LISBOA, 31 Ene. (EUROPA PRESS/Begoña P. Sánchez) -
Las compuertas de la presa de Alqueva, en el Alentejo (sureste de
Portugal), se cerrarán por primera vez el próximo 8 de febrero, para
permitir los primeros tests técnicos de seguridad, según anunció hoy
la Emprea de Desarrollo e Infraestructuras de Alqueva (EDIA),
responsable del proyecto.
El cierre de la presa, dos años después de lo previsto, dará lugar
la mayor lago artificial de Europa situado en el tramo internacional
del rio Guadiana, con un tamaño de 250 kilómetros cuadrados, de los
que 35 afectarán a la provincia de Badajoz, en los municipios de
Alconchel, Cheles, Olivenza y Villanueva del Fresno.
Las primeras pruebas técnicas de seguridad de la presa, de 96
metros de altura, permitirán la realización del llenado hasta las
cotas 115 y 130, según confirmó un portavoz de EDIA a Europa Press.
Al acto de inauguración del proyecto de Alqueva estarán invitadas
autoridades del Gobierno extremeño, los municipios pacenses
afectados, la Diputación de Badajoz y la Confederación Hidrográfica
del Guadiana, según explicó la misma fuente.
Por su parte, la aldea de Luz, uno de los principales impactos de
este proyecto, quedará inundada bajo el embalse el próximo invierno,
por lo que sus 360 habitantes se trasladarán el próximo mes a la
réplica del pueblo construida por EDIA a unos dos kilómetros del
emplazamiento original.
TRASLADO DE LA ALDEA
El traslado de la aldea representa uno de los proyectos más
delicados de la presa de Alqueva, por los efectos psicológicos que
puede causar entre sus ciudadanos. Por este motivo, EDIA mantiene de
forma permanente en el lugar un equipo de trabajadores sociales y
psicólogos en tareas de apoyo a la población. Para minimizar el
impacto social de esta mudanza, EDIA ha intentado llevar a cabo una
reproducción idéntica de la aldea por un coste de unos 39 millones de
euros (6.000 millones de pesetas).
El proyecto de Alqueva, con un presupuesto de unos 300.000
millones de pesetas, que incluyen las indemnizaciones dirigidas a las
tierras expropiadas en España y Portugal, tiene como objetivo la
construcción de una reserva de agua para la agricultura de la zona,
que dará lugar a 110.000 hectáreas de regadío, así como la producción
de energía eléctrica y el aprovechamiento turístico del embalse.
Las asociaciones de ecologistas critican el proyecto por su
impacto medioambiental y cultural, ya que supondrá la tala de más de
un millón de árboles y la desaparición de especies animales, además
de la inundación de restos arqueológicos y un castillo del siglo I A.
C, el Castelo de Lousã. Para evitar esta pérdida, critican el llenado
del embalse hasta una cota 152 y exigen que las aguas del nuevo lago
no superen la cota de 139.
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(EUROPA PRESS)
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