24 de febrero de 2020
 

El obispo de Ávila pide ayuda a través de la declaración de la Renta porque los prelados son también "mileuristas"

Actualizado 06/06/2008 21:02:01 CET

ÁVILA, 6 Jun. (EUROPA PRESS) -

El obispo de Ávila, Jesús García Burillo, pidió hoy en su carta semanal realizar la aportación a la Iglesia en la declaración de la renta y afirmó que los prelados cobran 900 euros, "por eso no es tan descabellado decir que los obispos podríamos ser considerados mileuristas".

"Es frecuente escuchar en nuestros días que a los sacerdotes y obispos les paga el sueldo el Estado y que cobran unos honorarios altísimos", pero se trata de "afirmaciones que no son ciertas", ya que a los sacerdotes y obispos les paga el sueldo la Iglesia con el dinero que obtiene de la declaración de la renta.

"A todos ellos, por su trabajo, dedicación y servicio pastoral, se les garantiza -explica- el salario mínimo interprofesional. Para que os hagáis una idea, un sacerdote tiene un salario de entre 600 y 800 euros al mes, y los obispos cobramos un poco más, alrededor de 900 euros. Por eso no es tan descabellado decir que los obispos podríamos ser considerados mileuristas".

Destaca que un sacerdote cotiza por el salario mínimo, sin derecho a baja laboral, y que cuando se jubila percibe sólo la pensión mínima.

"Todo esto, que vivimos con gozo y alegría, forma parte de la austeridad y el espíritu evangélico que ha de impregnar nuestras vidas como servidores del evangelio que somos. Es una disposición y actitud que asumimos confiados siempre a la Providencia", señala.

García Burillo comienza la carta pastoral sobre la declaración de la renta pidiendo ser "en conciencia, justos y honrados con esta obligación ciudadana" porque "los católicos hemos de ser ejemplares a la hora de cumplir con nuestras obligaciones civiles y ciudadanas siempre que éstas sean justas y estén destinadas al bien común, como es el caso del pago de los impuestos", ya que "la solidaridad para con los demás es un signo distintivo de la conciencia comunitaria de los católicos".

Tras decir que la realidad económica de la Iglesia no es conocida "en toda su profundidad y dimensión", destaca que la financiación responde "a la aportación de los fieles: bien a través de las colectas dominicales, de las campañas anuales o de las suscripciones periódicas; o bien a través de su declaración de la renta".

La asignación tributaria "es un cauce que nos permite tener los ingresos mínimos para cubrir las necesidades básicas: supone el 25% de los ingresos de la Iglesia católica. Pero la parte fundamental, el 75%, proviene del compromiso personal de los católicos que destinan su dinero directamente a favor de la Iglesia".

"Con frecuencia -comenta- oímos decir que la Iglesia es rica porque tiene en propiedad muchas parroquias, iglesias, palacios o catedrales, una afirmación que conduce al equívoco. La Iglesia, por su larga tradición e historia, tiene un inmenso patrimonio histórico-artístico, un patrimonio del que se beneficia, por cierto, toda la sociedad sin exclusiones, también los no católicos".

"Pero hemos de entender -añade- que se trata de un patrimonio que es inalienable, es decir, que no se puede vender, y que además es una fuente de gastos más que de ingresos. En definitiva, es un patrimonio muy caro de mantener, y aunque nominalmente suponga una riqueza, la Iglesia lo único que hace es administrarlo y afrontar los gastos que ocasiona su mantenimiento: luz, calefacción...y lo hace gustosa porque es su deber y su responsabilidad".

El obispo destaca que dentro de la acción caritativa de la Iglesia "hay una aportación a la sociedad que es muy difícil cuantificar en términos económicos pero que repercute de forma muy favorable en ella", que es la del tiempo por la "multitud de personas que dedican muchas horas de su tiempo a la labor asistencial y caritativa de forma gratuita y desinteresada".

Cita un estudio que sólo en las parroquias se producen al año 42 millones de horas de trabajo pastoral, y que "si eso se valorara a un precio de coste, estaríamos hablando de alrededor de 900 millones de euros (a precio de mercado sería más del doble), mientras que de la Asignación Tributaria nuestra institución tan sólo recibe alrededor de 150 millones de euros".