Publicado 04/05/2026 11:57
- Comunicado -

El petróleo cae por debajo de los 100 dólares, pero la crisis energética sigue activa

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(Información remitida por la empresa firmante)

Freedom24 señala que, pese a la caída del petróleo tras el alto el fuego entre EE. UU. e Irán, los riesgos en el suministro energético global continúan presentes

Madrid, 4 de mayo de 2026.- Tras el anuncio de un alto el fuego entre EE. UU. e Irán, los precios del petróleo se desplomaron por debajo de los 100 dólares el barril: el WTI perdió más del 20 % en un solo día, mientras que el Brent cayó alrededor de un 19 %. Para los mercados, esto supuso una señal de alivio: las aerolíneas subieron con fuerza, las petroleras corrigieron y los inversores comenzaron a descontar una posible moderación de la inflación.

Pero el mercado parece haber creído en la normalización demasiado pronto.

Incluso tras la distensión, los suministros a través del estrecho de Ormuz siguen siendo limitados, el mercado físico del petróleo continúa mostrando señales claras de escasez y los riesgos para la logística y las cadenas de suministro no han desaparecido. La caída de los futuros parece más una reacción a los titulares que una confirmación real de que la crisis energética haya terminado.

Qué ha ocurrido
 Tras varias semanas de conflicto y el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, EE. UU. e Irán acordaron un alto el fuego de dos semanas. Esto bastó para provocar un fuerte rebote de alivio en los mercados.

El WTI cayó hasta los 94,41 dólares por barril, su mayor descenso diario desde 2020, mientras que el Brent se situó en torno a los 94,75 dólares. El mercado comenzó a anticipar un escenario de normalización: recuperación de los suministros, caída de los precios energéticos y alivio de la presión inflacionista.

Sin embargo, en menos de 24 horas, los precios volvieron a repuntar y el WTI superó de nuevo los 100 dólares. Un alto el fuego no implica que los flujos físicos de petróleo se normalicen de inmediato.

El estrecho de Ormuz sigue siendo el factor clave
 El principal cuello de botella continúa siendo el estrecho de Ormuz. Incluso tras el alto el fuego, el tráfico marítimo sigue muy por debajo de los niveles habituales.

Según Reuters, el volumen de paso se sitúa por debajo del 10 % de lo normal. Más de 1.400 petroleros esperan a ambos lados del estrecho, mientras otros intentan obtener permiso para cruzar.

Esto es crítico: alrededor del 20 % del comercio mundial de petróleo y gas pasa por esta ruta. Mientras no se restablezca plenamente, es prematuro hablar del fin de la crisis energética.

En este contexto, Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 Iberia, S.L. (agente vinculado de Freedom Finance Europe Ltd. en España), advierte que "la pregunta clave es muy simple: ¿está abierto el estrecho de Ormuz o no? Mientras siga parcialmente cerrado, el mercado va a seguir tensionado. Si el bloqueo se prolonga, ver el barril por encima de los 200 dólares no debería sorprender a nadie. No es un escenario extremo, es pura aritmética: estamos perdiendo en torno al 13 % del suministro global y ese volumen no puede sustituirse con rapidez".

El mercado físico sigue indicando escasez
 Más allá de los futuros, el verdadero termómetro del mercado está en el petróleo físico.

Aunque el Brent y el WTI cayeron tras el anuncio del alto el fuego, los precios reales apenas reaccionaron. En Europa, África y EE. UU., los grados físicos siguen encareciéndose, reflejando una escasez persistente.

El petróleo disponible hoy se está pagando con primas muy superiores al de entrega futura, una señal clara de tensión en el mercado. Este fenómeno, conocido como backwardation, indica que los compradores están compitiendo por el suministro inmediato.

Santa Cruz añade que "para saber si la crisis ha terminado de verdad, no hay que mirar los titulares, sino la curva. Mientras el mercado esté en backwardation extremo, la escasez es real. El día que veamos contango será el primer indicio serio de normalización".

Además, la competencia por los barriles disponibles se ha intensificado. Europa y Asia están compitiendo por crudo procedente de EE. UU., África y el Mar del Norte, elevando las primas a niveles históricamente altos.

A esto se suma el encarecimiento del transporte. La demanda de petroleros ha aumentado y las tarifas de flete se han disparado, lo que encarece aún más el suministro.

La recuperación no será inmediata
 Incluso si el estrecho de Ormuz se reabre completamente en las próximas semanas, el mercado no volverá automáticamente a la normalidad.

Durante el conflicto, el suministro global se redujo en unos 13–14 millones de barriles diarios, con caídas significativas en las exportaciones de varios países del Golfo. Parte de esa producción —especialmente de crudos medios y pesados— no puede sustituirse rápidamente.

Además, señala Santa Cruz que "si el estrecho permanece cerrado durante todo un mes, la pérdida acumulada equivale prácticamente al volumen que la AIE ha liberado históricamente para estabilizar el mercado. Hablamos de cientos de millones de barriles que han tardado años en acumularse y que pueden desaparecer en semanas".

Impacto en inflación y empresas
 Incluso con el petróleo por debajo de los 100 dólares, el impacto económico ya está en marcha.

Los precios de combustibles como gasolina o queroseno se ajustan con retraso, lo que mantiene la presión sobre sectores como aerolíneas, transporte o industria intensiva en energía.

Además, la logística sigue tensionada: rutas más largas, mayores costes de seguro y transporte, y disrupciones en las cadenas de suministro. Esto se traduce en menores márgenes o en subidas de precios al consumidor.

El impacto también se extiende a los alimentos. El encarecimiento de los fertilizantes añade presión a la inflación alimentaria, lo que podría trasladarse al consumidor en los próximos meses.

Qué deben tener en cuenta los inversores
 Los mercados están descontando un escenario de rápida normalización, pero este parece optimista.

Un alto el fuego no es suficiente. La normalización real requiere la reapertura completa de Ormuz, la recuperación de la producción y la estabilización de las cadenas logísticas.

Hasta entonces, el mercado del petróleo seguirá siendo volátil y los riesgos inflacionistas, elevados.

En este entorno, los sectores energéticos, exportadores de GNL, defensa y fertilizantes muestran mayor resiliencia. Por el contrario, aerolíneas, transporte, industria intensiva en energía y consumo siguen siendo los más expuestos.

En definitiva, la caída del petróleo por debajo de los 100 dólares es más un respiro puntual que el final de la crisis energética. La clave no está en los futuros, sino en la rapidez con la que el mundo pueda restablecer los flujos reales de energía.

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