Declarados clupables los dos procesados por la muerte del vigilante de un chiringuito de Mataró (Barcelona)

Actualizado 07/06/2008 0:14:18 CET

BARCELONA, 6 Jun. (EUROPA PRESS) -

Un tribunal popular declaró esta tarde, por unanimidad, culpables de asesinato con alevosía a los dos acusados de matar al vigilante de un chiringuito de la playa Sant Simó de Mataró (Barcelona) en agosto de 2004, para robar la recaudación del local.

También los declaró culpables de un delito de robo con violencia y uso de instrumento peligroso, así como de haber intentado robar un coche para cometer el crimen.

Tras la lectura del veredicto, la fiscal rebajó la pena de prisión de 24 a 20 años para cada uno --pena a la que se adhirió la acusación particular--, y otros tres años de cárcel por el delito de robo con violencia grado de tentativa, una multa de 3.000 euros por el intento de robo de un vehículo, y una indemnización de 240.000 euros para los hijos de la vícitma.

Los abogados de Santiago L.R. y Raúl O.R. consideraron que el asesinato absorbe los otros dos delitos, por lo que solicitaron condenas de 15 y 17 años y medio de cárcel, respectivamente.

Los miembros del jurado declararon probado que los imputados acordaron asaltar el chiringuito para robar la recaudación del local, aprovechando que era un lugar apartado. Además, el primero de ellos había trabajado antes en el bar y sabía que sólo estaba vigilado por la víctima, Herminio C.T., de 66 años, sin ningún tipo de arma ni formación específica.

La noche del 24 al 25 de agosto de 2004, cogieron una bolsa con dos cuchillos, una barra de acero, pasamontañas y guantes, y fueron a la riera Els Molins. Allí, forzaron la puerta de un coche e intentaron arrancarlo, pero al no conseguirlo, cogieron la motocicleta de Santiago L.R.

Cuando llegaron a las inmediaciones del chiringuito, dejaron la moto y, al ver que aún había gente, se ocultaron entre las piedras del muro de contención que separa la playa de la carretera N-II y sobre el que pasan las vías de los trenes de Cercanías Renfe.

Una vez la zona quedó desierta, se acercaron sigilosamente al bar provistos cada uno con un gran cuchillo y la barra de acero. Raúl O.R. se abalanzó sobre Herminio C.T., y empezó a acuchillarlo.

Durante la agresión, el arma se dobló, por lo que cogió otro para seguir agrediendo a la víctima, mientras Santiago L.R. le asestaba un golpe en la cabeza con la barra de hierro.

El vigilante murió por la hemorragia y el posterior fallo cardíaco que le causaron las cuchilladas, por la fractura craneal que le provocó el golpe con la barra de hierro, y por asfixia.

Escondieron el cadáver y, cuando iban a robar la recaudación del local, se dieron cuenta de que estaba amaneciendo y se fueron por temor a ser descubiertos, sin llevarse nada.

El tribunal consideró que Raúl O.R. sabía perfectamente que el asalto podía acabar con la muerte del vigilante, y, si bien reconoció que Santiago L.R. padece un "trastorno 'borderline" y no era consciente de sus actos, los miembros del jurado señalaron que asumió el riesgo al golpear a la víctima en la cabeza.