MADRID, 5 Mar. (CHANCE) -
En plena semana de la moda de París, el desfile de Yves Saint Laurent celebrado el pasado miércoles 4 de marzo no solo nos trajo de vuelta a las pasarelas a Bella Hadid, sino que también volvió a demostrar que la casa francesa no necesita reinventarse para impresionar: basta con volver a sus códigos.
Bajo la dirección creativa de Anthony Vaccarello -el cual lleva diez años al frente de la firma-, la colección Otoño-Invierno 2026 fue un ejercicio de precisión estética donde la sensualidad, el poder y la arquitectura de la silueta se entrelazaron sobre la pasarela. Estos han sido los aspectos del desfile que más han destacado y que marcarán las tendencias de la próxima temporada:
Negro y marrón: una paleta sobria
En cuanto a las tonalidades que hemos visto en las piezas que han desfilado, la colección se movió en una gama contenida y elegante. El negro, color icónico de la maison, fue el protagonista de la noche.
Junto a él, el marrón también tuvo gran cabida en esta pasarela que recogió desde tonos chocolate -uno de los colores de la temporada- hasta tierras más suaves que aportan profundidad y calidez a cada look.
Lejos de buscar grandes contrastes, Vacarello apostó por una paleta sobria que reforzaba la sofisticación de las prendas y dejaba que el foco se centrará en las formas y los tejidos.

El encaje como hilo conductor
Si hubo un tejido que marcó el desfile ese fue sin duda el encaje. Presente en la gran mayoría de las prendas, predominaba en vestidos, blusas y faldas, jugando con las transparencias y capas.
Este material aporta un contraste interesante dentro de la colección. Tras sus antiguos desfiles, en los que predominaban casi por completo los trajes y abrigos estructurados, el encaje en esta ocasión, introdujo una dimensión más delicada y sensual. El resultado fue un equilibrio entre fragilidad y fuerza que definió buena parte del lenguaje visual del desfile.
Volúmenes y siluetas arquitectónicas
El volúmen también jugó un papel clave. Los abrigos presentaron cortes amplios y rotundos, casi escultóricos, envolviendo a las modelos con una imponente presencia y aportando dinamismo a la pasarela.

Las siluetas, marcadas por hombros pronunciados y líneas definidas, parecían construidas con precisión arquitectónica haciendo que cada prenda refuerce la idea de que la moda, funciona como una estructura diseñada para transformar el cuerpo.
El regreso del icónico traje sastre
Entre todas las propuestas, el traje sastre volvió a consolidarse como una de las piezas centrales de la colección. Chaquetas entalladas, pantalones rectos y conjuntos monocromáticos recordaban el legado que la maison ha construido en torno a esta prenda.
Más que una simple referencia al pasado, el desfile dejó claro que el traje sigue siendo un sello de identidad de Saint Laurent, ya que define a la perfección la elegancia, autoridad y sensualidad de la firma.

La idea final está clara: en un momento en el que muchas marcas buscan constantemente la novedad, la casa francesa prefiere perfeccionar su lenguaje, sabiendo que en esa repetición consciente reside precisamente su poder.