28 de marzo de 2020
 
Actualizado 25/02/2020 10:38:45 CET

Demostrado el potencial de la siembra de nubes para que nieve

Los investigadores usan este plato de radar montado en camión para rastrear y medir la siembra de nubes. Eventos en el oeste de Idaho
Los investigadores usan este plato de radar montado en camión para rastrear y medir la siembra de nubes. Eventos en el oeste de Idaho - JOSHUA AIKINS

   MADRID, 25 Feb. (EUROPA PRESS) -

   El radar y otras herramientas han sido utilizadas por primera vez para medir con precisión el volumen de nieve producido a través de la siembra de nubes.

   Dirigida por la científica atmosférica de la Universidad de Colorado Boulder, Katja Friedrich, y sus colegas, la investigación comenzó en un día frío en enero de 2017. Fue entonces cuando el equipo observó cómo la precipitación afectó a un terreno en el oeste de Idaho.

   La suave nevada no fue algo natural. Se había desencadenado a través de la siembra de nubes, una técnica en la que pequeñas partículas se mezclan en la atmósfera para tratar de generar más precipitación de la que normalmente podría caer.

   El sistema se ha vuelto cada vez más popular en estados como Idaho y Colorado que están lidiando con cómo satisfacer sus crecientes demandas de agua, pero es notoriamente difícil de medir.

   Durante tres días a principios de este año en la cuenca Payette de Idaho, eso es exactamente lo que hizo el equipo de Friedrich, monitoreando tres intentos de siembra de nubes de principio a fin. Los colaboradores en el proyecto incluyeron investigadores del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Boulder, la Universidad de Wyoming y la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Publican resultados en PNAS.

   "Rastreamos el penacho de siembra desde el momento en que lo pusimos en la nube hasta que generó nieve que realmente cayó al suelo", explica Friedrich, profesora asociada en el Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas.

   En total, ese evento de siembra de nubes y dos más tarde ese mes produjeron un total de aproximadamente 282 piscinas de tamaño olímpico por valor de agua.

   Friedrich agrega que la investigación es un primer paso importante para comprender mejor cuán eficiente puede ser la siembra de nubes en la creación de esas maravillas invernales. "Todas las personas con las que hables dirán, incluso si puedes generar un poco más de nieve, eso nos ayuda a largo plazo", añade.

   El 19 de enero, esa pequeña cantidad de nieve adicional comenzó con un vuelo en avión. Justo antes de la puesta del sol, un avión propiedad de Idaho Power Company utilizó una serie de bengalas para inyectar partículas de yoduro de plata en una formación de nubes naturales que pasaba por encima.

   La idea de la siembra de nubes es simple: convertir el vapor de agua liviano en gotas pesadas. "Si todo sale según lo planeado, las gotas de agua comenzarán a congelarse alrededor de los aerosoles, formando nieve", explica.

   Pero también es difícil tener una idea clara de cuán efectiva es realmente esa operación, razón por la cual la mayoría de las estadísticas de siembra en la nube conducen a resultados no concluyentes. Las estimaciones oscilan entre cero y 50% de nieve adicional, apunta Friedrich en un comunicado.

   Sin embargo, ese día de enero, ella y sus colegas tenían un plan. El grupo utilizó una antena de radar cercana para observar las nubes mientras el agua en su interior se espesaba y finalmente sucumbía a la gravedad.

   Según los cálculos del equipo, la nieve cayó de esas nubes durante aproximadamente 67 minutos, rociando aproximadamente 2.330 kilómetros cuadrados de tierra en aproximadamente una décima de milímetro de nieve.

   Apenas había nieve suficiente para aferrarse a las pestañas de los investigadores. Pero fue el agua lo que, de no ser por la siembra de nubes, se hubiera quedado en el aire. "Si no hubiéramos sembrado estas nubes, no habrían producido ninguna precipitación", destaca Friedrich.

   La investigadora agrega que, por ahora, no puede decir lo útil que podría ser la siembra de nubes para tales esfuerzos: cada tormenta de invierno es diferente e interactúa con los aerosoles de diferentes maneras. Pero los hallazgos del grupo podrían acercar a los científicos a poder hacer esos cálculos de costo-beneficio.

   "Ahora podemos finalmente poner un número en la cantidad de agua que podemos producir a través de la siembra de nubes", señala Friedrich.

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