una 'mente maestra', planea un robo de arte de cuatro cuadros de arte abstracto, obra de Arthur Dove, en un museo, y para ello recurre a tres peculiares hombres, quienes se convierten en sus compinches, unos poco fiables.

   El atraco se ejecuta ante las múltiples carencias de seguridad del museo, pero todo se complica en la huida y en los días posteriores al delito, lo que da lugar al inicio de un recorrido sin rumbo fijo para el protagonista.

   Este abandona a su esposa, Terri (Alana Haim) y sus dos hijos, y emprende un viaje en transporte público con paradas en enclaves remotos de los Estados Unidos de los años 70, de manera que a largo de la travesía se pueden ver numerosas alusiones a la Guerra de Vietnam y la presidencia de Richard Nixon, como noticias, carteles o protestas.

   Este contexto político y social enmarca una película sobria en la que el protagonista es un antihéroe, amable e inteligente a la par que egoísta, con su círculo familiar y la realidad que se plasma en las manifestaciones en las calles o la represión policial, hasta que todo ello le atraviesa.

   Para construir esta historia que empieza como una cómica película de atracos y se convierte en el drama de un hombre perdido, Kelly Reichardt recurre a colores deslavados clásicos del cine de los 70 americano, de la mano de Christopher Blauvelt, y a una banda sonora de jazz que recalca la torpeza de las acciones del protagonista, firmada por Rob Mazurek.

   Con esta película íntima y poco convencional, la cineasta estadounidense, una de las mejores de su generación, compite por la Espiga de Oro, todo ello tras su paso y estreno mundial en la Competición Oficial del Festival de Cannes 2025.

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