MADRID, 9 May. (Sheila Domingo/CHANCE) -
Es una de las grandes actrices del cine europeo y todo un mito dentro del cine francés. Emmanuelle Béart ha visitado España para promocionar su nueva película "Los ojos amarillos de los cocodrilos", un film en el que comparte reparto con el español Quim Gutiérrez. La actriz, que dio el saltó a Hollywood compartiendo rodaje con Tom Cruise en Misión Imposible, ha desarrollado su carrera en Francia, país en el que tiene sus orígenes, su familia y en el que lleva cuatro años haciendo teatro.
Además de una actriz todo terreno, Emmanuelle es madre de familia numerosa. La actriz tiene tres hijos, Nelly, fruto de su matrimonio con el también actor Daniel Auteuil; Johan, nacido de su relación con el productos musical David Moreau; y Surifel, al que adoptó hace cuatro años junto a Michael Cohen.
- Estás guapísima, ¿Cómo te cuidas?
- Fumo, bebo y sobre todo no hago nada de deporte. No lo sé, es una cuestión genética, tengo una abuela que vivió hasta los 107 años. Mi familia no es especialmente deportista, sino todo lo contrarios, no puedo dar muchas recetas. Lo que me hace sentirme viva es mi oficio, mis hijos y el amor. No hay una receta para ser hermosa.
- Se te recuerda por Misión Imposible, ¿Cómo es Tom Cruise?
- Es un buen tipo, me gusta su bondad y que está pendiente de los demás, paradójicamente creo que es la antítesis del sistema hollywodiense. Es una persona que tiene una mirada constante hacia los demás.
- Eres muy activa socialmente y embajadora de UNICEF, ¿No te gustaría meterte en política?
- Siempre he tenido muy abiertos los ojos, esto me viene de mi madre porque ella era muy militante y estaba muy abierta a la problemática de los países en desarrollo. También estaba muy metida en Francia en el movimiento asociativo, he reproducido eso y eso ha hecho que nunca haya cerrado los ojos hacia los sin papeles o la infancia. Es algo que no termina nunca, como ciudadana y como mujer, forma parte de mi vida cotidiana, no siempre como algo mediatizado sino que a veces desde mi vida privada siento la necesidad o quiero adherirme a una cierta asociación y lo hago sin que trascienda mediáticamente.
- ¿Has leído el libro de la película?
- Sí, al principio leí el libro y después leí el guión bastante rápido. Mi base ha sido el guión, la adaptación.
- ¿En qué te identificas con el personaje?
- No me he sentido identificada con ninguno de los personajes, lo que me gustó del libro fue el retrato familiar que se hace. Aparecen todos los miembros, las dos hermanas, el padrastro, la mujer del padrastro, el marido de la hermana, todo. Era lo que más me interesaba.
- En la película eres la guapa...
- Mi personaje es un personaje totalmente consciente, es una personal manipuladora, no es un personaje idiota. Se desarma al final neurológicamente pero sabe en todo momento a dónde quiere llegar. Es verdad que está estructurado en las apariencias y en los fantasmas que su madre ha proyectado en ella, una madre que ha educado a una de sus hijas en el culto de la imagen y a la otra en el abandono.
- ¿El ser guapa tiene ventajas en la vida real?
- No creo que esa sea la problemática de la película. Creo que es más simple construirse intelectualmente que físicamente, el personaje que se construye neurológicamente es el que consigue a la vista del espectador abrirse.
- ¿Cómo ha sido trabajar con Julie Depardieu?
- Ha sido muy sencillo. Creo que el trabajo de los actores es una adaptación al director, el gran enigma no es el actor que tienes enfrente, sino el director, el saber de qué manera va a querer adaptar la novela y por qué. Era la quinta vez que trabajaba con Julie, hemos hecho películas muy diferentes, más que una dualidad tenemos una fraternidad entre nosotras, trabajamos juntas y es muy divertido. Ella es una persona muy poética, muy divertida, me gusta trabajar con ella, ambas tenemos en común una facilidad para estar presentes cuando hacemos algo pero al mismo tiempo estar ausentes, no sé cómo expresarlo. Podemos estar hablando de todo y de nada cuando estamos juntas pero en cuanto dicen "acción" nos concentramos en nuestro trabajo. Trabajamos con mucho humor y eso se ve en la película, aunque el tema sea doloroso y complicado.
- ¿Qué te aporta el teatro que no te lo da el cine?
- El teatro para mí es un lugar de exigencia, un lugar de trabajo, son contextos elaborados que me alimentan plenamente desde un punto de vista intelectual. Me siento como si volviese a ser la estudiante que va con los cuadernos y los bolígrafos, me siento anónima frente a 1.800 personas que suele ser el aforo en el que hacemos las obras. Sobre todo me gusta la solidaridad de la compañía teatral, del grupo, tiene su exigencia, es un espacio en el que no hay estrellas y somos todos trabajadores que estamos en escena y darlo todo. El riesgo de hundirse también excita. No puedo dejar ninguno de los dos, ni el teatro, ni el cine, los necesito a los dos. Son dos artes distintas en cuanto a lo que piden del actor.
- En la película mientes y te aprovechas de tu hermana, ¿Alguna vez te has enfrentado a algún problema ético?
- Nosotros estamos para dar testimonio de todo tipo de personas, como actriz no tengo que juzgar ni decir lo que está bien o mal, ni hablar de la moral o la inmoralidad. Tengo que dar vida a los papeles que tengo, a los buenos y a los malos. Es verdad que las historias en las que hay personas a las que todo les va muy bien y son muy felices no les interesan a nadie, las historias se basan en el drama y en el conflicto. Un actor tiene que estar dispuesto a no dejarse llevar por el miedo, a abordar todos los tabúes, la ética no está ahí, la ética está en las películas comerciales, en no vender tu alma al diablo. Dentro de la personalidad de un actor yo estoy dispuesta a hacer e interpretar todo.