La jefa de talleres de una cárcel catalana: El trabajo es "un derecho fundamental" de todo ciudadano

Taller de producción propia de confección del CIRE, en el Centro Penitenciario de Mas d’Enric en Tarragona.
Taller de producción propia de confección del CIRE, en el Centro Penitenciario de Mas d’Enric en Tarragona. - David Zorrakino - Europa Press
Europa Press Cataluña
Publicado: sábado, 15 noviembre 2025 9:16

El año pasado 3.560 internos fueron contratados por el CIRE

EL CATLLAR (TARRAGONA), 15 (EUROPA PRESS)

Carmina, la jefa de talleres productivos del Centro Penitenciari Mas d'Enric (Tarragona), explica que el trabajo "es un derecho fundamental de cualquier ciudadano, por lo tanto, se tiene que intentar garantizar que los internos van a tener un puesto de trabajo el máximo tiempo posible mientras estén privados de libertad".

El año pasado, 3.560 personas fueron contratadas por el Centre d'Iniciatives per a la Reinserció (CIRE), la empresa pública de la Conselleria de Justicia y Calidad Democrática que tiene como misión facilitar la reinserción sociolaboral de los internos en prisiones, centros abiertos y de justicia juvenil de Catalunya.

Lo único que se requiere es tener voluntad de trabajar y rellenar una instancia, dado que "el CIRE no es una empresa de trabajo temporal que pueda hacer una selección" de sus trabajadores, aclara Carmina.

En este sentido, los internos tienen que realizar una petición por escrito, que se traslada a los equipos de tratamiento y, tras una valoración, si encajan en una vacante, es la Junta de Tratamiento quien la valida.

TALLER DE CONFECCIÓN

En Mas d'Enric hay dos talleres de manipulados y dos de confección y, para acceder a todos ellos, se requiere de una formación de prevención de riesgos laborales (PRL) que se imparte en la propia prisión.

Además, para el de confección se requiere de una formación previa que se puede cursar dentro del centro penitenciario: "Empiezan a coser sobre papel, con dibujos, con espirales, con líneas rectas, y después empiezan a coser trabajos más sencillos en ropa plana", como dobladillos de toallas, explica Carmina.

Cuando ya han adquirido la suficiente soltura, comienzan a familiarizarse con máquinas de doble aguja y a coser piezas de mayor dificultad, como pantalones y, de esta manera, "se les va formando en una profesión".

En el caso de la confección, se combina un taller de producción propia para el que el CIRE licita los hilos y tejidos y en el que se elabora el producto desde cero, con otros en los que los clientes son empresas privadas que aportan la materia prima y aquí se realiza una de las fases de producción o se enriquece hasta conseguir el producto final.

Entre las empresas privadas que confían parte de su producción al CIRE figuran una de paños elaborados a partir de toallas recicladas, una de baberos de bebé, una de cojines de exterior y otra de sacos mortuorios y bolsitas para depositar las urnas de cenizas.

En el taller de elaboración propia se producen prendas para internos que no disponen de recursos, ropa de cama para los centros penitenciarios y uniformidades tanto para prisiones --de cocinas, panadería y lavandería--, como para empresas externas, como el Institut Català de la Salut (ICS).

En este sentido, Carmina destaca que este taller, junto al de sacos mortuorios, fue esencial durante la pandemia y que los internos "trabajaron muchísimo, porque como los médicos trabajaban tantas horas y ampliaron tantísimo las plantillas, necesitaban muchísima uniformidad".

Hicham, uno de los internos que trabaja en el taller de confección, manipula una máquina con 4 hilos y 2 agujas mientras cose un pantalón para pacientes de la sanidad pública; cuando comenzó no sabía nada y, dos años después, ha aprendido un oficio que espera continuar fuera: "Me gusta porque vacío la mente aquí. Me gusta coser, porque en mi vida no sabía hacer nada".

En el taller contiguo, Pedro, que empezó hace 4 años haciendo sacos de muertos, ahora cose cojines para una conocida empresa y explica que poder trabajar en prisión ha tenido un impacto positivo en su autoestima: "El tiempo pasa al triple de rápido. Es mejor estar aquí ganando dinero y que estar sin hacer nada y que el tiempo pase mucho más lento".

MANIPULADOS

En los talleres de manipulados, los internos de Mas d'Enric ensamblan piezas de automóviles y montan y empaquetan artículos de papelería para otra conocida empresa.

Thiago, encargado de uno de los talleres de manipulado de piezas de automóvil, asegura que esta oportunidad le ha permitido seguir pagando la pensión de sus hijos: "Mi calidad de vida aquí dentro ha sido un poco superior a la media por mantener un trabajo y un sueldo estables, y así también mi familia puede recibir el dinero y mis hijos pueden recibir la manutención".

No obstante, el trabajo en la cárcel fluctúa y, a veces, es un bien escaso porque "cuanto más paro hay en la calle, más difícil es que las empresas traigan trabajo a las prisiones", explica Carmina.

Además, subraya que desde los talleres del CIRE no sólo se les inculcan valores y hábitos profesionales, como llevar el recuento de los días trabajados, sino que se tiene en cuenta que están atravesando "un momento vital muy complicado".

SERVICIOS

En Mas d'Enric también están desplegados todos los servicios del CIRE: cafetería exterior --que utilizan los profesionales del centro y que emplea a 6 internos--, cocina y panadería, tiendas y lavandería.

En la lavandería trabajan 6 personas privadas de libertad que se encargan de lavar la ropa, sábanas y toallas de los internos del centro, así como del Centre Obert de Tarragona (COTA), pero hay otras, como la de Brians 2 (Barcelona), que emplean hasta a 12 internos en 2 turnos porque, además de la propia, también lavan y planchan ropa externa.

El año pasado los internos que trabajan en las lavanderías de las prisiones catalanas lavaron un total de 1.342 toneladas de ropa, según los datos del CIRE.

En la cocina de Mas d'Enric trabajan 10 internos en el turno de mañana y 7 en el de tarde, además de un cocinero profesional, y preparan más de 3.000 comidas diarias, entre desayunos, comidas y cenas, más la merienda para los internos menores de 21 años.

El jefe de cocina, David, explica que diariamente se preparan hasta cuatro menús diferentes: el general, el halal, el de enfermería y el vegetariano, a lo que hay que sumar las intolerancias, por lo que se suele buscar a internos con experiencia en hostelería, aunque no es un requisito imprescindible.

En 2024, se sirvieron 2.737.348 comidas en los centros penitenciarios de Catalunya, según datos recogidos por el CIRE, lo que lo convierte en uno de los cáterings más grandes de la comunidad autónoma; sólo en Mas d'Enric, señala David, se consumen al día 1.100 kilos de manzanas.

Las tiendas, una por módulo, también emplean a internos, aunque no manipulan dinero porque está prohibido en prisión y, el técnico del CIRE, Armando, explica que los productos más vendidos son el agua embotellada en verano, atún, salsas, bolígrafos para escribir cartas, cremas perfumadas --no hay colonias, porque el alcohol no está permitido--, tabaco y, en época de Ramadán, humus y dátiles.

RISCANVI

Para trabajar en todos estos puestos se tiene en cuenta, entre otros factores, el RisCanvi, un protocolo de valoración de riesgo de los internos que sirve para calcular el riesgo de reincidencia.

Dependiendo de este algoritmo, se les impide trabajar en lugares como la cocina, la lavandería, el tren de reparto de los alimentos a los módulos y otros puestos, aunque se les ofrecen otras alternativas, tal y como se pactó entre la Conselleria de Justicia y los representantes sindicales tras la muerte de Núria López, cocinera en Mas d'Enric, asesinada a manos de un interno en marzo del año pasado.

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