Infografia de Orce, la huella de los primeros europeos en la fauna. - UNIVERSIDAD DE GRANADA
GRANADA 7 Abr. (EUROPA PRESS) -
Un equipo científico internacional ha revisado los patrones de mortalidad de la fauna fósil de los yacimientos de Orce (Granada) para contrastar las interpretaciones existentes sobre cómo se formaron estos enclaves y qué papel jugaron en ellos los primeros pobladores de Europa.
A pesar de las limitaciones inherentes a la metodología, el estudio abre nuevas perspectivas sobre la complejidad del comportamiento animal y, especialmente, sobre el impacto de la presencia humana en los ecosistemas del Pleistoceno Inferior.
Los patrones de mortalidad observados en los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva-3 difieren de los documentados en Venta Micena. Según los autores, esta diferencia podría estar relacionada con la actividad antrópica, lo que sugeriría que la llegada de los primeros humanos modificó los escenarios ecológicos y las dinámicas entre especies.
Esta hipótesis será uno de los ejes a investigar en los próximos años mediante la combinación de diversas disciplinas científicas.
EN DETALLE
El estudio, publicado recientemente en la revista Historical Biology, ha sido liderado por Darío Herranz Rodrigo, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR, y cuenta con la participación de investigadores de las universidades de Granada, Complutense de Madrid, Rovira i Virgili y Helsinki.
Los patrones de mortalidad son un método de estudio que nació con un objetivo bioecológico: determinar las causas de muerte en poblaciones animales. Inicialmente, se estableció una distinción fundamental entre dos tipos de mortalidad.
Por un lado, la mortalidad normal, que afecta de forma selectiva a los individuos más vulnerables de un grupo como las crías o los ejemplares de edad avanzada, y que es causada por las enfermedades o la depredación.
Por otro lado, la mortalidad catastrófica, provocada por un evento puntual y generalizado (una inundación, una erupción volcánica o una hambruna), que impacta por igual a todos los individuos de una población sin distinción de edad.
Con el tiempo, esta metodología se trasladó al estudio del registro fósil para intentar comprender las causas de extinción y los eventos que rodearon la muerte de las comunidades animales del pasado.
Su aplicación se ha convertido en una herramienta clave de la arqueología para validar o cuestionar las hipótesis sobre la formación de los yacimientos.
En las últimas cinco décadas, el análisis de estos patrones se ha refinado gracias al trabajo de investigadoras como Mary Stiner o Teresa Steele, incorporando herramientas visuales como histogramas y diagramas ternarios, que facilitan la interpretación de los datos a los especialistas en zooarqueología y tafonomía.
VENTA MICENA Y LA ACTIVIDAD DE LOS CARNÍVOROS
El equipo del ProyectORCE-UGR, integrado en el grupo de investigación CUATE (Cuaternario y Evolución Humana en África y el sur de Iberia), ha aplicado esta perspectiva revisada a los datos publicados de los cuatro principales yacimientos orcerinos.
Los investigadores advierten, no obstante, de la necesidad de manejar estos patrones con cautela, ya que pueden estar sesgados por los complejos procesos geológicos que dieron forma a los yacimientos y que afectan de manera desigual a los restos de diferentes edades y especies.
Por ello, subrayan la importancia de integrar este análisis dentro de un enfoque interdisciplinar, asumiendo que el registro arqueológico sólo ofrece una ventana parcial a los eventos ocurridos hace más de un millón de años.
En el caso de Venta Micena 3 (VM3), las cifras analizadas refuerzan la hipótesis de que este yacimiento funcionó como un cubil de la hiena gigante de cara corta (Pachycrocuta brevirostris).
No obstante, los investigadores señalan un contraste significativo entre los perfiles de mortalidad de los herbívoros de VM3 y los que genera la hiena manchada actual (Crocuta crocuta), de hábitos más cazadores.
Esta diferencia podría explicarse por los distintos patrones de comportamiento --que incluyen las estrategias de alimentación-- de ambas especies de hiénidos.
Por su parte, el análisis de Venta Micena 4 (VM4) apunta a un escenario diferente. Los patrones de mortalidad se alinean con interpretaciones previas que sugieren un entorno de actividades variadas, vinculadas probablemente a la presencia de cánidos como los ancestros de los lobos (Canis mosbachensis) o los licaones (Xenocyon lycaonoides).
Investigaciones anteriores del equipo ya apuntaban a que Venta Micena 4 pudo ser una de las orillas de los antiguos humedales de Orce, un punto de agua frecuentado por hipopótamos, mamuts, rinocerontes, ciervos, caballos y bóvidos, lo que a su vez atraía a los carnívoros que encontraban allí oportunidades tanto para cazar como para carroñear.
En cuanto a los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva-3, los investigadores son más cautos en sus conclusiones debido al menor número de restos fósiles recuperados, lo que reduce su representatividad estadística.
En Barranco León, donde los équidos son la familia animal más abundante, la interpretación de las causas de su muerte podría encontrarse en un evento catastrófico, en la acción de un carnívoro especializado en la caza de individuos adultos o en una distorsión del registro fósil causada por procesos que estén favoreciendo la preservación de los restos de los équidos adultos (sesgo tafonómico).
Entre los posibles agentes, los autores plantean la hipótesis de la participación de grandes félidos, hienas o incluso los propios grupos humanos.
Los datos de Fuente Nueva-3, un yacimiento conocido por la abundante presencia de megafauna, muestran similitudes con Barranco León en lo que respecta a la fauna de talla media, como caballos, ciervos y bóvidos.
Sin embargo, la interpretación definitiva de ambos enclaves queda a la espera de futuros hallazgos que permitan aumentar la muestra fósil y obtener resultados más sólidos.