MADRID, 16 Oct. (CHANCE) -
Hasta en las mejores familias se cuecen habas. En la vida de Mariah Carey todo parece ir viento en popa a toda vela, sobre todo desde que tiene por novio a un magnate australiano que la tiene loca con sus múltiples detalles y con el que aseguran se podría haber comprometido. Pero no todo es felicidad en la vida de la cantante.
Esta semana hemos conocido la trágica situación personal que atraviesa su hermana Alison, internada desde hace tres meses en el centro psiquiátrico Brookhaven Memorial Hospital, ubicado en Long Island (Nueva York). La misma instalación de la que la hermana mayor de la diva musical trató de escapar tras confirmar a algunos medios, como Radar Online, que se encuentra retenida contra su voluntad por expreso deseo de su madre, Patricia Hickey, y del abogado Stephen Grossman.
Alison, ex prostituta, adicta a la heroína y madre de cuatro hijos, realizó una llamada telefónica desesperada a la publicación para que le comunicaran a su hermana su situación y que le ayudara a recuperar su libertad. "Necesito un abogado para que me saque de este hospital, porque no hay ninguna razón para mantenerme aquí durante tres meses", manifestaba la mujer de 54 años. Sin embargo, sus ruegos han caído en saco roto porque la estrella musical no ha movido ni un dedo para cambiar la complicada situación que atraviesa su hermana. Es más, se cree que hace mucho tiempo que la relación entre ambas es inexistente. Concretamente desde que en 1994 la intérprete y su madre pelearon por la custodia de Michael, el hijo pequeño de Alison.
En mayo de 2012, Alison dio a conocer su complicada situación personal al confesar ser portadora del virus del sida, su condición de drogadita y haber ejercido la prostitución. En aquella ocasión ya solicitaba la atención de su hermana, para que los hijos de ambos se criaran juntos. "Me gustaría que mi hermana Mariah me ayudara a resolver los problemas que dividieron a nuestra familia", decía en aquella ocasión con la clara intención de conocer a los mellizos de Carey, aunque ese esperado encuentro no se ha producido hasta la fecha.
El ingreso de la mujer se produjo hace cuatro meses después de que un hombre la atacara y le robara las joyas de su casa. Parece ser que fue ella la que invitó al intruso a ir en su coche y a entrar en su residencia, aunque no recuerda nada más que la imagen del ladrón llevándose sus alhajas.