MADRID, 26 Mar. (EUROPA PRESS) -
Un estudio, publicado en la última edición de la revista 'Nature
Neuroscience', analiza cómo cierto tipo de topos desarrollan sus
canales perceptivos haciendo acopio de espacio en la corteza cortical
del cerebro, lo que se asemeja mucho al desarrollo de la capacidad
sensorial en los seres humanos.
No todas las superficies sensoriales son iguales en nuestro cuerpo.
Nuestro sentido del tacto, por ejemplo, es exquisitamente bueno en
nuestras manos y en la cara, y menos en otras superficies como, por
ejemplo, el abdomen. Se ha reconocido que gran parte del espacio
cortical del cerebro se dedica a superficies sensoriales claves y la
mayor parte tiende a aumentar la capacidad asociada con las áreas
correspondientes. Se estima, por ejemplo, que hay alrededor de cien
veces más tejido cortical dedicado a regiones de tamaños parecidos de
los dedos en comparación con el abdomen. El mismo principio de
magnificación cortical se da en otras especies animales, como las
ratas y los topos.
Para estudiar cómo trabajan las fibras de ciertas superficies
sensoriales, captando más espacio cortical, investigadores de la
Universidad de Vanderbilt, en Tennessee (EE.UU.), dirigidos por el
profesor Kenneth Catania han estudiado a un inusual animal, el topo
de hocico en forma de estrella. Estos animales tienen once apéndices
que rodean a cada orificio nasal. Cada apéndice contiene miles de
órganos mecanoreceptores y los topos usan sus radares para explorar
el medio ambiente y encontrar una presa. Un radar en particular actúa
como una fóvea (fosa) y se emplea para una exploración detallada de
objetos de interés. Catania ha mostrado anteriormente que este radar
foveal está hiperrepresentado en la corteza cortical adulta, incluso
cuando no se diferencia de ninguna forma obvia de los otros diez
rayos.
Ahora, estudiando el desarrollo de los embriones de topos de hocico
en forma de estrella, los investigadores muestran que el radar
destinado a convertirse en fóvea posee un historial distinto de
desarrollo: sus órganos mecanorreceptores maduran temprano y sus
terminales nerviosas asociadas están activas desde los primeros
comienzos en la corteza cortical. En poco tiempo, este radar se
adelanta en la competición por el espacio cortical. Los resultados
implican similaridades con recientes estudios sobre el sistema visual
e indican que el patrón final de cableado del cerebro puede estar
determinado en parte por el tiempo de los fenómenos que se producen
en el desarrollo.
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(EUROPA PRESS)
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