Archivo - La profesora de arqueología y Lingüística, Elisabeth Wayland Barber - JENNIFER GODWIN-CAPITÁN SWING - Archivo
BARCELONA, 8 (EUROPA PRESS)
La profesora de arqueología y lingüística, y doctora por la Universidad de Yale (EE.UU), Elisabeth Wayland Barber, reivindica la "poderosa fuerza económica" que tuvo en la mujer en la industria textil en su libro 'Los trabajos de las mujeres. Mujeres, telas y sociedad en la antigüedad' (Capitán Swing), donde critica que los arqueólogos hayan silenciado este liderazgo.
Barber afirma que las mujeres necesitan "evocar una historia propia" lo que pasaba por incluir en su libro, publicado por primera vez en 1995, la forma en que las mujeres colaboraban y trabajaban juntas, explica en una entrevista con Europa Press.
La autora, cuya madre era tejedora, aprendió a coser y manejar un telar; creció junto al California Institute of Technology donde su padre daba clases y, de todas las ciencias que pensó que podía estudiar, eligió la arqueología porque incluía muchas de esas disciplinas.
"A mí me disgustaba cada vez más darme cuenta de que los arqueólogos desechaban las pruebas que tenían ante las narices porque les parecían retazos pequeños sin ningún valor pero si los juntabas como un cuadro puntillista y dabas un paso atrás puedes ver esas tendencias y esos patrones. Es toda una simbología que los hombres, los arqueólogos, no han querido reconocer", explica.
En su libro, resultado de investigar 20.000 años de historia, explica cómo las mujeres se reunían en los patios para coser y eso generaba una sororidad que "actualmente persiste entre mujeres que tejen o que bordan un patchwork que normalmente requiere colaboración porque las colchas cada vez se hacen más grandes".
Relacionado con esa sororidad, Barber hace referencia a los tejidos narrativos con un mensaje social: "En una región de Turquía, las mujeres llevaban un velo en la cabeza y decoraban el borde. Los adornos tenían un código, cambiaban para contar a las vecinas del pueblo que se habían peleado con el marido, o que alguien había muerto o que tenían a un niño enfermo ¡y los hombres nunca se enteraron!".
Las asirias, explica, acudían a los mercados para vender los tejidos: "Fue tan divertido leer todos esos documentos y quedarme con todos los detalles jugosos. Mi preferido es cuando una mujer le dice a un hombre que vive muy lejos: Esconde la plata en la lana que me envías porque Hacienda me persigue. Me parece algo como muy moderno".
Sin embargo, el liderazgo femenino en el sector textil comienza a decaer con la revolución industrial en el siglo XIX, cuando se mecanizan los telares y las mujeres tuvieron que dejar de hacer este trabajo, que a partir de ese momento, monopolizan los hombres que, hasta ese momento, "no tenían ni idea de cómo se hacía la ropa".
MODA 'LOW COST' ABURRIDA
Asegura que le aburre la moda 'low cost' porque genera que "todo el mundo vista igual" frente a las hermosas indumentarias que se llevaban en la antigüedad y muestra orgullosa el típico chaleco bávaro que lleva durante la entrevista.
Reivindica la enseñanza de la costura entre generaciones y rechaza limitar la visión de la moda a algo frívolo propio de mujeres: "La ropa de la antigüedad evidentemente tenía un cierto elemento de moda, pero en gran parte el objetivo era abrigarte, protegerte del sol, de la lluvia, de la nieve. Era ropa práctica, pero cargada de simbolismo".
Está convencida, en contra de las dudas de algunos expertos, de que la Venus de Milo estaba hilando, y asegura que los humanos ya hilaban fibras de plantas silvestres para hacer cuerdas antes de la revolución agraria.