MADRID, 10 Feb. (CHANCE) -
Hay historias que te rompen el alma. Otras te llegan al fondo del corazón. La que protagonizan Connor Storrie y Hudson Williams en 'Más que rivales', una de las series juveniles del momento disponible en Movistar +, es de las últimas. La trama, que se ha hecho viral por redes sociales, nos hace reflexionar sobre el desgaste de una relación clandestina que, en este caso, acaba con el mejor de los escenarios: la aceptación familiar de uno de ellos de su orientación sexual.
La aclamada serie está basada en la historia 'prohibida' de dos jóvenes del mismo sexo, jugadores de hockey, que comienzan una relación en la clandestinidad debido al tabú en el mundo del deporte... Ay, si ellos supieran. Por mucho que vendan la libertad como un derecho de acceso gratuito esta es la realidad de multitud de adolescentes que se enfrentan a la negativa de su entorno de aceptar su preferencia sexual.

Cada capítulo está protagonizado por encuentros furtivos muy explícitos que no dejan nada a la imaginación y por eso se ha convertido sin duda en un reclamo para el colectivo LGTBIQ+ que, aunque tiene contenidos audiovisuales con tramas amorosas parecidas, esta se lleva la palma en cuando escenografía. Nunca antes se había visto nada igual.
Sin embargo, lejos de centrarnos en la fogosidad de los dos personajes, hay un lenguaje que va mucho más allá del 'piel con piel'... y ese es sin duda la crueldad de un mundo en el que nos adaptamos para vivir como el resto y no para sentir de forma única. Dos jóvenes enamorados que cancelan sus sentimientos como si de una ventana de publicidad engañosa se tratase para no ser señalados en el campo de hockey. Sí, así es. Podría ser la vida de cualquier chico que empieza a experimentar los cambios a la edad adulta.
El vestuario de Ilya Grigoryevich y Shane Hollander en detalle
Pero vamos más allá. Dos chicos con físico inmejorable que tienen dos estilos de vida muy distintos: diferentes nacionalidades, culturas y también estilismos muy marcados que nada tienen que ver. Por un lado, Ilya Grigoryevich (interpretado por Connor Storrie), caracterizado por looks deportivos que marcan su esbelta figura. Por otro, Shane Hollander (Hudson Williams): coqueto, exquisito y con outfits mucho más clásicos.

Aunque el hockey está presente en toda la serie, los jóvenes abordan diversas situaciones fuera del campo que saben defender con elegancia. Ya sea una gala, una entrega de premios, una recepción con diversas instituciones, una comida en cualquier restaurante o incluso los minutos previos a los partidos. Eso sí, cada uno en su estilo. La clave está en el capítulo final, cuando ambos se enfrentan a uno de los momentos más difíciles en sus vidas y... spoiler: sale bien. Ahí podemos ver como la ropa es un instrumento que potencia nuestra personalidad y que, ante un situación complicada lo más importante es llevar algo que te haga sentir seguro de ti mismo. El contraste entre el outfit formal de Shane con camisa y el de Ilya con camiseta y pantalón corto deportivo era más que evidente, pero refleja muy bien el carácter de cada uno.
Hollander mejora su vestuario al mismo tiempo que se consolida con una estrella. Mucho más refinado que en los primeros capítulos, el personaje recurre a un estilista de moda para que le aconseje qué llevar en cada momento. Siempre es habitual que tire de camisas fluidas y pantalones rectos combinados con cazadoras anchas y zapatillas. Por el contrario, la brutalidad de Ilya se ve reflejada también en sus looks: deportivos y mucho más desenfadados que los de su amor. Ahí podemos ver la preocupación por una imagen siempre impoluta del canadiense, mientras que el ruso se despreocupa del aspecto físico

Sin embargo, hay un punto de encuentro entre los dos personajes que queda patente cuando tienen cenas, galas o premios deportivos: los trajes no solo les sienta fenomenal, también los defienden con estilo. Es el vivo reflejo de cómo los deportistas del momento cambian radicalmente de imagen cuando lejos del campo sorprenden con estilismos más formales y clásicos.
Una serie cargada de dramatismo, fogosidad y una reivindicación más allá de su trama amorosa

Una serie que disfrutas por muchos factores: no solo por la trama amorosa, también por el contraste de esos estilismos deportivos con trajes de gala con pajarita o corbata, incluso por la reivindicación que se hace sobre el amor, cualquier tipo de amor, que no debería ser una barrera para practicar la profesión que cada uno elija. La intimidad de cada persona no debería estar ligada con el don que demuestres dentro del campo. Ni siquiera tu vida personal debería influir en cómo te vean desde fuera.
Lejos de quedarse en una temporada, los responsables de la ficción han confirmado que habrá nuevos episodios. Y no nos extraña después de ver el éxito de esta primera entrega. Además, el final deja entrever que todavía nos queda mucho por conocer de esta pareja que afianza su relación tras años de clandestinidad en habitaciones de hotel.