Las manchas brillantes de Ceres pueden ser sal o arcilla con amoníaco

Ceres y sus manchas brillantes
NASA
Europa Press Ciencia
Actualizado: jueves, 10 diciembre 2015 11:08

   MADRID, 10 Dic. (EUROPA PRESS) -

   El planeta enano Ceres revela algunos de sus secretos mejor guardados en nuevos estudios en la revista 'Nature', que incluyen nuevas ideas sobre sus misteriosas y brillantes manchas.

   Concretamente, en el primer trabajo de ha logrado identificar el material brillante que forma estas manchas como una especie de sal, mientras que el segundo sugiere una detección de arcillas ricas en amoníaco. En ambos casos, los científicos se plantean nuevos interrogantes sobre cómo se formó Ceres.

   Ceres tiene más de 130 áreas brillantes y la mayoría de ellas están relacionadas con cráteres de impacto. Los autores de uno de los estudios, dirigidos por Andreas Nathues en el Instituto Max Planck, describen que el material brillante es consistente con un tipo de sulfato de magnesio llamado hexahidrita. Se trata de una forma diferente de sulfato de magnesio, familiar en la Tierra en forma de sal de Epsom.

   Nathues y sus colegas, utilizaron imágenes de la cámara de la nave Dawn de la NASA. Con ellas determinaron que estas áreas ricas en sal se quedaron atrás cuando se sublimó hielo de agua en el pasado. "Los impactos de asteroides habrían desenterrado esta mezcla de hielo y sal", según su investigación, de la que da cuenta la NASA en un comunicado.

   "La naturaleza global de los puntos brillantes de Ceres sugiere que este mundo enano tiene una capa en el subsuelo que contiene hielo salobre de agua", ha explicado Nathues.

UNA NUEVA MIRADA A OCCATOR

   La superficie de Ceres, cuyo diámetro es de 940 kilómetros, es generalmente oscuro, mientras que los parches brillantes que salpican su suelo representan una amplia gama de brillos.

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   La parte interior de un cráter, llamado Occator, contiene el material más brillante de Ceres. Tiene unos 90 kilómetros de diámetro y su foso central, de unos 10 kilómetros de ancho, está cubierto por este material brillante. Además, presenta unas rayas oscuras, posiblemente fracturas, que atraviesan este foso.

   Los autores del estudio escriben que algunos puntos de vista de Occator parecen mostrar una neblina difusa cerca de la superficie que ocupa el suelo del cráter. Esto puede estar asociado con las observaciones de vapor de agua en Ceres que anteriormente ha realizado el observatorio espacial Herschel en 2014.

   La niebla parece estar presente durante el mediodía del planeta enano y ausente en el amanecer y el atardecer. Para los autores, esto sugiere que el fenómeno se asemeja a la actividad en la superficie de un cometa, con vapor de agua levantando pequeñas partículas de polvo y hielo residual.

   "El equipo científico todavía está discutiendo estos resultados y análisis de datos para comprender mejor lo que está sucediendo en Occator", ha indicado Chris Russell, investigador principal de la misión Dawn, con sede en la Universidad de California.

LA IMPORTANCIA DE AMONÍACO

   En cuanto al segundo estudio, los miembros del equipo científico, también a través de la nave Dawn, examinaron la composición de Ceres y encontraron evidencia de arcillas ricas en amoníaco. Utilizaron datos del espectrómetro de cartografía visible e infrarroja, un dispositivo que analiza cómo diferentes longitudes de onda de luz son reflejados por la superficie, permitiendo que los minerales presentes sean identificados.

   Los expertos indican que el hielo de amoníaco se evaporaría en Ceres hoy en día, debido a que el planeta enano es demasiado caliente. Sin embargo, las moléculas de amoníaco podría ser estables si está presente en combinación (es decir, unido químicamente ) con otros minerales.

   La presencia de compuestos amoniacales plantea la posibilidad de que Ceres no se originara en el cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, donde reside actualmente, sino en el Sistema Solar exterior.

   Otra idea es que Ceres se formó cerca de su posición actual y que sufriera la incorporación de materiales que flotaban en el Sistema Solar exterior --cerca de la órbita de Neptuno--, donde hielos de nitrógeno son térmicamente estables.

   "La presencia de especies de amoníaco sugieren que Ceres se compone de material de acreción en un ambiente donde el amoníaco y el nitrógeno eran abundantes. En consecuencia, pensamos que este material se originó en el frío Sistema Solar exterior", ha apuntado María Cristina De Sanctis, autora principal del trabajo.

   Al comparar el espectro de la luz reflejada de Ceres con los meteoritos, los científicos encontraron algunas similitudes. En concreto, se centraron en los espectros, o huellas químicas, de las condritas carbonáceas, un tipo de meteorito rico en carbono que se cree análogos relevantes para el planeta enano.

   Sin embargo, el equipo encontró diferencias, como que las condritas carbonáceas tienen contenidos de agua a granel entre un 15 y un 20 por ciento, mientras que el contenido de Ceres es de hasta un 30 por ciento.

   "Ceres pueden haber conservado más volátiles de estos meteoritos, o podrían haber acrecentado el agua a partir de material volátil rico", ha apuntado De Sanctis.

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